—Luhan…
Sus ojos se abren de par en par al verme, como si recordara quién soy, como si hayan pasado años desde la última vez que nos vimos. Su cabello va largo, ondulado, peinado hacia un lado para que le caiga elegantemente en los hombros. Sus ojos azules no dicen nada, como si hubiese perdido su gracia.
—Siéntate, por favor—dice Mammón y su voz retumba en toda la sala.
Avanzo esos pasos, veinte en total, hasta quedar sentada en la punta de la mesa. Todo es reluciente, hay demasiados cubiertos uno a cada lado del otro, para ensaladas, entradas, carne, postre, etc. Dos copas en total, una para el agua, la otra para el vino. Una vez que me siento, lo hacen los demás. Observo a Audrey, que me sonríe contenta de verme. Y Peyton me susurra algo por lo bajo, pero no entiendo a qué se refiere. Mi atención se vuelca en Luhan. En la manera en la que me observa, como si fuese su rayo de sol mañanero. Se ubica a mi lado izquierdo y me tiende la mano para que se la tome. Y no dudo en hacerlo.
—Bueno…—dice Mammón tomando un sobre que le dejan sobre la mesa—Tal parece que nos falta un comensal. Lo esperaremos pacientemente, ¿qué dicen? Mientras...iremos por la entrada.
Hace sonar una campanilla, y mientras que el ruido de puertas abiertas llena el lugar y las sirvientas se acercan a nosotros con platos de comida rebalsados, Luhan aprovecha la ocasión.
—No imaginé que fueras tú.
—¿En dónde estuviste? Creí que…
—Estuve en Francia haciendo recados para la Secta. Es complicado.
— ¿Por qué nunca me visitaste?
Sus ojos se vuelven pesados, como si le doliera recordar eso.
—Yo no…
— ¡Ah, no hay nada mejor que una cena en familia!—interrumpe la charla Mammón—¿Y bien? ¿No comerán? ¡El especial de hoy son nutrias a la parrilla con sesos de ternero!
El chico de traje plateado se inclina a un lado al ver lo que tiene en su plato y vomita. Yo haría lo mismo, aunque dejé todo en la celda.
—Veo que eres de estómago débil, Ulises.
Ulises se levanta y tira las copas que se astillan contra el suelo. Mammón queda estático en el lugar.
—¡No puedes retenerme aquí por mucho tiempo más!—grita el chico—¡Ya son doscientos años!
Payton se tapa la boca para no decir nada. Veo rasguños en sus brazos. Audrey, por su parte, baja la cabeza y aprieta los labios para no llorar.
—Era nuestro acuerdo—pronuncia Magno.
—¡Pero no de esta forma!
—Pediste riqueza para tu familia a cambio de tu alma.
—Dijiste que mi alma...que sería libre….
El demonio suspira cansado, como si esto ya lo hubiese vivido muchas veces.
—Una vez que tu familia llegue a cero en su cuenta bancaria, que estén en bancarrota, sí. Pero resulta que están en el apogeo de su vida….y adivina qué…—se ríe—¡No saben quién eres!
—¡Ahhh….!—grita Ulises.
Me hago a un lado para que los cubiertos que revolea al aire no me den. Se pone tan violento que Mammón se levanta, camina lentamente hacia él y lo toma del cuello con tanta fuerza que el chico deja de moverse, incluso de hablar.
—Ups—dice Luhan por lo bajo.
Mammón lo suelta y el cuerpo inerte de Ulises cae al suelo. Se limpia el traje y vuelve a su asiento mientras que las sirvientas vienen y se llevan el c*****r del chico. Lo arrastran por el suelo de vidrio, queda un rastro de sangre en él que, al parecer, no parece molestarle a nadie.
—¿En qué estábamos…? Ah, sí. Lo recuerdo….
—Señor—interrumpen.
Y Mammón estalla en cólera.
