Helena trató de comprender lo que sucedía. Estaba sentada con un tipo con un gran secreto que, a la vez, le hacía sentir que cargaba un peso insoportable. —A veces pienso en dejar todo esto. Ya no le encuentro el sentido de las cosas. —No digas eso. Fue lo primero que pudo salir de su boca después de mucho tiempo sin decir palabra. Cedric se levantó de repente y la miró. Se le hacía cada vez más difícil el resistirse ante los deseos de estar con ella. —Es mejor que me vaya. Puedes correr peligro aún si estoy así. Se acercó hacia los barrotes y cerró la celda con rapidez. Ella se acercó y lo miró fijamente. —Déjame ayudarte. —No puedes. Nadie puede. Se volteó para dejarla allí otra vez, sumida entre la duda, confusión y curiosidad. Volvió a caer la noche y Helena trató de resguard

