En el momento en el que entró a casa supo que había hecho todo mal. Estaba sucia de barro con un caballo que no era de ella y había olvidado a Nancy.
Tragó saliva nerviosa y vio a su madre en el salón. —Te agradecería que no dijeras nada. -declaró sintiéndose el doble de humillada debido a que todos vieron su caída en el parque...
Y Gadiel.
El príncipe había vuelto.
En sus ojos se notó la preocupación que sintió por ella al verla en el suelo, sin embargo, no pudo evitar pensar que su principal caída la había provocado él. Dio un suspiro y su madre siguió ahí, sentada en su sofá tomando una taza de té. —Al menos puedo saber que te pasó para que llegues en ese estado ¿Cierto?
—Me caí en el parque. -dijo extendiendo los brazos. —un jinete pasó con su caballo y tropecé cayendo en un charco. Nada grandioso.
—¿Un jinete? ¡Estos hombres son unas bestias! ¿Y ni siquiera se disculpó? ¿Y Nancy?
Paulette frunció los labios sin querer decir que Nancy se había quedado en el parque pues ella había llegado a caballo. Sin embargo, antes de poder decir algo, su doncella entró y se sintió más aliviada. —Aquí estoy, Lady della Rossa. Prepararé su baño, señorita Paulette. -dijo antes de irse rápido a la habitación de su señora para que se quitara el barro de encima. Se quedaron en silencio madre e hija hasta que una tercera entró en el salón corriendo como si hubiera visto un fantasma.
—¡TRAIGO NOTICIAS! -Philippa fue directo al lado de su mamá completamente agitada y riendo como una loca. —Es una bomba, será el cotilleo de la semana, no, del mes. ¡No te lo vas a creer, mamá!
Paulette sabía que no había mujer más cotilla en la ciudad, y que de haber sido otra mujer hace dos años, una que no llevara su sangre, habría sido de las primeras en contar su desgracia a cualquiera. La humillación que había sentido no se le había quitado en todo ese tiempo, así que decidió hacer caso omiso del chisme e irse a su habitación a quitarse el barro de encima. Philippa comenzó a sonreír y tomó la mano de su madre, mientras Paulette dejaba la habitación escuchó. —Gadiel de Kent, el príncipe, volvió a la ciudad. Mi esposo lo ha visto, estuvo en el parque, se fue en un carruaje de alquiler. Dicen que estuvo en Estambul.
—¡¿Cómo se atreve a volver?! -Su madre gritó ofendida y Paulette dio unos pasitos atrás para volver al salón. —¡Mira que mostrar su cara luego de lo que hizo! ¡Toda la boda hace dos años!
—Mamá, no hace falta que grites como una verdulera. -dijo Paulette mientras la veía. —Eso no puede ser verdad, Philippa. -descaradamente mintió a su hermana y ella negó. —No, lo digo en serio. ¿Estambul? Ja. Seguramente está más lejos de lo que pensamos.
—¡Te juro que no! Está aquí, en Londres, hermanita. Albion lo ha visto y dicen que llegó al palacio de Kensington hoy luego de un largo viaje. -Paulette negó y con la mueca extraña que hizo Philippa abrió la boca en sorpresa y se levantó de golpe. —No es cierto. ¡Tú lo sabías ya!
—¿Qué? No. No lo sé. -Paulette se mordió el labio y Catherine supo de inmediato que su hija menor mentía. Siempre hacía eso cuando decía alguna cosa que no resultaba verdad. —No me molestes, Philippa.
Catherine alzó una ceja y miró de nuevo a Paulette. Estaba sonrojada, nadie la hacía sonrojarse, jamás. —Paulette. ¿Acaso el jinete del parque fue el príncipe Gadiel?
Y como no contestó ambas damas supieron que así había sido. —¡Qué escándalo! -Dijo Philippa. —¿Por qué mentiste diciendo que no había vuelto? Hermana, sé que tu orgullo está herido, pero podrías dejarlo pasar, ahora vas a casarte con un duque, nada menos. Atrapaste a un soltero codiciado después de alejarte de ese idiota. Sí, es un príncipe, pero no tiene el carácter de uno. No fue amable contigo.
