—¿Sabes lo que pasó ayer? Dejó a un lado la taza humeante de café. —Sí. Por supuesto. Se miraron y permanecieron en silencio por un rato. Cedric percibió una especie de magnetismo que le hizo pararse de la silla y avanzar hacia a ella. Helena, tuvo el impulso de salir corriendo pero no pudo. La cercanía de él le hizo temblar suavemente. —Hay algo en ti que hace que encuentre paz. Desde el primer momento que te vi. No lo puedo explicar. Ella no pudo decir palabra. Esos labios, esos ojos verdes, el destello rojizo de su cabello, esa fuerza de su cuerpo que emanaba hasta en el hablar. Quedaron frente a frente. Helena se concentró en el deseo de no desfallecer en ese espacio. Él le acarició el mentón con suavidad y posó sus labios sobre su frente. El corazón casi le estalló. Sonrió hasta

