—¿Perdón? —La voz de Rafael se tensó—. ¿Estás diciendo que Vicente y yo hablamos de cómo tratar a mi esposa… como si fuera parte de un plan? Lorena no se inmutó. —No es necesario que lo dijeras con palabras. Era evidente. El cambio fue inmediato. Parecía actuación. —Y tú asumiste que era todo un plan —intervino Esmeralda, con la mirada fija en ella—. ¿Y viniste a advertirme como si fueras una amiga? Lorena la miró, manteniendo la compostura. —No quería que te lastimaran, Esmeralda. Eso es todo. —No. Querías envenenarme —espetó ella—. Plantaste la idea de que Rafael me usaba. Que todo era parte de una imagen. Me hiciste sentir como una tonta. Rafael dio un paso al frente. —Lorena, nunca hablé con Vicente de Esmeralda. Nunca. Y si te atreviste a inventar algo así para manipularla… en

