Bastien lleva un traje n***o que le sienta de maravilla, se ve bastante atractivo así. Va manejando sin que nada le importe, es raro verlo en ese papel tan relajado, pero lo conozco lo suficiente para saber que sólo está pensando en qué me hará esta noche.
—¿Recuerdas tus palabras de seguridad?
—Sí.
—Dimelas
—n***o. Rojo.
—¿Para qué es cada palabra?—suspiro antes de tratar de recordar lo que significa cada color.
—El n***o es qué… quiero qué te detengas de la actividad que estás haciendo.
Asiente antes de dar vuelta en una calle. Hace mucho qué no teníamos esta conversación, pero ahora que me lleva de nuevo al club.
—Rojo es porque no me gusta la práctica y debes cambiarla o bajarle al dolor que me infliges.
—Bien. Recuerdalas esta noche.
Asiento.
Sigue manejando hasta que llegamos al club en el que estaremos esta noche. Hace mucho que no me traía a este lugar, y para ser honesta no me gusta mucho venir. No me gusta por las cosas que hay atrás de las puertas.
Bajamos del auto para que Bastien me detenga antes de entrar.
—Ven aquí, Preciosa—me acero a él antes de ver el collar con una cadena que él tirará—. Hoy lo llevarás hasta qué yo quiera quitartelo. No me dirás nada cuando te canses de traerlo, a menos… qué digas tus palabras. Y recuerda tu lugar desde aquí.
Asiento antes de dejar que me ponga el collar en el cuello. Enreda la cadena en su mano izquierda antes de tomar camino a la entrada del club. Es un Amo que no acostumbra rentar sumisas para saciar su lado s****l, para eso me tiene a mí.
El cadenero saluda de manera cordial a mi Amo de esta noche. No levanto la mirada ni cuando entramos al club. Estoy segura de qué si la levanto me llevaré desagradables sorpresas.
No porque no sepa que es sexo o esas cosas, sino que a mí me da un poquito de cosa que me vean algunos socios de mi padre, pero a estas alturas todos saben quién es el hombre que presume ser mi dueño s****l y en todos los ámbitos, menos en uno.
Bajamos unos escalones que llevan a diferentes lugares. He venido muchas veces que no ocupo levantar la vista para saber que el lugar es tétrico como una mazmorra. La entrada principal es un pasillo amplió que tiene tres puertas en su largo. Cada puerta es una sala donde puede haber sesiones para un público exclusivo como lo es Bastien. Cuando el pasillo se termina hay otro pasillo que rodea el enorme salón hacia abajo.
Es como un coliseo, sólo que con un sólo palco y un sólo escenario donde hay unas cosas que parecen ser cuevas metidas en el material que está hecha, al igual que los que hay a lo largo de la escalera.
A lo largo son como tres cuevas con unos sillones en firma circular que le da un toque, también hay muchas que le sirven a los Amos para tratar a las sumisas que adquieren por una noche o de forma temporal.
Llegamos hasta abajo de la escalera lo qué quiere decir que no dejaremos esto cómo última parada, significa que me llevará a una de sus sesiones en conjunto que adora ver, pero no usarme en una. Caminamos hasta llegar a una especie de barra, toma una copa con vino tinto. Camina a una de las cuevas que hay en el lado derecho, mi Amo lleva firme la cueva.
—Buenas noches, señores.
—Buenas noches, Bastien—saluda una voz femenina con cierto nivel de coquetería—. Veo que trajiste a tu mascota.
—Quería entretenerme un rato.
—Pudiste pedirme ese favor.
Bastien suelta la cadena un poco antes de tomar asiento en un lado del sillón, me quedó de pie antes de sentir un leve tirón del metal que me sujeta del cuello. Me pongo de rodillas para escuchar una carcajada de mi señor. Odio que juguemos a esto, pero no puedo quejarme, no hasta que nos vayamos.
—Deberías venir más seguido—dice la mujer—. Harry no es muy amigable.
—Lástima que yo sólo le soy fiel a mi sumisa.
—Bien.
Bastien le toma a la copa antes de pedirle a una de las meseras una botella, ella se retira antes de regresar con una de champagne rosado, y una copa. Bastien destapa la botella y con cuidado sirve en la copa que le dejo la mesera.
—¿Quieres?—asiento antes de beberle a la copa que hay frente a mí.
Sonríe antes de alejar la copa y deslizar un dedo por mis labios, mueve un su dedo trazando el contorno de mis labios. Luego se inclina su cuerpo antes de besarme los labios con dulzura, una que poco a poco pasa a otra cosa. Se separa de mí antes de sonreír y levantarse del sillón.
Ya sé a dónde iremos.
Me lleva a las habitaciones que hay aquí, entramos y me dice que me siente en medio del lugar, que ya sé que hacer.
Me quitó la ropa antes de escuchar la puerta a mi espalda, bajo la cabeza como Bastien me pide que lo haga siempre qué tendremos una sesión.
—Linda, cogible, y hermosa.
—Señor.
—Hoy te haré muchas cosas.
—Sí señor.
