CAPITULO 03

1804 Words
POV : JESSICA [TRES AÑOS DESPUÉS] ¿Que como descubrí mi pasión por las bodas? Pues... Apenas tenía diez años cuando me encontraba en la gloriosa «Catedral Santa Mary's» Era la boda de mi tía Maggie con su primer esposo: un marqués de edimburgo que le dió la boda de ensueño que toda mujer desea y yo me sentía parte de ella, pues me tocó llevar la cola del vestido, no obstante, todo fue hermoso, lamentablemente la planeación de la ceremonia tardo más de lo que duró aquél matrimonio. También era nuestro primer evento familiar después de la muerte de mi madre, en ese tiempo digamos que papá se estaba adaptando a ser un padre soltero y no le iba tan bien que digamos. No sé si fue la música, las flores o los ojos brillantes de los invitados llenos de esperanza, pero había magia en el aire y sobretodo había mucho amor. «Claro que yo quería seguir siendo parte de esto» Desde ese entonces decidí estar en el negocio del amor y aunque hace tres años me dejaron plantada el día de mi boda... Debo decir que es un buen negocio, las parejas enamoradas acuden a nosotras porque sienten que encontraron a las personas correctas para organizar su boda. Por eso es mi deber hacer que el día de la ceremonia sea el más maravilloso de sus vidas. Aunque mi medidor de estrés haya superado los mil puntos, lograre que todo salga perfecto. — Tara, Ben, quédense en la zonas A y B, no quiero problemas con algún invitado, ni con algún ex que quiera arruinar el momento. — ¡Vale, Jess.! — Me respondieron al unísono. Quería cuidar cada detalle en este día, me gire hacía la izquierda y vi a una de las damas luchando con el ziper de su vestido. «Me acerqué para ayudarla con eso.» — ¡Gracias Jess! — Asentí con la cabeza y continúe mi recorrido, coloque mi audífono para mantenerme en comunicación con todo mi equipo de trabajo. — Stevens, tenemos cinco minutos antes de comenzar. Enfoca directamente a la novia cuando salga por esa puerta. Y Laurent, cariño, vinimos a trabajar no a ligar con los invitados. — Es el tío rico de la novia Jess. — Me contesta con voz baja. — No es rico, solo ganó una demanda de pensión en contra de su ex esposa. — No puede ser... — Se giró inmediatamente para continuar con su trabajo. — Oh, disculpe señorita. No encuentro mi asiento. — Una señora mayor se acercó hasta mí, muy preocupada. — No se preocupe, amiga. — La tranquilice. — ¿Tom? Ven aquí por favor. — Llame la atención de un trabajador de mi equipo. — Ubícala por favor en la sección E. — Perfecto, Jess. Venga conmigo, si es tan amable. — Se dirigió a la invitada, llevándola a las bancas de la iglesia. Mantener el control en cada evento me hacía sentir bien, amaba la sensación que me producía ver que todo saliera perfecto. En el camino me encontré con una canasta de flores caída en el piso y de inmediato me incline para levantarla, ví como el padre de la novia se iba hacía la mesa de postres y lo detuve de inmediato. — ¿Hacía dónde se dirige? — Voy por un postre... — No, ya estamos a punto de comenzar. — Lo guíe directo hacía donde se encontraba la novia. — ¿Lista para el mejor día de tu vida? — Le pregunté y ella sonrió nerviosa. — Eso creo Jess. — Por su puesto que lo estás, eres la novia más linda del planeta y me he asegurado de que tú futuro esposo, este esperándote en el altar. — Tomé su mano para darle seguridad, sabía que solo eran los nervios, tenía experiencia en este tema y ya sabía que palabras debía decir en ocasiones como estas. Después de presenciar la hermosa ceremonia, estuve lista para continuar con el próximo trabajo, pero antes llame a mi asistente. — Cindy, soy Jessica. Te llamo para comunicarte algunas tareas a revisar. — La escucho, señorita Allen. — Necesito que asegures el salon Hampshire para la fecha pautada de nuestra próxima ceremonia. — Le informe. — También quiero que dejes los menús de Express Gourmet en mi escritorio para poder enumerar lo que se queda y lo que se va, el señor Mullins es bastante estricto con el tema del gluten. Ah y puedes llamar a la instructora de baile debo decirle que su coreografía del tango no es tan apropiada para los pies izquierdos de mi clienta. — Enseguida, señorita Allen. — Me contestó con amabilidad y antes de cortar comunicación me recordó mi cita pendiente. — Gracias, hasta luego. — Apague mi audífono, luego tomé mis cosas dirigiéndome hasta el lugar donde se encontraba mi hermana. — ¡Me marcho ya, Ivee! — Me detuve para despedirme ella. — Lo estás haciendo de nuevo, Jess... — Alzó una ceja de inmediato. — Quédate para la celebración. — Casi me súplica pero yo me niego rotundamente. Aún después de tres años de haber sido abandonada en el altar me es imposible disfrutar de una boda como algo personal. — No, tengo una cita en una hora para una nueva cuenta, están dispuestos a pagar muchísimo dinero — Le digo mientras coloco mi abrigo. — Siempre es algo, tienes una cita, una emergencia, una colisión