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1010 Words
ñ—No estoy muerto—y se toca el cuerpo—Al menos que yo sepa. Oh, también está tu amada princesa. Scott camina encima de la mesa hacia mi encuentro, sin embargo, antes de que pueda ponerme un dedo encima, Mammón aparece entre nosotros y me toma del brazo. Me aleja de Scott, quien ya está sobre el suelo con esa mirada de odio. —Suéltala. —Arruinaste el banquete, Robinson. —Tú y tus estúpidos y lujosos banquetes no tienen sentido. —Bueno, los sesos estaban deliciosos—acota Luhan y se encoge de hombros. —Tengo una idea—dice Mammón—Nos tranquilizamos todos, tengamos una cena y charlemos. Lleguemos a un acuerdo de paz—Scott avanza, aunque el demonio de la avaricia tira de mí hacia atrás—La mataré si no aceptas. Sin protestar, ambos hermanos toman asiento. Mammón me deja libre, nos ordena a las tres sentarnos y así lo hacemos. Entonces los cubiertos, las copas y platos rotos se levantan del suelo y se recomponen en un abrir y cerrar de ojos. El grito de sorpresa que lanza Peyton es agudo. Mammón toma asiento en su lugar y entrelaza los dedos con una gran sonrisa. Suspira cansado, aunque por fin tendrá la cena que tanto quería. Scott y Luhan, a cada lado mío, no le sacan los ojos de encima. —Muchas gracias por tus halagos, Luhan. Significa mucho para la cocinera que tu hermano asesinó. —No te preocupes, podrás conseguir otra—susurra Scott. —Cada humana en esta mansión fue seleccionada por mí en persona hace siglos y siglos, incluso cuando tú ni siquiera habías nacido. ¿Sabes lo costoso que resultaría encontrar a alguien como ella, que preparase los mejores creme brulé del mundo? Luhan se ríe. —Vele el lado positivo. Al menos podrás adelgazar un poco. Uriel, que aparece a mi lado, toma la copa de Luhan entre sus manos y bebe un poco del vino. —Oh...hace años que no tomaba o comía algo…. —Pasemos a lo importante—dice Mammón—¿Qué tienen para ofrecerme? —Ya te lo dije. Una patada en el culo. Te dolerá tanto que morirás. —Yo creo que sería más divertido si le metemos un palo… —¡Gracioso como de costumbre!—ríe Magno—Incluso cuando te dreno por completo no pierdes el toque. —¿Qué le hiciste a mi hermano? Luhan se tensa en el lugar. — Bueno, la pregunta correcta sería…¿qué no le hice? —¡Ja, ja, ja!—dice Luhan cómico—¡Está mintiendo, está mintiendo! —Vas a pagar por herir a mi hermano—dice Scott y se levanta de la silla. —¡El banquete..! —A la mierda. De un segundo a otro, Scott toma a Mammón del cuello y lo levanta en el aire. Luhan aplaude y ríe como si fuera gracioso, y verlo en ese estado, más loco de lo habitual, me pone la piel de gallina a un nivel jamás pensado. Entonces veo cómo Scott pronuncia algo en su idioma y el tatuaje en su piel, justo el de la espada con símbolos extraños, se ilumina. En la mano de Scott aparece una espada. Su filo no es plateado, ni dorado. Es n***o. El mango va amarrado a su mano como si fuera una parte de su cuerpo. Es larga, grande. Pesada. Se nota. Mammón, al verla, se retuerce. Quiere escapar, aunque Scott lo retiene. Luhan silva como si hubiera visto una chica desnuda. —Tienes dos opciones—pronuncia Scott—Hablar o morir. Mammón levanta las manos, tal vez para demostrar su inocencia ante el hijo del Diablo. Y sin embargo, Scott apunta el filo de la espada contra su garganta como si no pudiera esperar más para hacerlo. —Hagamos esto—susurra luego—Los dejo ir, si me dices de dónde sacaste la espada. —¿Por qué tendría que confiar en tí? —Ya me conoces—y se inclina hacia adelante con una sonrisa, provocando que la hoja del arma le corte la piel solo un poco. De la herida sale sangre negra, oscura, que se desliza por su cuello—Me gustan las cosas brilantes. Scott lo aleja de la espada y lo empuja de nuevo hacia el respaldo de la silla. Solo un movimiento de cabeza le basta para que, de la silla en la que se sienta Mammón, salgan metales oxidados y se envuelvan en su cuerpo para no dejarlo salir. Y cuando se mueve, allí en donde lo toca, la piel se quema largando un horrible olor. Luhan, como un niño pequeño que acaba de ver su juguete favorito, se acerca a Scott en pequeños saltitos. —¿Puedo verla? Di que sí, Scott. Di que sí… —Contigo tendré una charla luego—susurra Scott y pasa por su lado sin prestarle atención. Payton, a mi lado, se aleja con un grito de horror y cae al suelo al pisarse el vestido. Audrey y yo la ayudamos a levantarse. —Tranquila—pronuncio—Él no te hará daño. Payton… —¡Aléjense!—nos grita una y otra vez—¡No me toquen, no me toquen! —Payton...Scott no es el enemigo—la ayuda Audrey. Estoy por tomar su mano en cuanto Scott se aclara la garganta. —¿Podemos hablar? Su voz suena ronca, mucho más madura. Me pregunto qué tanto habrá cambiado en este año, me pregunto las cosas que hizo, a las personas que asesinó o a las que dejó de lado. Como hizo conmigo. —¡...el demonio te comerá y le dará tus sobras a los sabuesos del Infierno, pedazo de mierda…!—Luhan le dice a Mammón por detrás de Scott. En alguna otra oportunidad, hasta me daría gracia verlo y escucharlo. Pero no lo es, a decir verdad, ahora estoy tan concentrada en no escuchar a Scott que hasta los oídos parecen dolerme del intento.
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