—Es que yo no me alejé de él, Philippa. Él me dejó plantada en el altar ¿Recuerdas que estuve esperando en la iglesia y nunca llegó? ¿Acaso olvidaste que me humilló delante de trescientos invitados nobles y en toda Inglaterra y tuve que ir yo a dar la cara? -se estaba poniendo aún más roja y no quería humillarse así otra vez. Sacudió la cara y su hermana alzó una ceja.
—Pero te enamoraste de Lord William Richfield. ¿No puedes dejarlo estar? Pasaste de estar con un tercer hijo que es príncipe pero que no tiene posibilidades de ser rey a un duque, tú saliste ganando.
"Solo visto desde el punto de vista del rango." -Pensó Paulette y suspiró. —Sí, claro. Salí ganando. -Le dolía el corazón aún y eso era lo peor. Dos años y seguía enamorada de Gadiel de Kent como el día uno. Bueno tal vez un poco después ya que no se enamoró de él tan solo verlo. —Da igual que volviera. No es como que sea importante. Seguro vino al bautizo de algún sobrino, ¿Qué no está embarazada la reina consorte? -dijo quitándose los guantes sucios. —mientras no me arruine la vida una segunda vez, puede ir a donde se le dé la gana. -Hablaba de una forma despectiva, pero es que no tenía otra opción que en medio de la humillación se aferrara a su orgullo. Recordaba que se sentía ser objeto de su atención y lo mucho que había sufrido al dejarlo ir. No quería que arruinara su oportunidad de ser feliz, ella merecía ser feliz. —Que se aleje de mí. No quiero tenerlo cerca ni que arruine nada por lo que he luchado.
Catherine notó como su hija se iba quitando las horquillas del cabello para soltárselo. Era evidente que Paulette ya había visto a Gadiel y más que eso, habían hablado. —¿Qué estás insinuando, Paulette?
Al sentirse un tanto acorralada solo alzó los hombros, no quería darle importancia y fingir que no le importaba era la mejor opción, si ella se lo creía, los demás también lo harían. Era mejor opción redirigir la curiosidad a otro lugar ¿Por qué no Gadiel? Él era el tema de conversación. Miró a su madre y con un tono altanero se defendió. —No lo sé. ¡Faltan tres semanas para la boda! Pero siento curiosidad. ¿Por qué ha vuelto? El príncipe no vino cuando su hermano tuvo un hijo, y se trata de su familia. —Se atragantó y tardó unos segundos en recuperar la voz. Gadiel no había vuelto un año atrás cuando su hermano mayor tuvo a su primogénito, incluso entonces había tenido esperanzas de que volviera y poder verlo nuevamente. Habría dado lo que fuera para verlo de nuevo.
Tenía que poner los pies en la tierra, él se había ido y no habría dado todo por verla de nuevo. Se tragó sus lágrimas mientras su nariz se ponía roja y su hermana la vio. Sabía que su hermana se había enamorado de Gadiel a pesar de que primero lo había odiado con todo su corazón. —Tal vez quiera reconquistarte... —sugirió Philippa, cogiendo un pastelito para comerlo mientras reía. —Quizá haya venido para impedir la boda. -y en el fondo, lo esperaba, Lord William era un hombre correcto, pero no era para su hermana, lo presentía. No la hacía feliz, Paulette no sonreía con él, siempre estaba fría, alejada. —¿Piensas que vino para eso?
Paulette se la quedó mirando horrorizada. Había dado en el clavo. Eso había dicho Gadiel en el parque. —El príncipe no puede hacer tal cosa —murmuró, a pesar de que en su mente volvió a escuchar a Gadiel diciéndole que había ido para montar un espectáculo. —No se atreverá. No lo hará, no puede hacerlo. Me niego a hacerlo. Y aunque intente algo no voy a cancelar mi boda. Seré Lady Richfield y todas sus oportunidades habrán terminado.
—¡Entonces aún tiene oportunidad! ¿Eso dices, Paulie?
—¡Santo Dios! —suspiró Catherine llevándose una mano a la frente. —Tenemos un problema. No creo que podamos resistir otro escándalo.
Philippa terminó su pastelito y se echó a reír. —Todo el mundo adora el drama. Ya me lo estoy imaginando, los invitados sentados en la iglesia, el vicario hablando de lo santo del matrimonio hasta que pregunta si alguien conoce algún motivo por el que los novios no puedan contraer santo matrimonio y el príncipe Gadiel se pone en pie...
—¿Qué? ¡Philippa! –Y de la nada saltó sobre su hermana y le dio un golpe en el brazo. —¡Eso no va a suceder! ¡No habrá ninguna interrupción en esta boda!
