V

3409 Words
Adrien      Estaba cabreado con todo lo que se movía y con el mundo en general. Rescatar a Claude el mismo día de la puta fiesta del rey era una grandísima cagada. Cuando decidí llevar a cabo aquel plan, sabia perfectamente cual era el riesgo que corría. Era consciente que encontrarme con Marinette sería más que obvio y por ello tenía planeado durante toda la noche comportarme con ella como si fuese una desconocida  cualquiera.   «Qué gilipollas era»   Ha sido encontrármela y a la primera de cambio salir detrás de ella para revivir todo lo ocurrido, todo lo que ambos habíamos vivido y todo lo que habíamos sentido.   El encuentro había sido incómodo, se palpaba la tensión en el ambiente y para colmo ella estaba cabreada conmigo. Al parecer después de un año entero seguía sin entender que todo lo hice por ella porque quería protegerla de la vida de mierda en la que estaba metido.   Yo estaba en lo cierto y ella era la equivocada. No podíamos estar juntos. Era una completa locura  pensarlo. ¿Qué clase de mujer de la nobleza querría estar con el delincuente más buscado de la ciudad?   Nadie. Ni siquiera ella. Ahora después de un año entero, habría olvidado todo y podía verlo en su forma de mirarme, en sus ojos llenos de rencor. Lo que ocurrió en Miraculous fue un error mío que jamás debió haber pasado. Nunca debí haberla secuestrado y nunca tendría que haberla llevado conmigo.  —PSSSS—escuché que alguien me hacía una señal detrás de mí.   Me giré con una mueca en la cara y vi como Nino miraba a nuestro alrededor para salir de entre los arbustos sin ningún riesgo. Se había quitado la chaqueta de gala y llevaba nuestra ropa hecha un puñado entre las manos.    —¡Tío!—espetó malhumorado.—¿Dónde estabas? Te he buscado por todas partes.    —He estado por los jardines—dije simplemente, mientras miraba en la dirección por la que se había ido Marinette.    —Los chicos ya están listos. Están por los alrededores del castillo esperando la señal—me tiró de mala gana mi camisa y mis pantalones negros con una expresión de desagrado en la cara—mientras que tú estabas de charla, he  tiempo suficiente  para  volver a por nuestra ropa y regresar.   Atrapé la ropa al vuelto y agarré mi máscara con una de mis manos.     —¿Por qué no me has esperado?—inquirí malhumorado mientras me quitaba la chaqueta y la camisa blanca.    —Ya te lo he dicho. No te encontraba, pero al parecer estabas muy bien acompañado—me lanzó una indirecta que podía captarse a kilómetros.—Además no aguantaba un minuto más con esta ropa ¡Me picaba todo el cuerpo, hasta zonas que pensaba que no podría llegar a picarme!  Me puse mi camisa negra y lo fulminé con la mirada.   —Ha sido una coincidencia—dije con la boca pequeña.    —Sí, claro y yo soy rubio. No te jode—espetó malhumorado.    —¡j***r!—exclamé comenzando a cabrearme.—¡Deja de una puta vez de meterte en mis asuntos! Nos hemos visto, sí. Pero será la última vez, además ella me odia y no creo que quiera volver a verme ¿estás satisfecho?  Nino me miró con incredulidad, sin creer ni una palabra de lo que decía.   —Yo solo te estoy diciendo que no jodas el plan por ese caprichito tuyo—me advirtió.—No podemos volver a poner a Claude en peligro por ella.    —Eso ya lo sé—dije con un tono de voz cortante.—No hace falta que me lo recuerdes.    —Lo digo para para asegurarme—Nino se giró sobre el mismo para asegurar el perímetro.—Los demás nos esperan por las puertas traseras.   Me até el cinturón con mi catana y mi pistolete, ajustándolo alrededor de mi cintura para poder usarlas en el momento oportuno. Ya había hecho suficiente el gilipollas por hoy, era hora te volver al trabajo y regresar a la cruda realidad en la que me encontraba.   