y tú tienes que ir al rescate... — Se quejó y tiene razón pero en esta ocasión, si tengo una cita de trabajo de verdad. — Es una oportunidad muy importante, Ivee, debemos tratar de conseguir esta contratación, ya que nos hace bastante falta el dinero. — Hice todo lo posible por mantener una expresión seria y profesional ante su mirada, no quería tener que explicar de nuevo, el por que me incómoda quedarme. — Está bien Jess... — Suspiró. — Ganaste por esta vez. ¿Te veo luego? — Se despidió. — Sí, adiós. — Me aleje de ella para salir de la iglesia. Hice una señal al conductor del auto de la empresa, que se acercaba y me metí en el asiento trasero. Él me dirigió una mirada bastante comprensiva, pero no dijo nada, simplemente dejo que una música suave saliera por los altavoces. Después de revisar mis correos y responder todos los que pude, llame a Cindy. — ¿Si, señorita Allen? — Ya voy camino a la oficina, me puedes poner al tanto de la agenda, llegaré pronto pero aún estamos atascados en el tráfico. — Claro. — Hubo un ruido de papeles en fondo. — Bueno, tengo buenas y malas noticias. — Bien, dime primero las malas. — Perdimos dos clientes, decidieron pasarse a la agencia RD&LL. — Lo que faltaba. — Negué con mi cabeza, RD&LL eran unos parásitos chupasangre que nos copiaban en todo, últimamente se han dedicado a robarnos nuestros clientes. — ¡Pero hay buenas noticias! — Vitoreó. — Encontré varias referencias concluyente de nuestros clientes misteriosos. — Excelente, podrías decirme de quién se trata. — Tal parece que el novio es el dueño de la franquicia ROYER CARIBBEAN. — Me desplace por mi agenda, nunca hemos tenido contacto con alguien perteneciente a esa franquicia. — ¿Y la novia? — No me lo han dicho pero, ya aunque sea es algo. ¿No? — Así es. —dije— Gracias, Cindy. — De nada hasta dentro de unos minutos. Finalice la llamada y trate de imaginar quién podría ser la novia. Lo más probable que sea una celebridad, una actriz o modelo famosa, esto le daría un giro impresionante a nuestra agencia. Sonreí ante las posibilidades pues el tipo nos había pagado dos millones de dólares por adelantado y eso es más que suficiente para mantenernos a flote con una maravillosa boda. «Solo espero que el tipo no tenga una doble vida oculta como de mafioso o estafador.» Cuándo llegué a mi despacho, Cindy se había encargado de preparar las bandejas con aperitivos y los ramos de flores que ofreciamos cuando nos reuníamos por primera vez con un cliente. Abrí un paquete de bolígrafos publicitarios y los coloqué en el centro de la mesa de reuniones. Al llegar las cuatro de la tarde, Cindy me informó que la novia me esperaba en la sala de reuniones. Me congelé al reconocerla... — ¿Katherine Lee? — Balbuceo a duras penas y de inmediato quise correr hacia mi casa. No puede ser.... Que mala suerte. ¿Por qué tenía que ser ella? Desde jóvenes llevábamos está especie rivalidad, era como un juego entre "eneamigas" y todas las veces ella era quién ganaba. ¡Era mejor que yo en todo! — Pero mírate que bien te ves, Jessica Allen. No te veía desde que te dejaron plantada hace años... — Añade cruelmente, algo típico en ella. Se acercó hasta mí para abrazarme y dejar un beso en mi mejilla. «El beso de judas» — No me imaginaba que fueras tú la novia. — Le digo invitándola a tomar asiento. — Quise hacerlo todo con mucha cautela, a John le gusta mantener un bajo perfil. — Movió su mano para restarle importancia y pude ver su anillo de compromiso, debe valer una fortuna. — Atrapé a uno de los buenos Jess. — Me dice con orgullo y durante los primeros diez minutos no se hacer otra cosa más que reírme y seguirle la corriente, pero entonces llaman a la puerta y esta puede ser mi salvación. — ¡Adelante! — Dije y Cindy entró con las mejillas rojas. — Mmmm... — Se aclaró la garganta, se veía apenada. — Señorita Allen, el novio acaba de llegar. — Muy bien, hazlo pasar. — Preparé mi rostro obligándome a mostrar mi mejor saludo, pero seguramente era un tipo pesado y engreído igual que Katherine. — Mis disculpas por llegar tarde. — Expresó. — La reunión con la junta ha sido... — Se detuvo a mitad de la frase y me miró, dejando que esa sonrisa sexy con la que fantaseaba siempre curvara lentamente en sus labios. «Mister Big» Llevaba un traje n***o de tres piezas con una corbata azul y se veía mucho más fornido que hace tres años. Mientras continuaba mirándome de arriba abajo, me mordí el labio para evitar estar boquiabierta, rezando en silencio para que el suelo se abriera de repente bajo mis pies y me tragara la tierra. — ¡Cielo, cielo! Te quiero presentar a alguien. — Katherine saltó de la silla para tomar su mano. — Ella es una de mis mejores amigas de la fraternidad. — Dice pausadamente. — Jess... Él es John Reed, mi futuro esposo. — Me puse de pie y le tendí la mano. — Un placer señor Reed. Soy Jessica... Jessica Allen.
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