Estaba parado en la biblioteca viendo por la ventana hacía la calle. Bebía una copa de vino cuando vio salir a Paulette de su casa, justo en frente. Iba del brazo de William y lucía sería, arrogante y altiva. Llevaba un vestido rosa y el cabello semirecogido. Siempre se había visto perfecta de rosa.
Siguió mirándola y dio un sorbo a su copa sonriendo recordando los buenos tiempos antes de su partida.
Paulette siempre había sido una dama y se portaba con absoluta propiedad. Todo el tiempo evitaba correr, gritar o hacer cualquier cosa que aunque consideraba divertida pudiera romper con los buenos modales.
Como correr o trepar en los árboles. Incluso sus hermanas eran capaces de correr y jugar al pall mall pero Paulette jamás. Ella se quedaba sentada admirando las vistas.
Ahora era él quien la miraba desde una ventana.
Volteó los papeles para darle lo que ella quería.
"Yo quería elegir mi vida. En un mundo perfecto jamás me casaría con Gadiel De Kent..."
Toda la noche había sido un desastre. Cedió a sus impulsos pero viéndola pasar con William supo que lo había arreglado.
Le había hecho un daño irreparable al tenerla para él, y había sufrido pensando en que Paulette pudo haber tenido un hijo suyo, pero al no recibir noticias de Anthony supuso que todo estaba en orden.
¿Y si las cosas hubieran sido diferentes?
En cuanto Paulette cruzó la esquina con William y dejó de verla puso la copa en la ventana y suspiró cansado. Tras escuchar la puerta abrirse volteó y vio a su hermana, Eloise. Aún lucía molesta pero que hubiera ido a buscarlo significaba que estaba abierta al diálogo. —El, ¿Todo en orden?
—No realmente. -dijo entrando del todo al estudio y cerrando la puerta. —Llevas dos años fuera sin una sola nota. Quería saber porqué volviste ahora. ¿Arruinarás la boda de Paulette?
—Anthony me dijo que sois amigas ¿Es así? -Eloise asintió y él sonrió. —Me alegra que haya encontrado una amiga leal en ti.
—Tú no fuiste leal con ella. ¿Viniste a arruinar su boda? Ha atrapado a un duque, eso cambia todo, Gadiel. No puedes hacerle más daño. Ella es una dama y merece más que tus desplantes. Lo que hiciste estuvo horrible. -dijo cruzándose de brazos.
—Veo que bajé en la categoría de favoritos. -dijo bromeando un poco. —Eloise, no voy a arruinar la boda de Paulette. Sé que ella merece cosas buenas, y por eso me fui.
Eloise rodó los ojos y soltó un suspiro muy cansino. —Ella te esperó ¿Sabes? Sentada en las escalinatas de la iglesia hasta que se hizo de noche y supo que no llegarías. Mamá no sabía donde estabas, nadie. Creí que eras más honorable que eso.
—Estambul. Ahí estuve. Fue un mal momento para viajar porque el país recién salía de una guerra contra Rusia y no pude enviar tantas cartas como quise. Hicieron un tratado los turcos y los rusos, así que creo que todo resultó bien. -Aquello no respondía la pregunta de Eloise, aunque no había hecho ninguna, solo un reclamo. —Nunca fue mi intención hacerle daño, Eloise.
—Pues lo hiciste. Ella me contó todo, Gadiel. ¿Cómo pudiste? Eso fue de brutos.
Al ver la cara de su hermana supo que ella sabía lo que había sucedido la noche del baile de compromiso. Fue por la copa y se sirvió otra dándole un sorbo. —No tengo porque explicar eso. Son cosas que no son para tus oídos.
—Ah, pero resulta que lo sé. Paulette estuvo llorando por noches esperando que volvieras e hicieras lo correcto. ¿Gadiel? ¿Estás oyendo?
Él se había quedado a la deriva recordando su pasado con Paulette.
—¿Qué quieres hacer?
—Nada. No contigo, al menos. -dijo ella con un libro en las manos para ignorarlo mientras fingía leer algo sobre Grecia.
—¿Quieres viajar?
—Lejos de ti, sí.
Gadiel desechó aquel pensamiento y miró de nuevo a su hermana intentando olvidarse de todo. —Yo no voy a arruinarle la vida a Paulette otra vez, Eloise. Puedes estar tranquila por ello.
—Es inútil hablarte, de verdad. Que bueno que no se casó contigo, la habrías hecho infeliz.