Tenía un objetivo, y ese era rescatar a Claude.   Mi debilidad por Marinette no iba a retenerme, además tenía todo el grupo pendiente de cada movimiento, a la espera de que meta la pata para abalanzarse hacia mí, y ese era un gusto que no estaba dispuesta a darles.    —¡Wow! Parece que la nobleza se descontrola—dijo Nino con una sonrisa divertida en su cara mientras miraba la zona del convite real.     Levanté la mirada para ver a que se estaba refiriendo y contemplé como había un cúmulo de personas que se amontonaban unas con otras para ver algo que se estaba dando junto a la cúpula de cristal que había en el jardín. Todo se veía muy difuso debido a la distancia, sin embargo las voces y los gritos eran claramente audibles.    —¿Es qué acaso me ves cara de imbécil?—escuché gritar al rey con la cara desencajada y por desgracia no estaba gritando a la nada, sino más bien a una persona que conocía muy bien—¡¿Tengo cara de imbécil?!  «Y de gilipollas también» Pensé.   El muy cabrón le estaba levantando la voz a Marinette delante de todo el mundo e instintivamente sentí como mi cuerpo se tensaba.   Tom se interpuso entre él y su hija. Por una vez ese cabrón había hecho algo útil con su vida.   Jouvet ordenó algo que no alcancé a escuchar y al instante dos guardias llegaron y apartaron a Tom se un empujón. No diré que me dio pena, en realidad me daba igual si se comía el suelo, más bien sentí lástima porque Marinette se había quedado sin escudo humano.   —¡Papá!—gritó Marinette intentando correr hacia su padre, pero Jouvet se interpuso en su camino.   «Me cago en la puta, este tío se está jugando una ostia»   —¡Te crees muy duro por mandar a tu panda de gorilas a golpear a un inocente, pero luego no vales nada! ¡Ni siquiera eres capaz de hacerlo tú mismo!—le espetó Marinette, encarándolo.   Vale, aquello había sido admirable y demostraba que tenía los huevos bien puestos, pero en aquellos momentos hubiese estado mejor calladita.    —Pero si de verdad eres tan valiente venga, golpéame a mí, Jouvet—continuó diciendo mientras extendía sus brazos para quedar más expuesta antes él—¡Golpéame a mí! ¡Vamos, lo estoy esperando!   «Enserio, Marinette. Cierra la puta boca»   —Tío, vámonos—escuché decir a Nino a mis espaldas, pero no lo escuché. Simplemente, mi atención estaba puesta en la escena que tenía delante.—Están esperando nuestra señal.   Entrecerré los ojos y cerré mis manos en puños cuando vi a Jouvet acercarse a Marinette amenazante.    —Estoy hasta la coronilla de tus arrogancias, Marinette—dijo, escupiendo sus palabras.—Eres una mujer soberbia y detestable—la miró de arriba abajo con unos ojos que me dieron ganas de partirle la puta cara—. No veo el día en el que seas mi esposa y pueda ponerte una correa para que te estés calladita de una maldita vez.    La cólera comenzó a consumirme poco a poco y mi paciencia estaba a punto de estallar.    Tenía los puños tan apretados que los nudillos se había vuelto blancos y las uñas se clavaban con fuerza sobre la palma de mi mano. Comencé a caminar movido por la ira que estaba sintiendo y sin ser consciente de lo que aquello podría suponer    —¡Eh! ¡Eh! ¡¿Dónde vas?!—exclamó Nino cogiéndome del brazo.   Ni siquiera me molesté en mirarlo, mis ojos estaban puestos en ese cabrón y en Marinette.   Justo en ese momento, ella levantó su mano y golpeó con fuerza la cara de ese malnacido.   Un movimiento que no solo me dejó a mí parado en el sitio, sino a todo el mundo allí presente.   La cara del rey sufrió una completa transformación. Si yo estaba cabreado, él lo estaba aún más.   Tuve un horrible presentimiento. Algo me decía lo que iba a ocurrir a continuación y no me gustaba para nada.   