POV : JOHN.
— ¡Señor Reed! ¡Señor Reed! ¿Son cierto los rumores de que va a comprar el Regent Cruises? ¿Significa entonces, que sus acciones en el Holland America Line aumentaran?
Ignoré todas las preguntas de la prensa mientras salgo del Empire Building.
Acabo de darle cinco horas de mi tiempo a la junta directiva, y les he permitido hacerme toda clase de preguntas con respecto a las decisiones que debemos tomar con la flota, pero, como siempre, nunca es suficiente.
Me abro paso hasta llegar al auto y le hago señas al chófer. En cuanto cierro la puerta el conductor acelera para dirigirse a nuestro próximo destino.
Esta tarde por fin se concretaba la fecha con la agencia que organizaría mi boda con Kate, había tardado casi tres largos años en conocerla y asegurarme que sería una buena compañera.
«Mi compañera ideal»
Su padre es corredor de seguros, y a actuado como mediador durante muchos años para asegurar mi compañía, así fue como conocí a Katy en uno de los tantos eventos a los que siempre asistía, comenzamos a salir y automáticamente hicimos clic, teníamos los mismo gustos, las mismas pasiones y en la cama nos entendemos bastante bien.
Ha sido así durante los últimos años, hasta que hace dos semanas me animé a proponerle matrimonio formalmente en una ceremonia privada.
Emití un suspiro mientras me aflojaba la corbata.
— ¿Drew?
— Llame la atención de mi asistente que ya se encontraba dentro del auto esperándome.
— ¿Si, señor?
— ¿Cuál es el nombre de la agencia de bodas que Katherine piensa contratar?
— Le pregunté con cautela, Katherine se había empeñado tanto en esa agencia que no me quedó de otra que aceptar.
— "EventosAllen" Señor.
— Mmmm. Creo que nunca he oído hablar de ellos.
— Saqué el móvil y toqué la pantalla varias veces, hasta que conseguí un mínimo de información.
— Puse los ojos en blanco y solté un gemido largo de exasperación.
Apenas eran tres organizadoras que contaba con un equipo de quince ayudantes cuando mucho.
Ni siquiera alcanzaban el rango mínimo para manejar la logística que suponía una boda de tan gran magnitud.
— ¿Que sucedió con la gente de RD&LL?
—Le pregunté, pues era una compañía de renombre y pensé que la cita se concretaría con ellos.
— Di con ellos ayer, señor Reed.
Y son una empresa de primer nivel que parece estar bastante bien.
— Agg...
— Tomé el reverso de una tarjeta y comencé a garabatear con un bolígrafo algunas palabras.
— Bueno, cuándo EventosAllen se de cuenta de que no puede encargarse de nosotros, lo que probablemente sea unos minutos después de conocerme, llama a esta firma.
— Así será, señor Reed.
Unos minutos más tarde me encontré ingresando en la agencia de eventos.
— ¡Buenas tardes, señor Reed!
— La recepcionista me saludo tan pronto como pase por delante de su escritorio, cómo si me conociera.
— La señorita Allen, ya se encuentra atendiendo a su novia, sígame, por favor.
— Perfecto gracias.
Entre al despacho asegurándome que todo era exactamente como me gustaba, pero también me di cuenta de que mi despacho era dos veces más grande que la firma entera de la agencia Allen.
No estaba seguro de por qué me sentía en confianza, pero agradecía el hecho de que todo su personal no hubiera comenzado a mostrar un servilismo ensayado hacía mí como en otras agencias.
Era algo bastante refrescante.
La puerta se abrió unos segundos después y noté a una hermosa castaña con un vestido color claro que me hizo olvidar por completo de que diablos se suponía que venia hablar.
Recordaba esos carnosos labios, pintados con un color lanzallamas, también recordé como recorrieron cada parte de mi cuerpo hace tres años en esa alocada noche.
«Podría pasarme toda la tarde mirándola» Pero obviamente esa no era opción.
Katherine se acercó hasta a mí con emoción, para presentarme a su "amiga", trate de actuar con normalidad, aunque lo único que quisiera es hablar con ella en privado.
— El placer es todo mío, señorita Allen.
— Estreché la mano que me había tendido, resistiendo el impulso de acercarla a mi e iniciar una muy innecesaria locura.
— En cuánto me suelte la mano, puede tomar asiento, señor Reed.
— Liberé sus dedos sin querer hacerlo y espere a que ella se sentara antes de hacer lo mismo.
La observe con detenimiento mientras sacaba unas carpetas de colores de su archivador y las coloca sobre su escritorio.
Se mordió el labio inferior y murmuró algo para si misma antes de volver a mirarnos.
«Sin duda alguna, era ella»
La recepcionista entró de nuevo con una bandeja y dejo un vaso de agua y una bandeja de frutas sobre el escritorio.
— ¿Quiere un poco de café, señor Reed?
