Me remuevo en la cama en las que tantas veces he dormido, pero como siempre que me despierto, Bastien no está conmigo. Anoche regresamos del club muy entrada la noche, y también aquí me hizo suya. Pero aquí me tuvo abierta entrando de una forma que me dió miedo. Una dulce, que me hizo jadear y gemir de una forma que lo incitaba a seguir entrando como lo hizo anoche.
Ignoró eso antes de ponerme de pie pensando en las cosas que hablamos durante el camino de regreso al departamento.
Tomo una camisa antes de bajar con ella puesta, al llegar a la cocina veo al dueño de la casa con un café en las manos. Está sentado en una de las sillas que su comedor tiene, hay muchas cosas que he aprendido a identificar en él. Me gusta que cuando me siento mal puedo contar con él.
—Buenos días—saluda con la naturalidad de siempre.
—Buen día, Bastien.
Me acerco a la mesa para sentarme frente a él, le da la vuelta al periódico que lee, está concentrado en la lectura por eso sólo recibí el buenos días. Dina me sirve mi desayuno y me pongo a almorzar. Veo la hora en el celular de Bastien cuando le llega un mensaje y bloquea el teléfono al ver quién se lo envío.
Alcanzo ir a mi exámen.
—Dina, sólo mi licuado—me levanto de la silla y subo escaleras arriba.
Busco entre la ropa que tengo aquí y encuentro un cambio de pantalones y una camisa que dice Monster. Perfecto. Me visto y arregló el cabello, antes de mandarle un mensaje a Jaxon para que lleve mi mochila a la universidad. Le pagaré un café americano si gusta, me regreso a abajo segura de mi cambio de ropa. Bastien me ve, pero no me dice nada. Tomo el licuado que Dina me preparo y le tomo un poco antes de vaciarlo a un termo que me puedo llevar.
Le doy un beso a Dina antes de caminar a la salida.
—¿A dónde vas?
—Alcanzo llegar al exámen.
—Claire…
—¡Tú ya tienes tu carrera y yo quiero terminar la mía!—mierda.
Su expresión se endurece, asiente antes de arrojarme las llaves de algo. No sé de qué… son las llaves de mi departamento.
—Vete. No te quiero aquí hasta que me den ganas de verte—asiento antes de darme la vuelta y salir por la puerta a toda prisa.
Aunque se haya enojado, la escuela es parte de mi responsabilidad y quiera o no admitirlo cuando me gradué lo mandaré al diablo para empezar a trabajar de una forma que no me dé vergüenza ganarme mi dinero.
Ser secretaria es algo que puedo hacer en lo que mi padre me habla de nuevo y me da lo que me pertenece de la empresa.
Tomo un taxi para que me lleve a la universidad, me relajo en el asiento. Saco las fotos de mis apuntes para dar un repaso de lo que debo estudiar para el examen. Parece sencillo, pero la maestra lo volverá imposible, así que debo prepararme para pasarlo. Sigo estudiando hasta que siento el golpe de un auto en el costado del taxi, luego otro más. Recibo varios golpes hasta que mi conocimiento se borra.
///
Abro los ojos un poco. Nada. Una habitación vacía. Luego pasa a ser ruidos de sirenas resonando lo más alejado posible de mí.
Nada.
///
Abro los ojos de nuevo para ver a una mujer de unos treinta años además de un hombre de la misma edad que la de mi padre. Una lágrima baja al saber que si muero me iré con mi padre y yo peleados. El hombre tiene canas en vez de cabello pero la edad de sus facciones me dice que está joven. Tiene los ojos marrones, señal de un cabello castaño oscuro en su juventud.
—Tranquila. Estarás bien—dice con voz dulce.
El uniforme de paramédico lo lleva puesto, pero aunque sea eso me sirve para no sentirme sola.
—¿Cómo te llamas?
—Cla…Clai…
—¿Claire?—asiento. Pero eso me causa demasiado dolor—. Tranquila, Claire. Estarás bien. Te llevaremos al hospital y te atenderán. Sólo resiste. No te vayas a dormir.
—No-no… No me…—se me dificulta hablar.
Dios.
—No te dejaré sola.
Aprieta mi mano y es lo que necesito para dormirme otra vez.
///
—¡Oh por Dios!—escucho el grito de alivio de parte de una voz conocida—. Estás viva.
Jaxon.
Su rostro se ve borroso, pero es él. ¿Qué otro idiota viste una camisa de Lady Gaga con ese suéter espantoso?
Intento levantarme pero me lo impide volviéndome a acostar en la cama. Comprendo que debí hacerme más de lo que supongo me hice.
—Tranquila. Estarás bien.
Pasa su mano por mi cabello con ternura y es cuando escucho los gritos de alguien bastante conocido, la puerta del dormitorio se abre para ver la silueta de mi padre entrar a la habitación. Jaxon se hace aún lado y mi padre camina de forma mecánica a mi camilla.
—Ho…—sigo sin poder hablar.
—Dios—se acerca a la camilla antes de ver mi cuerpo con tristeza.
No ayuda.
—¿Qué le pasó?
—Los doctores dicen que tiene dos costillas rotas y un golpe fuerte en la cabeza. Le costará mucho volver a caminar si es que sufrió parálisis.
—Mi bebé—es la primera vez que me llama así en años.
Se acerca y pasa su mano con suavidad por mi cabeza, lentamente me acaricia el cabello y me dice que es la última vez que me deja sola tanto tiempo. Sé que son promesas que se hacen por el momento, pero se siente bien tener a mi padre para mí en estos momentos.
Dura conmigo toda la tarde mientras esperamos que el movimiento en mis piernas se pueda hacer presente, pero el doctor dice que es probable que mi golpe en la cabeza no haya afectado a mis piernas del todo, pero que más vale prevenir y que puedo sufrir parálisis temporal.
—¿Claire?—levanto la cabeza al escuchar la voz de Bastien—¡Dios mío, Claire!—me daría risa esa expresión en él al escucharlo—Te fuiste bien del… Dios.
Le doy una leve sonrisa. O lo que fuera una de poder estirar bien mis labios, se acerca y hace el mismo gesto que mi padre y que Jaxon.
Es dulce al momento de hacer ese gesto que descoloca otra vez. Dios. No es necesario que se quedé conmigo, no necesito gestos dulces. Necesito realidad. La que me diga que no podré caminar de nuevo, la que me golpeé con ella al saber que mi vida se estancó por culpa de un accidente de automóvil.
El médico entra para revisarme y ver mi estado de salud, sonríe al ver qué tengo a alguien conmigo. Bastien no se irá tan fácil de mi lado.
—Parece que todo estará bien—comenta el doctor viendo mis resultados—. Nada de que preocuparse—la sonrisa de Bastien crece de alivió cuando dicen que estaré bien—. Es importante llevarte a un lugar donde puedas estar en reposo, y que estén pendientes de ti…
—¿Dónde debo firmar para llevarmela?
—¿Qué es de la paciente?—miro a Bastien para comprobar que puede decir.
Hermano.
No nos parecemos.
Primos.
Podría ser.
—Soy su novio—dice calmado y con una sinceridad impresionante.
—Debe hacerlo en registros—comenta el médico analizando a Bastien—. La joven necesita varios medicamentos y atenciones…
—Por eso no se preocupe—comenta en un tono de advertencia—. Estará bien cuidada, sólo firme el alta.
El doctor ladea los labios, pero después dice que tengo que estar en observación por dos días lo que no perjudica a mi "novio".
Bastien se da la vuelta para decirme que él me va a cuidar y que no dejará que nada me haga falta y eso me da miedo. Se supone que no pasará a mayores el tener una relación.
—¿No crees qué te pasaste con decir eso?—se gira a mí antes de darme una sonrisa falsa.
—¿Querías que dijera qué soy el que se encarga de mantenerte contenta en la cama?—lo miro mal antes de que tome asiento a mi lado.
—¿Tú a mí?—sonríe antes de darme un ligero beso en los labios.
—El orden de los factores no altera el producto—hago una burla con mis labios antes de recibir otro beso—. En el departamento te sentirás mejor.
Ladeó los labios antes de escuchar la puerta de mi habitación, el perfume de mi padre llama mi atención.
Bastien se da la vuelta para ver a mi padre que quiere matarlo por estar aquí conmigo, pero es mejor que este a que esté sola. Mi padre cierra la puerta a mi espalda antes de verme a mí y luego a Bastien.
—¡Largo, Bastien!—gruñe mi padre.
—Viene a ver mi…
—¡Es mi hija y te quiero lejos de ella!—gruñe molesto—¡Fuera!
—Me iré cuando ella me lo pida—mi padre quiere decirle algo pero Bastien toma mi mano para después darme un beso—. Iré a firmar tu alta.
Asiento antes de que salga de la habitación, mi padre le da varias miradas de odio que tristemente ya conozco y son las mismas que me ha dirigido a mí. A su propia hija.
—¿Qué diablos hace aquí?
Trago despacio.
Bastien no dejará que me vaya a casa de mi padre cuando sabe que él me puede cuidar sin necesidad de tener una enfermera las veinticuatro horas del día. Por eso creo que prefiero irme con él.
Mi padre me ha dejado sola mucho tiempo y creo que mi accidente no hará que eso cambie. Estoy segura de que en cuanto me recuperé me echara a la calle de nuevo y no quiero eso.
—Responde.
—Vino a verme y… ofreció llevarme a su casa para mi recuperación.
—¡Ni loco lo dejo hacer esa estupidez!—guardo silencio—. Tú te vas a casa y él a la chingada.
Me callo escuchándolo decir que mi lugar es en casa donde puede cuidarme y vigilar mis visitas, cómo si me importará que lo hiciera. Tome la decisión de irme con Bastien y no cambiará mi parecer.
Sigue diciendo que me iré con él pero la desición la tomamos mi supuesto novio y yo.
—Papá… me iré con Bastien—digo al verlo más calmado—. Queremos… bueno, es donde vivo y no me hará falta nada…
—No.
—No es tu decisión.
—Soy tu padre y tu lugar es en…
—Ya está tomada la decisión, Bruce.