Jouvet avanzó a grandes zancadas hacia ella y la agarró de ambos brazos, inmovilizándola por completo.    —No vuelvas a hacer eso, Marinette—le advirtió con el rostro desencajado.—¡A mí me respetas! ¿Me entiendes? ¡A mí me respetas!   Justo al decir esas palabras la empujó con fuerza, haciéndola caer al suelo.    —Tú padre tenía razón—dijo mientras se quitaba el cinturón de los pantalones—¡Necesitas mano dura para hacerte entender ciertas cosas, y me da igual si aún no estamos casados. Voy a hacer que me respetes como hombre, así tenga que moleste a golpes.    Ni siquiera me percaté en que momento lo había hecho, no me había dado cuenta de cuando había empezado a correr,  mis piernas se movían solas en la dirección donde ese hijo de puta iba a golpearla.  Mis ojos se cegaron cuando agarró el cinturón y no era capaz de ver nada más que lo que tenía delante.    —¡Chat... Chat Noir! ¡¿Qué cojones estás haciendo?!—escuché decir a Nino a lo lejos.   Pero ya era demasiado tarde. Todo el mundo me había visto.... Todos menos el desgraciado del rey que tenía otro objetivo en mente al que no dejaría llegar.   No me contuve ni por un instante, me situé delante de ella y  levanté mi antebrazo recibiendo el latigazo que en un principio iba a ser para Marinette.   Mis ojos se encontraron con los del rey que lucía completamente confundido ante mi presencia. En ese momento levanté mi mano y con el puño cerrado, golpeé su cara tirándolo al suelo.  Los invitados gritaron despavoridos al reconocerme y notaba como todo mi alrededor comenzaba revolucionarse.     —Hijo de puta...—dije acercándome a él de nuevo para pegarle una patada en el estómago.—¡¿Es qué no te han enseñado a respetar a las mujeres?!—pregunté, golpeándolo nuevamente.—Vas de rey y no llegas ni a rata.  Este tío me lo estaba poniendo más fácil de lo que imaginé, no hacía una mierda para defenderse. Estaba tan consternado por mi aparición que apenas sabía como  racionar.    —¡No!—escuché decir a Marinette a mis espaldas.—¡¿Qué estás haciendo?! ¡Detente!   Una decena de guardias acudieron al rescate del rey y me rodearon, apuntándome con sus escopetas en mano.   Sin embargo, aún estando rodeado no me separaba del cabrón que llevaba la corona, mi cabeza seguía cegada por la escena que había visto y eso solo aumentaba mis ganas de matarlo a golpes.    —¡Apártese de su majestad o abriremos fuego!—me amenazaron los soldados, captando finalmente mi atención.     —¡Todo el mundo las manos arriba!—la voz de Nino rompió la voz de los guardias  haciendo eco por todo el jardín.—¡Esto es un atraco!  Varios miembros de Miraculous rodearon la zona, levantando sus armas para apuntar con ellas a todos y cada uno de los invitados de la fiesta. Muchos de ellos comenzaron a gritar despavoridos y a correr en círculos, buscando una manera de escapar ilesos, cualquier lugar que pudiera servirles de escondite o medio para salir de allí.  A eso lo llamo yo una emboscada.   En ese momento agarré al rey de la pechera y lo obligué a levantarse, después saqué yo mi pistola y  apunté justo a su cabeza.    —Yo que vosotros, bajaría las armas—advertí a los hombres que me apuntaban—Estáis rodeados—esbocé una sonrisa—además, sería una pena que se me disparase la pistola ¿no es así?  —¿Qué quieres? ¿Qué has venido a hacer aquí?—la voz de Tom Dupain me hizo apartar la atención de Jouvet.    Levanté la mirada y vi como estaba delante de Marinette, como si de alguna forma pudiese protegerla de mí de esa forma tan ridícula. Sus ojos me desafiaban y su mano se posaba sobre una fina pistola que descansaba sobre su cinturón.    —¿Piensa que voy a volver a llevarme a su hija, Dupain?—inquirí con una sonrisa burlona.