Aquella sentencia de su hermana lo hizo sentir frío por dentro. Se sentó y terminó su copa bajando la mirada. —Paulette habría sido infeliz porque no me ama, Eloise. Nunca me quiso. La libré de un compromiso que ella no quería.
—Después de acostarte con ella.
Su hermana ni siquiera debía saber aquella parte de la historia, pero si eran tan amigas como le habían dicho, era algo obvio. Era el hombre, debió asumir la responsabilidad pero ¿Cómo podía atarla a sí mismo si ella no lo quería? —Basta. Ni lo menciones, ¿Sí? Tú no sabes lo que pasó, no juzgues mis acciones si no tienes idea de que sucedió con exactitud. -dijo un tanto molesto. —Eso jamás debió pasar, y si hubiera sido realmente consciente no lo habría hecho.
—Pero no fuiste consciente. En eso tienes razón, la utilizaste, la avergonzaste y la humillaste. ¿Cómo puedo tenerte algo de respeto luego de que te portaste como un rufián? ¡Debiste quedarte y enfrentar las consecuencias de tus actos! Desposar a mi amiga habría sido lo correcto, Gadiel, no irte a Turquía. Y creo que le debes una explicación ¿No te parece? Ella merece que le digas porqué te fuiste. -Eloise abogó por su mejor amiga pero Gadiel sabía que no podía solo decirlo, ¿Qué sentido tenía? Era mejor ser él quien recibiera los insultos de "villano" y "rufián". Negó y terminó su copa. —Al menos madura.
—Eloise, entiendo que sientas que fui injusto, y sé que se ve muy mal pero debes creerme cuando te digo que tuve mis motivos, grandes, y todo lo hice pensando en Paulette. Estuve enamorado de ella y quise que fuera feliz.
Eloise no podía creerle. Se acercó y le quitó la copa para servirse ella un trago y beberlo a sorbos. —A ver si entendí tu pobre elección de palabras. ¿Amabas a Paulette y te fuiste porque la amabas? -Gadiel asintió y ella solo chocó la copa en la mesa poniéndola con rudeza haciendo un ruido sordo. —Eso es estúpido y no tiene sentido.
Y supo que quería decir algo más pero fue interrumpida por Anthony quien fue el siguiente en entrar al estudio. —Eloise, tu maestro de francés ha llegado, debes ir a tu clase ya. -Y así rápido, el mayor se deshizo de la menor quedando a solas con Gadiel luego de que esta saliera. —Vino a reclamarte ¿Cierto? Te dije que es amiga de Paulette.
Gadiel asintió y Anthony suspiró. —Sí, eso dijo. Lo entenderán en algún momento, por ahora solo estoy cansado y quiero evitar el tema por completo. -Resopló y se estiró en la silla mientras daba vueltas a la copa con la mano. —Quisiera estar solo ¿Puedo?
—Estás extraño. No eres el hermano bromista y feliz al que solía darle palizas en esgrima. ¿Qué sucedió? Sabes que puedes confiar en mí.
Pero su espíritu había sido quebrado incluso antes de irse a Estambul, ya no era el mismo Gadiel. Se notaba que no poseía ya el mismo brillo de su pasado. —¿Recuerdas cuando yo tenía trece años e hiciste que saliera de paseo con la señorita Della Rossa en Windsor? La llevé a un acantilado, me lancé al agua y ella se quedó mirándole como si estuviera loco. Salté, pero ella no lo hizo. Es una excelente metáfora para lo que pasó con mi vida hace dos años. Salté, me arriesgué y ella no lo hizo.
Anthony se sentó con su hermano a la mesa juntando las manos en su regazo. —¿Y después? Hay muchas cosas que no dices y sé que es por miedo. Pero no voy a juzgarte, yo también he cometido errores con Kate, pero hablarlos soluciona la mayoría de ellos.
—¿Y los demás? -Preguntó Gadiel y con la mueca que hizo su hermano mayor supo a que se refería de inmediato. Sonrió un poco y sacudió la cabeza. —Anthony, ¿Por qué escogiste a Paulette para casarme? Tú dejaste que Benjamín escogiera su pareja, y también soy un hombre. Entiendo si lo hubieras querido hacer con Daphne, pero ¿Por qué yo?
—Porqué sé que quisiste decir con tu metáfora del acantilado y el agua. -dijo su hermano con seguridad. —Siempre la viste de lejos. Intenté ayudarte a tener a la chica que querías y me equivoqué, el amor no es algo que se fuerza.