Toma mi mano antes de llevarme a una mesa que parece medieval, a sus extremos tiene unas cuerdas que me mantendrán sujeta hasta que termine mi sesión del día de hoy. Me deja en un extremo antes de empinar mi cuerpo, deja mi torso en la mesa antes de abrir mis piernas y amarrarlas en los extremos de la mesa, camina a dónde están mis manos y las jala al otro extremo de la mesa. Me amarra los brazos y quedó vulnerable para él.
—Te ves adorable en esa posición—trago despacio—. Tan dulce. Tan castigable.
—Señor.
—No hables.
Se aleja de la mesa para ir a la parte izquierda de mi ubicación, tengo la idea de que irá por un método de castigo, espero que no sea la barra. Después de un momento escucho que regresa con lo que debe ser con lo qué me dará mi castigo.
—Hoy seremos sólos tú y yo—avisa lo que ya me había dicho—. Así que sólo yo, te voy a coger. Y ten bien presentes tus palabras de seguridad.
Se acerca a mí para pasar el material con el que me castigará, se siente raro, parece ser un látigo, pero no se siente como uno. Más bien parece… dejo salir libre el grito de dolor que me provocó al pegarme con la fusta. Maldición el dolor se extiende por mi cuerpo y lo único que hago es retorcerme por el dolor.
—Quieta.
—Me dolió.
—No lo dudo.
Vuelve a darme otro azote con esa cosa y me duele y vuelvo a gritar. Así sucede con los siguientes dos azotes hasta que se harta y toma mi cabello para jalarlo hacia atrás.
—Sabes que palabras decir para que me detenga—susurra molesto en mi oído—. Y deja de gritar.
Me suelta de la misma forma ruda con la que me agarró antes de volver a azotarme, dejo de gritar pero me aguanto cada uno de los azotes que me regala. No los da en un punto específico, los da en diferentes partes de mi cuerpo que hacen que me retuerza de dolor. Pero aguanto.
—Te ves preciosa con el color rojo en tu piel—no hablo.
Siento sus manos en mis nalgas, y como ambas se deslizan para acariciar. Me duele porque fue donde más dejo caer la fusta. Escucho que maniobra con el cinturón para darme lo que vino a buscar de mí.
Restriega su erección por entre mis nalgas y yo sólo aprieto las manos. Abre mis nalgas para tener vista de mi culo, escucho su sonrisa antes de sentir su pene abriéndose paso por las paredes húmedas de mi v****a. Gimo alto. Se siente rico.
Aunque deja de ser rico cuando me vuelve a dar con la fusta en las nalgas al momento en que recibí una penetración.
—Amo.
—Bonita, tu cuerpo se contrae de una forma tan rica cuando lo hago—sale para volver a entrar de manera ruda—. Y que decir la forma en la que me envuelves cuando te doy el azote.
Da otro y yo sólo gimo. Cuando menos lo pienso sigue penetrándome así, con azote en tanto y tanto.
Se harta de la fusta y la arroja lejos antes de tomar mis caderas para sujetarse de ellas y tomar impulso. Mis gemidos y los de él se vuelven uno en la habitación en la que estamos. No deja de decir cosas sexuales que ponen bastante, todos sus movimientos son tan ricos y duros que ya no importa el dolor en mis nalgas o el que hay en mi espalda. Solo me dejó guiar por el placer que recibo en mi v****a, y en mi punto lleno de nervios que Bastien se encarga de atender con los dedos.
—Grita mi nombre, Claire. Vamos. Hazme saber que te encanta sentirme atrás de ti dándote duro.
—Señor.
—Quiero mi nombre, Claire.
—Sigue Bastien. Por favor. No pares.
—Mi pequeña puta—no digo nada—. Eres mía, Claire.
Embiste rudo y es cuando su nombre sale de entre mis labios a todo pulmón. Fue un grito liberador y lleno de placer, pero él todavía no termina así que sigue moviéndose a mi espalda como un animal que me coge de una forma tan rica.
Se viene vaciando su semen en mi interior. Me derrumbó en sus brazos y en la mesa, jadea a mi espalda antes de darme un beso en el hombro, se levanta sacando su pene de mi v****a y acomodándose el pantalón.
—Estuviste muy bien, el día de hoy—dice mientras desamarra las cuerdas de mis piernas—. Nunca me cansaré de ti, Preciosa.
Cuando por fin me suelta de los cuatro lados me pongo de pie, me duele la espalda.
—Vamos a darte un baño—me carga sin qué me lo espere.
Adoro cuando después de estas sesiones me consiente y mima por un largo rato, a veces me vuelve a coger pero de una forma tan dulce, porque se mete despacio entre mis piernas, dándome a entender que agrade mi comportamiento.
Se desviste antes de meterse a la tina, y pedirme que lo haga con él, ambos nos quedamos en silencio mientras sus manos se deslizan por mi cuerpo. Sentarse con las nalgas azotadas no es una buena idea.
—Te daré algo para el dolor—dice al notar mis gestos—. Y el agua te ayudará.
—No parece.
—Sólo fueron…
—Me diste muy fuerte.
—Lo siento.
Ladeó los labios antes de sentir que me jala a su cuerpo, me sienta en sus piernas y recarga mi cabeza en su pecho.
Odio estos momentos.