—Tranquilo, hoy no será el día, pero sí debo felicitarlo: ha hecho un gran trabajo con ella. Se ha puesto aún más hermosa en este año  que llevo sin verla.   Mis ojos se plasmaron en Marinette que lucía una expresión extraña en su rostro.    —En realidad, solo venía para agradecerle a su majestad las molestias que se toma para dar con Miraculous. Es todo un honor que alguien te convierta en una leyenda para un país entero—me burlé jugueteando con el gatillo de la pistola.  Sentí como el intento de rey temblaba entre mis brazos y en ese instante le di un empujón tirándolo al suelo. Tal y como minutos antes él había hecho con Marinette.    —Sin embargo, tengo que mostrar mi desacuerdo con una cosa—me burlé, adoptando un tono de voz educado.—Mil francos es una mierda de recompensa por atrapar a una leyenda tan grande como yo. Me ofende, majestad. ¿Acaso la casa real está entrando en banca rota?   —Eres un desgraciado...—me insultó entre dientes, mientras intentaba incorporarse después de la paliza que le había dado.—El día que te atrape, te desenmascararé delante de todos y podré matarte con mis propias manos.   En ese momento apreté el gatillo  sin remordimiento alguno. La bala se disparó justo al lado de su cuerpo, a apenas unos milímetros de distancia.   El rostro de Jouvet se quedó completamente pálido.    —La próxima vez apuntaré mejor—amenacé sin borrar la sonrisa de mi boca.—Y... aceptaré el reto. Estoy deseando  ver ese día, si es que alguna vez llega, pero mientras tanto... Quiero que me entregue todos los objetos de valor que lleve encima, incluida su ropa.    —¡Prefiero morir antes que humillarme ante un bastardo como tú!—me gritó.   Volví a disparar mi pistola, en esta ocasión apuntando al cielo.    —Está tardando demasiado—dije con una mirada fría, después me giré para mirar al resto de invitados.—¡Y el resto, lo mismo! joyas y objetos de valor en la mano.     —¡Todo el mundo en una fila, vamos!—ordenó Nino apuntando con su pistola.—¡Las mujeres por un lado y los hombres por otro!  Los invitados se miraron los unos a los otros, atemorizados y a punto de entrar en histeria, pues si bien no recordaba mal, la última vez que hicimos un atraco acabamos con la mitad de la nobleza.   Los murmullos, oraciones y súplicas se escuchaban como la  única melodía que rompía el silencio de la  noche. Fui recorriendo las diferentes filas de ricachones con las manos repletas de joyas, finos paños de seda y tabaco de calidad, aguantándome las ganas de no meterle un balazo a más de uno por sus putos comentarios despectivos. Aunque en parte... era normal: les estaba dejando sin una puta mierda.   Vi a Marinette al fondo de la fila, solo quedaban cuatro mujeres delante de ella para volver a intercambiar una sola mirada. Extendí mi saco repleto de riquezas y lo planté justo en frente de una mujer que no me quitaba los ojos de encima.   Las dos chicas que estaban a su lado soltaban risotadas tontas que me estaban sacando de quicio.   «¿Y estas no se asuntan, o qué?»  Levanté la mirada fulminando a aquella pesada, que en vez de darme sus putas joyas solo se pavoneaba delante de mí. Carraspeé levemente y le extendí otra vez el saco, dándole una clara indirecta. Se llevó ambas manos hacia su cuello, allá donde portaba una fino collar de perlas blancas aún mirándome de forma seductora, haciendo cada movimiento más lento y pesado.    —¡Vamos señorita! ¡Quítese el collar de una puta vez, no tengo todo el día!—gruñí malhumorado.   Las otras dos que estaban a su lado, soltaron un grito despavorido e inmediatamente se quitaron la joyas y así tenerlas preparadas para cuando llegase su turno.   —Lo siento mucho, caballero—dijo, aún con las manos en el broche de su collar.