—¿Siempre fui tan obvio?
—Claro que sí. Mazo amarillo, sábanas amarillas, margaritas en tu mesa de noche, la veías de lejos por horas en el jardín mientras caminaba como toda una adulta entre las flores. Habría que ser estúpido para no darse cuenta. Y sí, sé que ella te odiaba, pero confié en que "del odio al amor solo hay un paso". Creí que se enamoraría de ti. Recuerdo la primera vez que la viste cruzando la calle aquí en Londres. Iba con una doncella usando un vestido amarillo, y desde entonces pusiste el color en todo lo que tenías tú. -Gadiel sonrió recordando ese momento.
Al igual que ese día también estaba en una ventana viendo a la calle.
—Es como un ángel. -Tenía diez años y tendencias a hacer bromas, pero en aquella ocasión con la nariz pegada al cristal mientras comía una tostada vio pasar a Paulette.
—¿Tú que estás viendo? -preguntó Benjamín asomándose al lado de su hermano Gadiel. —Ahí no hay nada.
—¿Y dices ser pintor? Hay una musa al otro lado de la calle, tarado. -dijo con una risita mientras terminaba de comer. Le señaló a la niña que iba con lazos amarillos y rosados en su cabello rojo y un vestido con encajes. —¿Ya la ves?
—Ah. Sí, ya la veo. -Anthony también se asomó y Benjamín le señaló. —Es la hija de los vecinos, Lord y Lady Della Rossa. Tienen tres, creo que esa debe ser la menor. Gadiel se enamoró. -dijo con una risita.
—No es cierto. Solo digo que es bonita. -dijo empujando a sus hermanos mayores para zafarse de sus bromas. Anthony se echó a reír y Benjamín se acercó alborotándole el cabello. —Basta Ben.
—Pues es una chica bonita, Gadiel. Tienes buen ojo para los detalles.
—¿De qué están hablando? -Su madre había entrado, lucía regia. Todos voltearon a verla y dijeron a coro un “nada mamá”. —Sé que no están acostumbrados a Londres pero es por…
La vieron suprimir las lágrimas y Anthony se acercó abrazando a su madre y hermana. —Mamá, lo entendemos. Esto fue bueno para todos.
Su padre había muerto.
Anthony era el heredero pero debía esperar para su coronación ya que aún no era mayor de edad.
Nadie hablaba de él, las niñas lloraban a veces por él, Gadiel debía admitir que él también lo hacía.
Y no se había sentido feliz hasta que vio a aquella niña pelirroja cruzando la calle con una doncella.
Miró a Anthony cargar a su hermana menor y sonrió. Su hermano mayor había asumido el rol de cabeza de familia y cuidado de todos ellos, Benjamín ayudaba siendo el segundo y teniendo dos años de diferencia con Anthony.
Él solo tenía diez, y en unos meses cumpliría once.
Y sería su primer cumpleaños sin su padre.
—Esta pequeña está creciendo muy rápido. Apenas puedo sostenerla. -dijo Anthony mientras mecía a la niña. —¿Cómo estás pequeña?
Y fue extraño para él, un niño de diez años pensar en el futuro.
Las memorias con Paulette eran de las cosas más bonitas que tenía y aunque su historia acabó mal nunca la olvidaría. Su primer amor. —Recuerdo ese día. -dijo Gadiel. —Estaba en el salón principal comiendo tostadas.
—Y la viste por la ventana. Solo la viste una vez y sonreíste. No habías sonreído en meses luego de la muerte de nuestro padre. Sé que te afectó y que casi no hablamos de él. Intenté igualarme a él para que no sintieran su pérdida, y hacer lo correcto, lamento si te lastimé, Gadiel. Cuando supe que el barón aceptaba tratos para que sus hijas se casaran con caballeros no dudé en ayudarte. Pero se conocieron y ella te detestó al instante.
Gadiel sonrió y asintió. —Sí. Lo recuerdo. Me dijo largirucho cuando nos conocimos. Le gustaba estar sola en los jardines oculta entre los setos. ¿Sabes? Algo que nunca conté es que luego de la muerte de nuestro padre, cada noche le pedía que me ayudara a ser feliz. Creí que había recuperado mi felicidad con Paulette. Luego de verla cruzando la calle pensé en el futuro, cuando fuera grande, quería tener lo que tuvieron nuestros padres, un matrimonio por amor y creí que podría ser así cuando nos prometiste. Pasé años sin verla cuando estudiaba en Eton y luego Oxford, cuando volví, la vi y estaba más hermosa que nunca con esos mofletes rosados que tiene y el cabello largo y rubio. Sentí de nuevo lo que pasó por mi mente cuando la vi de niña.
