Ella reunió todas las fuerzas posibles y se puso a la defensiva. Pelearía tanto como pudiera, así le costara la vida. Lanzó un par de golpes en el aire hasta que sintió el calor de un puñetazo sobre el pómulo. Dio un paso más atrás y trató de tomar impulso cuando recibió una patada. Llevó su mano hasta allí en medio de las risas de los tres. —Te ves preciosa hecha una leona, cariño. —Sí, sí. Se ve linda cuando se pone así. —Ya, ya. No perdamos el tiempo. ¿Quién va primero? Escuchó el sonido metálico del cinturón. El dolor y las náuseas no la dejaron pensar en una mejor estrategia para defenderse. ¿Qué podría hacer? Los postes de luz del callejón se doblaron como si fueran plastilina. Todo se volvió más n***o y frío, más de lo que se pudiera tolerar. Los tres hombres se quedaron pasma