— No, gracias.
— Yo quiero un té helado, gracias...
Ah y sin azúcar, por favor.
— Katherine se mete en la conversación, parece darse cuenta de la tensión en el ambiente.
— Cariño, Jessica es la mejor planeando bodas, por eso insistí tanto en venir con ella.
Es una pena que el idiota de Adam te haya dejado plantada en el altar hace tres años.
No sabe la mujer extraordinaria que dejó ir.
— Los ojos de Jessica parecían que se iban a salir de sus cuencas, inmediatamente sus mejillas se sonrojaron y entendí su actitud aquella noche.
— Volvamos al tema que nos interesa.
— Cortó con aquél rollo de inmediato.
— Quiero presentarle mis términos para la contratación.
Es necesario que ambos los acepten para que podamos comenzar con la planeación.
— Deslizó el contrato en frente de mí.
— ¿Tengo entendido que tienen una fecha límite y por eso recurren a mí?
— Si.
— Katy es la primera en contestar.
— Ambos estamos ansiosos por dar el sí.
Ya no vemos la hora de por fin ser; marido y mujer.
— Aprieta mi mano y yo le sonrió.
Pues no podía contestar nada aún me sentía confuso por todo.
— Correcto...
— Me quedé observando el contrato y en ese instante el cel de Katy comienza a vibrar.
— Oh, lo siento es mi madre.
Debo contestar.
La castaña le indica que puede pasar a la sala continua para más privacidad y veo como mi novia se marcha rápidamente y emocionada por hablar con su madre.
— Jamás imaginé que te volvería a ver...
— Clave los ojos en su placa dorada que había sobre su escritorio.
Jessica Allen...
Recuerdo claramente que hace tres años me dijiste que te llamabas: Ashley.
¿No?
— No tengo ni idea de lo que está hablando señor...
— Dijo sin siquiera titubear y negué con mi cabeza.
No había podido sacar de mi cabeza a esta mujer.
La recordaba perfectamente.
— Bueno, me alegra saber por fin su nombre real, señorita Allen.
Aquella mañana me levanté sin saber nada de usted, casi fue como si no hubiese sido real.
Pero sí lo fue...
Las marcas en mi pecho y en mi cuello eran un recordatorio de que si.
— Se removió en su asiento apretando las piernas.
Era impresionante lo bien que reaccionaron nuestros cuerpos al estar tan cerca.
— Es muy agradable conocerle por primera vez, señor Reed.
Porque nunca nos habiamos visto antes de este preciso momento.
— Sonreí por su profesionalismo y me recosté a la silla de nuevo.
— Señor Reed, ¿Hay alguna razón por la cuál, nos haya mantenido en secreto su identidad?
— Hay muchas razones.
— La miré fijamente.
— Sin embargo, antes de pasar a ese tema.
¿Estás segura de que no te llamas Ashley?
— Mi nombre es Jessica Allen, señor.
— Vale, vale, señorita Allen.
— Añadí.
— Me gusta mantener un bajo perfil, porque no he tenido buena suerte con la prensa y las relaciones públicas de la zona.
Y mi reputación en el pasado tiende a perseguirme a dónde quiera que vaya.
Es por eso que Katherine y yo decidimos presentarnos personalmente en lugar de que los medios de comunicación lo hicieran por mí como: Un magnate inmobiliario que heredó una flota de cruceros, más de cien propiedades incluyendo los complejos turístico vacacionales.
Es decir un multibillonario venerado, pero con un pasado de Playboy apostador.
— Bien, señor, nunca le he prestado atención a las revistas de cotilleo ni a la sección de sociedades...
— Se quedó en silencio haciéndo una pausa larga.
— ¿Que sucede? ¿Estás recordando por fin lo que hicimos aquella noche?
— Le pregunté con sarcasmo.
— Por eso me estás mirando así.
— Perdone, señor Reed.
Pero ya le dije que no lo conozco, no se de qué habla y por ende no soy esa mujer...
Jamás nos hemos conocido antes.
— La castaña siguió en negación.
— ¿No recuerdas haber tenido cuatro orgasmos?
— No.
— Se sonrojo.
— Bien, entonces, debo suponer que seguirás fingiendo que nunca me has visto.
— Si.
— ¡Tengo excelentes noticias!
— Katherine abre la puerta de par en par.
— Mi madre y mi hermana, vienen a la ciudad para ayudarnos con la boda.
— Exclamó y yo fingí estudiar el contrato.
— Que... Agradable..
— Jessica le contestó.
— Sí.
Creo que los términos son bastantes justos, señorita Allen.
— Me animé a estampar mi firma y Katherine emocionada me siguió.
— Espero poder verla pronto, señorita Allen.
— Me levanté y le di un apretón de manos para ponerle broche final a esta reunión.
Antes de salir la observé por última vez.
Ya era oficial... Creo que acabo de firmar mi sentencia de muerte.