—¡¿Qué mierda quieres?! ¡¿Alguien más va a interrumpir la cena?! ¡¿Sabes cuántos años estuve planeando este momento?!
—Lo….lo siento, señor. Pero...pero el joven Robinson dice que le pateará el culo si no lo deja entrar ahora.
Mammón se ríe. Vuelve a su estado serio. Luhan y yo nos miramos. Él esboza una sonrisa, de aquellas que pone cuando se está conteniendo. Y por Dios que extrañé eso.
—Hazlo pasar—dice luego—¡Ahora!—el ser sale a las corridas y Mammón cierra los ojos—¿Alguien más tiene algo para decir antes de comenzar la cena? ¿Alguien...? Perfecto, entonces esperaremos.
Y nos mantenemos callados mientras que nos indica el menú de la noche. ¿Robinson? Eso significa que Scott está aquí. Pero ¿por qué? ¿A qué vino? ¿Para qué? Luhan toma un poco del vino de su copa y sonríe. Toma la servilleta de tela del plato y se la lleva a los muslos. Entonces se sacude un poco, como si la bebida lo hubiese hecho entrar en razón. Sin embargo, sé que algo le pasa. Lo conozco mejor que nadie aquí para asegurar que algo le preocupa. Ahora y siempre, Luhan seguirá siendo un misterio. El mayor y más elegante misterio de todos los tiempos.
Las puertas se abren. Gritos y más gritos irrumpen la sala, seguido de cuerpos que chorrean sangre que salen disparados por los aires. Incluso uno se estampa contra la mesa y los platos y bandejas caen al suelo estrepitosamente. Ninguno de nosotros se mueve, nadie quiere enojar al demonio de la avaricia. Pero hay algo de divertido en esto.
Scott entra hecho una furia en la gran sala. Va con una gabardina negra que se desliza por el suelo. Se mancha de sangre en cuanto pasa por un charco rojo. Pero a él no le importa eso, sino que sigue de largo, sin mirar a nadie, sin prestar atención a lo demás. Su cabello va alborotado, su rostro denota furia, enojo. Solo un movimiento de su cuerpo basta para que su figura se alce en el aire y flote para quedar encima de la mesa. Se arrodilla sobre ésta, pateando los relucientes platos. Toma a Mammón del cuello. Éste, a su vez, abraza a Scott.
—¡Llegas a tiempo! Esperábamos por tí, hermosura.
—Y una mierda—dice Scott con gruesa—Sé que algo tramas. Que tú la tienes.
—Siempre tengo trucos bajo la manga, hijo del Diablo.
—¿Si? Bueno, yo seré quien te patee el culo podrido de anciano si no me dices ahora en dónde ocultas a Blas.
Instintivamente, mi cuerpo actúa por sí solo. Me levanto del asiento y la silla cruje bajo la presión. Audrey y las chicas vienen a mi encuentro, las tres nos quedamos frente al gran espectáculo que se produce. Luhan, por su parte, sonríe ampliamente y se sacude el cabello de tal manera que le cae en ondas por los hombros. Se levanta de la silla y se para encima de la mesa.
Eso a Mammón parece no gustarle.
—Tú, engendro rubio del mal, bájate ahora mismo. Me costó una fortuna el mantel.
—Entonces podrás comprar otro—responde Luhan.
Es allí en cuanto Scott se voltea. No me mira a mí o las chicas, todo lo contrario. Sus ojos se agrandan al ver a su hermano menor de pie allí, frente suyo. Suelta a Mammón y va directo a Luhan. Nunca creí posible verlos abrazarse, pero aquí está: los hermanos Robinson unidos una vez más. Y cuando sus ojos verdes se conectan con los míos por primera vez en la noche, mi cuerpo recobra fuerzas.
—Hola, hermano. Tiempo sin verte—dice Luhan.
—¿En dónde demonios estabas? Pensé que...que tú…
Luhan larga una carcajada.