—Es que se me ha quedado atascado. Si usted pudiese ayudarme...   La miré con una ceja enarcada, procurando no esbozar una mueca de desagrado. Esta tía se me estaba haciendo más pesada que un bulto de plomo.    —No creo que suponga mucha pérdida un collar tan hortero— dije con una sonrisa burlona.—Además está manchado de pastel y no quiero ensuciarme las manos.    Soltó una exclamación exagerada llevándose una mano al pecho con indignación.   —¿Cómo se atreve negarle la ayuda a una dama? ¡Usted es un maleducado! ¡Y también un bruto!—espetó despavorida.    —Y usted una pesada—sentencié pasando de lado de las otras dos que comenzaron a  darme sus joyas sin decir ni una sola palabra.   Mis ojos ni siquiera querían esperar a tenerla de frente y caminé hacia ella  antes de que pudieran darme todos sus objetos de valor, apartando el saco antes de tiempo, haciendo que sus joyas cayesen al suelo.   Me quedé parado delante de Marinette, mirándola como un gilipollas mientras que ella se quitaba sus pendientes y los depositaba en la bolsa.   Intentaba no mirarme a la cara evitando cualquier contacto de miradas. Se desabrochó el medallón de su cuello y soltó un suspiro pesaroso antes de echarlo al interior.   En ese momento, no me importó estar rodeado de residentes de la élite, me importó una mierda el rey ni su padre. Solté el saco que tenía y levanté ambas manos para tomarla de las mejillas. La obligué a levantar su mirada y posarla sobre la mía, examinando cada parte de su rostro, buscando cualquier rasguño que ese cabrón hubiera podido hacerle.    —¿Estás bien?—pregunté con suavidad.   Sentí como su cuerpo comenzaba a temblar y como sus ojos se desplazaban hacia la derecha, allá donde estaban las tres mujeres que no paraban de escanearnos a ambos de arriba abajo.    —¡Eh, ¿no tenéis otra cosa mejor que hacer?!—espeté malhumorado, esas tres estaban empezando a tocarme los huevos.—¡Ya me habéis dado todo lo que quería, así que largo!  Volvieron a gritar despavoridas, abanicándose con fuerza a la misma vez.    —Chat Noir, por favor—Marinette colocó sus manos sobre las mías para apartarlas de su rostro.—E-estoy bien...—titubeó—Coge todo lo que necesites y márchate.    —¿Crees que me quedo tranquilo después de esto?—inquirí frunciendo el ceño.   —Pues deberías estarlo—soltó ella,—al fin y al cabo, aquí es donde estoy a salvo.—Afirmó, aunque más bien, sonó como una ironía.—Nada malo puede pasarme si estoy junto al rey.    Maldije internamente captando cada una de las palabras que estaba pronunciando.   —Esto no es lo que...   —Por favor—me interrumpió ella levantando ambas manos.—No hagas esto más difícil.   Los dos nos quedamos fijos en los ojos del otro. Notaba la desesperación y el miedo en su mirada. Sabía que no estaba bien, lo que acaba de ocurrir sin duda supondría un problema para ella, especialmente con el rey y su padre.   Otra vez había conseguido ponerla en peligro.  Hiciera lo que hiciese siempre acababa lastimándola.    —¡¡Ya lo tenemos todo!!—exclamó Iván a mis espaldas.—¡Vámonos!   La rabia me consumía.  j***r no quería marcharme, no quería dejarla sola en todo la mierda donde yo mismo la había metido.    —¡Chat Noir!—insistió Nino.   Comencé a retroceder varios pasos, caminando hacia atrás sin dejar de mirarla.   —¡Ahora, idiotas. Disparadles ¿A qué estáis esperando?—el grito del rey fue lo único que logró sacarme de mi ensoñación.    Una nube de humo inundó mi campo de visión, cegándome de la  imagen de la única mujer a la que había amado.     Miraculous acaba de lanzar las bombas de gas.  Una señal que decía a gritos que tenía que alejarme de allí. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD