Bastien me asignó una de las habitaciones que tiene en el departamento, hay una enfermera que me atiende en la mañana y él lo hace en la noche. No puedo hacer gran movimiento con los brazos y no puedo caminar. Parálisis temporal.
Es probable que vuelva a caminar en unos seis meses o es probable que ya no lo haga. Jaxon a venido a verme unas seis veces en lo que va de estas ocho semanas y media de recuperación.
Me siento muy mal cuando me dice que hay una buena escuela de terapia para que vaya a rehabilitación y así poder caminar de nuevo. También quiero ir a caminar a un parque o salir a dar una vuelta con mis piernas moviéndome, no quedarme estancada en esta maldita silla que me ata al departamento de Bastien porque el idiota no quiere que salga a ningún lado, pero mi enfermera me lleva a dar la vuelta cuando me enfado de estar viendo la televisión.
—¿Algo más qué necesite?—pregunta Rousse.
Es bajita con un ánimo enorme e invisible, a veces quisiera tenerlo pero no creo que me sirva de mucho. Tendrá unos treinta años… o más, pero me gusta que esté ella y no una mujer amargada y aburrida.
—Gracias, sería todo—digo acomodando mi cabeza.
—¿El señor vendrá a cenar?—me pregunta y eso llama mucho mi atención.
—¿Sí? ¿Por qué no lo haría?
—Lo escuché decirle a Thomas…—se calla porque cree que está diciendo de más. Pero Bastien y yo no somos una oreja aunque ella debe suponer que sí.
—¿Qué escuchaste decirle a Thomas?
—Señorita, mi trabajo es…
—No te pasará nada… puedes decirme qué escuchaste.
Se piensa antes de cerrar la puerta y caminar a la cama con paciencia. Me mira y supongo que piensa que porque estoy en silla de ruedas debe tener tacto al decirme las cosas, y todavía más sí Bastien… le dijo que soy su novia o prometida que lo creo capaz de eso y más.
—Escuche que iría al hotel Palmer—dice con suavidad—. También que vería a Nataly en el lugar.
¿Quién mierda es Nataly?
Conozco a varias de sus ex y ninguna se llama así.
¿Por qué diablos lo estoy celando?
Pero creo que con estarme cuidando… ya debió enfadarse, porque la parálisis no se va y… debería decirle a mi padre que venga por mí. Tal vez así Rousse gané un poco más por cuidarme todo el día y la noche, porque mi padre ni de chiste me acompañará al baño.
Asiento a lo que me dice Rousse. Así que no dudo en decirle si puede mandarle un mensaje a mi padre. Me dice dice que sí y pues no dudo en darle la dirección y escribir la carta que mi padre necesita para que me recoja, pero le digo a Rousse que esperé a que hable con Bastien sobre… nuestra relación.
Me desea suerte antes de irse. Se supone que en unos veinte minutos debe llegar Bastien. Así que enciendo el televisor para entretenerme de nuevo. Las horas se pasan rápido.
Miro el reloj cada veinte minutos o depende de lo que estoy viendo es como se me va el tiempo, han pasado casi seis horas y… Bastien ya debería estar aquí.
Tomo mi celular antes de marcarle y escuchar que me manda directo al buzón de voz. Me alejo el teléfono antes de acomodarme en la cama para ver si puedo dormirme, aunque con mis piernas inservibles no puedo hacer mucho. Sólo esperar a que mi pareja llegué para que me lleve a hacer del baño… Dios. ¿Está es mi vida? Y luego la idea de no caminar nunca… una lágrima cae por mi mejilla y muchas más le siguen al comprobar que estaré sola el resto de mi vida, atada a una maldita silla como el profesor X de los X-Men.
Me quedo dormida pensando en muchas cosas hasta que ya no puedo pensar y solo dormir.
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—¡Dios mío!—me incorporo al escuchar eso—. Deje que le ayude.
No comprendo hasta que ella me ayuda a pasarme a la silla. Me hice del baño mientras dormía.
Y… Dios.
Rousse me lleva al baño para ayudarme a sentarme en la tina de agua helada, deja el grifo abierto para que pueda sentir el agua mezclarse hasta volverse como me gusta, aunque helada… ni así puedo sentir el cambio en mis piernas.
Escucho que mueve cosas afuera del baño y sin remedio me pongo a llorar en donde estoy, no sentí que me haya orinado en la cama, tampoco… Bastien no llego. Por eso… por eso me orine en la cama, él siempre llega y me lleva al baño a las ocho, y ahora…
Rousse vuelve como una hora después para ayudarme a sentarme en la orilla y ponerme la ropa interior. Mi sostén yo me lo pongo al igual que la blusa para dormir y mi pijama.
—No llegó, ¿Verdad?—Rousse niega y una sensación de tristeza llega.
Me lleva a la cama, pero me dice que debo quedarme en la silla en lo que se seca el colchón. Dina me sonríe antes de decirme que me dará huevos para desayunar.