—Lo lamento de verdad, no quise herirte, Gadiel. Y sé que tú tampoco querías herirla a ella. Hablas igual que un iluso enamorado.
—El corazón de Paulette jamás fue mío. Siempre fue mi destino verla de lejos y ahora la veré casarse con otro y, aprendí que el tiempo no es rival para la memoria. Gracioso, jamás pasó nada. -Era una breve mentira, habían tenido una noche, una que debía bastarle para el resto de su vida aunque las quería todas. —Siempre tenía la tarjeta de baile llena en todos los salones que asistía por lo que nunca bailé con ella a excepción de la fiesta de compromiso. Jamás pasábamos de conversar sobre el clima cuando la visitaba en su casa, y se sentaba alejada de mí, con las manos en el regazo, mirando a todos lados menos a mí. Debí suponer que jamás sería mía. -Suspiró. La noche que compartieron ella estaba un poco ebria, lo besó, se entregó y luego lloró diciendo que todo era un error. —No voy a seguir regodeándome en ese recuerdo, Anthony. Pienso recomponer mi felicidad sin depender de Paulette para ello. Ella va a casarse y yo buscaré mi destino. -dijo y sonrió muchísimo más seguro. —Lo primero que debo hacer es simple.
—¿Y qué pensaste?
—En mudarme. Ya es hora que tenga un piso de soltero y vele por mis propias cuentas. Es vital en un hombre encontrar una finalidad ¿No lo crees? Tú tienes el título, Benjamín tiene intereses artísticos y es mecenas de arte y luego de ver la guerra de los turcos cara a cara no tengo interés en el ejército.
—¿Qué hay de clero? Podrías ser parte de la iglesia.
Gadiel comenzó a reír y negó. —Hermano, no tengo moral para ser parte de la iglesia. -Anthony igual rió a carcajadas y asintió.
—Tienes razón. Capaz dirías alguna broma estúpida en un púlpito frente a la congregación. Aunque tienes ya un plan, así que me alegra que hayas pensado por tu cuenta algo que hacer con tu vida. Encontrar un propósito es esencial para forjar tu camino. ¿Y el amor?
Gadiel no quiso pensar en que podía pasar con ese aspecto de su vida. —Soy joven, el destino puede depararme algo grandioso. Ahora sí me disculpas, debería ir a recuperar mi caballo.
—¿Eclipse? Lo llevé a Windsor, parece sentarle bien el campo.
—No. -dijo recordando su caballo n***o y sonrió. Su favorito desde siempre. —Tenía otro, Tornado. Me lo compré al llegar y venía en el caballo antes de que me trajeran los baúles, y en el parque cuando venía cabalgando para saludarlos, asusté a Paulette, cayó al barro y ella se llevó mi caballo. Cabalga como el mismo demonio ¿Quién le habrá enseñado?
Anthony alzó una ceja. —Interesante. ¿Paulette cabalga? Eso no me lo esperaba.
—Lo hace, como toda una amazona, y veloz. Así que ella tiene mi caballo.
Anthony no dijo nada al respecto, solo se levantó y le sonrió a su hermano. —Espero que resuelvas todo.
De nuevo solo, Paulette no estaba en casa por lo que no podía ir por su caballo. Era mejor hacer algo productivo.
Decidió que iría a buscar su piso de soltero perfecto para ponerse al día con sus escritos y dejar de pensar en Paulette. Salió de la casa Kent rumbo a Bloomsbury, pues, supuso que en ese lugar estaría lo suficientemente alejado de Paulette como para sentir la tentación de ir a ella e intentar convencerla que él podía hacerla feliz, confesar que aún tenía su corazón en las manos. —¿Pero de qué serviría?
Él mismo se respondió.
"No serviría de nada"
Renunciar a Paulette era de las cosas más difíciles que había tenido que enfrentar en su vida, pero la vida continuaba.
Fue en búsqueda de un agente que pudiera conseguirle la casa perfecta y luego decidió volver a pie, paseando por la ciudad. Vio algunos libros en una vitrina y decidió entrar a ver algunos.
No vio que alguien lo observaba de lejos mientras revisaba los títulos de los libros.