—¡Ay! —Philippa se quejó de dolor y aunque se sobó su hermana le dio otro golpe. —¡Dios, estoy bromeando!
—¡Basta las dos! Ya no tienen diez años.
—El príncipe no va a interrumpir mi boda. ¡Nadie va a arruinar esta boda! ¿Entiendes? No sucederá otra vez.
—La verdad es que Philippa podría tener razón esta vez. -Dijo Catherine imaginando la escena que había descrito su hija. —Volvió justo ahora y creo que aún te debe una explicación. A lo mejor quiere hacer eso para saber si tiene alguna oportunidad.
—¿No me dirás que crees que el príncipe ha vuelto para montar un escándalo? —le preguntó a su madre con horror. —No la tiene, madre. No volveré a caer, yo lo odio. ¡Lo odio con todo lo que soy! ¿Entienden? ¿O es que debo recordarles todo lo que hizo?
—Es un príncipe fuera de lo común, un muchacho que no le van las convenciones sociales, sería propio de él interrumpir la ceremonia. Seguro que creería que era una broma con mucha gracia.
—O podría ser un caballero. ¿No?
—¿Un caballero? —Paulette miró a su hermana sin creer lo que decía. —Philippa, ¿Un caballero abandona a su prometida en el altar y se va a Turquía? ¿Un caballero expone a una mujer al escándalo por sus acciones sin asumir las consecuencias? –“¿Un caballero es capaz de hacerle el amor a una mujer y olvidarla?” se preguntó a sí misma y negó con la cabeza. —No, Philippa, Gadiel de Kent es muchas cosas, pero no es un caballero. Lo odio. No quiero tener que volver a verlo en mi vida. -Y agradeció que Nancy fuera a buscarla. Caminó cruzando el salón para subir las escaleras y fue a su habitación a meterse en su tina de agua tibia.
Solo estando sola fue que se puso a recordar el pasado nuevamente.
***
Gadiel entró en el palacio de Kensington y su familia se sorprendió de que estuviera ahí. —¿Y? ¿No soy bienvenido?
Estaban con la boca abierta solo mirándolo y él sonrió. La primera en correr a sus brazos fue su hermanita más pequeña. —¡Gadiel! -Julia lo abrazó con fuerza y él la hizo girar antes de volver a poner en el piso. —¡VOLVISTE!
—Sí. Ay, Dios mío. -su madre fue la siguiente en abrazarlo con fuerza. —¡Dios mío! ¿Por qué te fuiste tanto tiempo? ¡Te extrañé tanto! -Volvió a abrazarlo con fuerza y sus hermanos uno a uno, excepto Eloise que se quedó un paso atrás. —Me alegra tanto volverte a ver. Hay mucho de lo que debemos hablar.
—Hola Eloise. -dijo Gadiel mirando a su hermana, ella asintió y le dio una sonrisa tímida. —Te ves muy bonita. Has crecido mucho. ¿Ya entraste en sociedad? Seguro ya están buscando con quien casarte.
Eloise asintió y terminó por retirarse a su habitación. Gadiel sabía que sería difícil volver, su familia, seguro estaría resentida por el escándalo. Pero tenía que intentar resolver las cosas. —Qué bueno que has vuelto. -dijo Anthony dándole unas palmadas en el hombro. —¿Podemos hablar? -Asintió y fue con su hermano mayor a su estudio, una vez estuvieron dentro y a solas, le sirvió un trago y se lo ofreció. —No viniste cuando te envié la nota del anuncio de mi hijo, ¿Qué pasó que ahora si vienes?
—No te andas con rodeos. -dijo bebiéndose todo el trago rápido y miró a su hermano. —Quiero pedir perdón por no haber venido al nacimiento de Charles, de verdad. No encontré valor para hacerlo.
Anthony alzó una ceja y sirvió un trago para él también y lo bebió rápido. —Tu familia estaba aquí. ¿Por qué te fuiste? Admito mi parte de la culpa. Con el compromiso.
"El compromiso". Anthony había hecho aquel contrato cuando él tenía diez años, pero sabía y entendía sus motivos como cabeza de familia. Gadiel pensó que aquel compromiso no supuso una carga hasta la noche en donde todo aquel castillo de naipes se derrumbó. Puso la copa en el escritorio y miró a su hermano. —No te preocupes por ello, Anthony. Volví.