Entre las dos me bajan por las escaleras y me dan mi desayuno. Vuelvo a llamar al número de Bastien antes de escuchar el buzón de voz responderme.
Dejó el teléfono en mis piernas antes de escuchar el sonido de la puerta. Ignoro quién puede ser, pero Dina dice que debe ser Bastien o su padre.
Al girar mi cabeza veo que es Bastien, se ve bien, pero… giro mi cabeza a otro lado cuando intenta darme un beso en los labios, alcance a ver una marca de dientes en su cuello, una que yo no pude haberle hecho porque estoy en una silla y no me ha tocado desde el accidente.
—Como quieras—gruñe antes de alejarse.
—No llegaste.
No oculte mi tono triste.
—¿Y?
—Bastien, Dina y Rousse se van a las siete—no quiero pelear sólo… quiero que me diga si ya no me quiere cuidar para decirle a mi padre o a Jaxon.
Ambas se miran antes de irse a hacer algo más al saber que voy a tener una discusión o conversación fuerte con quién me cuida supuestamente cuando ellas se van.
—Ayer me quedé sola.
—¿Y?
—Bastien… me orine en la cama—sus ojos van a mí para luego volver a lo que sea que sea más interesante que verme a mí.
—¿No crees que ya me cansé de cuidarte?
Tenía ese ligero presentimiento.
—Bastien…
—¡Tengo que hacer mi vida Claire!
No esperé que me gritará.
Miro el suelo antes de tragar despacio, hago para atrás la silla antes de suspirar y levantar los ojos para verlo. Tiene la cara neutra pero en sus ojos hay arrepentimiento por lo que me dijo.
—Le… me hubiera ido con mi padre—no dice nada—. Le diré a Rousse que empaque mis cosas… ya no tengo nada que hacer contigo. Y… perdón por mojar tu colchón… y también por molestarte en este tiempo. Aunque tú fuiste quién me trajo aquí.
—Claire.
—Nuestro convenio…
—Claire.
—Ya no tienes que preocuparte por una invalida—me alejo de la mesa antes de que pueda decirme algo más—. Si vuelvo a caminar… no te quiero detrás de mí para meterte entre mis piernas de nuevo.
Llevo la silla a la base de las escaleras cuando me jalan con fuerza para llevarme lejos de la escalera, me pone frente a mi desayuno, jala la silla para ponerla frente mí y verme directo a los ojos.
—Lo siento, Claire.
Giro mi cabeza a otro lado, pero me jala de nuevo para verme.
—Te quiero, y mucho. Y verte en la silla… duele, Claire—sincero—. A veces imagino que es una broma de mal gusto, y que un día llegarás a mi habitación para montarme y decirme que caí. Pero todos los días pasan y no llegas… anoche… lo intente, Claire. Intenté olvidar que estabas aquí e intenté acostarme con alguien, pero… no paso más que lo que ves mi cuello.
<<En cambio busque lugares donde puedas rehabilitarte y hay lugares muy buenos… sólo debes quererlo. Claire… lamento mucho lo que sucedió ayer. Pero…
—Está bien.
Le digo en susurro.
—No, no lo está—gruñe triste—. Claire… tuviste un accidente con tu cuerpo, porque yo no estaba aquí. ¿Qué hubiera pasado si hubieras ocupado algo más?
—Bastien… Mírame, mírame—suspira antes de girar sus ojos a mí—. No ocurrió nada malo, y si tienes momentos como el de ayer, avísale a Rousse que estarás fuera y qué necesitas que me cuide. En parte te comprendo… no es fácil asimilar que un día me viste levantarme e irme corriendo a la escuela y que te llamen en menos de dos horas para informarte que estoy en el hospital.
<<Y es normal que quieras intentar hacer tu vida porque no somos nada más allá del…
Sus labios me callan para que no siga diciendo nada, para que deje de hablar y para que recuerde el sabor de sus labios. Los cuales ya había conocido desde hace mucho tiempo. Pero que se extrañaban con un nivel de toda mi excitación.
Al separarse extraño tenerlo de otra forma y… tal vez si debería irme. Después de todo tengo el dinero para mantenerme a pesar de estar en esta silla.
—Te seguiré cuidando. Y no le mandes nada a tu padre—pide despacio—. Lamento todo. Pero ahora, irás a esas rehabilitaciones. Que extraño tenerte debajo de mí con las piernas abiertas.
Río antes de que me dé un beso en los labios, me acomoda para que termine de desayunar y él no le habla a Dina para hacerse un café. Mientras lo hace me atrevo a preguntar si hubo algo que fuera compartir fluidos y su respuesta es que no debo preocuparme por eso.
Sus comportamientos me responden.
No tuvo nada.
Me siento mal y a la vez bien por el hombre que es Bastien, pero tramiten un día esto se terminará y uno de los dos va a lamentar el firmar el contrato con el otro.