—¿Y te irás de nuevo? La pobre de mamá estuvo sufriendo por no saber casi nada de ti.
—No, Anthony. Vine a hacer lo correcto. -sentenció. —He decidido renunciar a mis derechos de realeza y buscar una profesión. Ya no quiero estar dando vueltas sin establecerme. Me quedaré en Inglaterra y haré de mi vida algo con propósito. Vivir en Estambul me hizo aprender muchísimas cosas y sé que cometí muchísimos errores. Además, recibí una invitación de parte de William, para su boda.
Anthony lo invitó a sentarse y él lo hizo. Le dio otro trago y él lo bebió, más lento. —Su boda con Paulette. Tu antigua prometida.
—Lo sé. No haré tonterías, hermano. Lo juro por la memoria de nuestro padre. Yo no quiero que ella sufra ¿De acuerdo? Will la hará feliz, será duquesa cuando la boda se haga una realidad. Conozco bien a mi amigo ¿Sí? No voy a hacer de la boda de Paulette otro escándalo. No otra vez. -dijo dándole un último sorbo al trago. —Como dije, Anthony. Cometí errores y ya me humilló la misma vida. Es lo mínimo que merecía luego de todo lo que...
—Lo que pasó con Paulette. De verdad lo siento. No sabía que la odiabas tanto y me disculpo por haber forzado el compromiso. No te habrías ido si no te hubiera obligado.
¿Odiarla? Siempre le había encantado, era ADORABLE. Recordaba cuando la veía siendo una niña, escondida en los arbustos del jardín con la nariz metida en algún libro. Su manera de sonreír, y siendo la portadora de los ojos más azules que jamás había visto en otro lugar. Había amado a Paulette con todo su corazón. Sin embargo, no fue suficiente. —Bueno, eso no es como lo crees. Pero algo es seguro, Paulette y yo no estábamos destinados, Anthony. No la odio, solo... No habría sido tan bueno ese matrimonio. La habría hecho muy infeliz, y era mejor que me fuera.
—Pero aquí estás, tres semanas antes de la boda de Paulette y me pregunto por qué.
—Extrañé muchas cosas de casa. –dijo rápido. Confesar que se había enamorado de una mujer que no lo amaba era malo para su reputación. Sus hermanos se burlarían por meses. Mejor conservar el secreto. —Inglaterra es reconfortante.
No le creía. Notó la mirada de Anthony y trató de esconderlo nuevamente dentro de sí.
Si que había extrañado cosas en Inglaterra. Unos ojos azules, un cabello rubio, una sonrisa capaz de abrir el cielo y darle luz a un hombre. —Creo que le debes una disculpa a la señorita.
—Pretendo dársela. Iré a su casa a pedirle disculpas.
—Si es que te dejan entrar. La familia no es aceptada, a excepción de Eloise que es su amiga.
—Ya le conseguiré hablar.
—Y si es que te escucha. Te odia, la dejaste plantada en el altar sin explicación, bueno, una nota. Pero no la quiso. Y, espera, quiero que me la expliques. –abrió una gaveta y se la mostró a Gadiel. —"Lo que hago es por amor. Serás libre del compromiso que tanto te agobia.”; es lo que dice ¿No es así?
Lo sabía a la perfección. Miró a su hermano y asintió. —Es lo que dice.
—¿Querías a esa chica y la dejaste escapar? No es tu estilo.
Pero no podía explicar. No podía odiarla por no corresponderle a sus sentimientos. Hizo lo que hizo pensando en ella y luego de romperse en pedazos. Suspiró y asintió. La había dejado libre, ella era demasiado tímida como para romper el compromiso, y no lo quería. ¿Por qué tener una vida en común sin amor? Ella merecía que alguien la amara con todo su ser y que se ganara su corazón. —No me quiso. Fui el príncipe cuya chica no se enamoró perdidamente de él. No puedo odiarla, y no era suficiente que yo la quisiera. Necesitaba su amor, Anthony.
—Y no luchaste por ese amor.
—No podía. Intenté todo y no fue suficiente. Pero no te preocupes, aún hay muchísimo que debo hacer.
Y así capituló aquella conversación.
Salió del estudio y se fue a su vieja habitación, sus baúles llegarían pronto y quería descansar antes de seguir con su vida.
El pasado podía doler, pero había aprendido de ello.
***