Se detuvo un momento porque se quedó hipnotizada por el movimiento de las olas y por el brillo de la arena. Parecía mentira que hacía varios días había estado allí a su suerte de no ser por él. Justo en ese momento se le presentaron una serie de posibilidades. Pudo morir por algún animal o por el hambre y la deshidratación. Sí, estaba presa pero también estaba viva gracias a la buena suerte y a la ayuda de un desconocido. —¿Quieres ir allá? —Sí, me encantaría. A medida que se acercaba, tuvo la tentación de salir corriendo. Calculó el estado de su cuerpo así como la ropa que tenía. Al salir, se percató de unos cocoteros y palmeras. Bien, no le faltaría comida ni bebida, al menos se mantendría lo suficiente para pedir ayuda o nadar. ¿Cuán lejos estaba de tierra? ¿Cuánto tiempo le llevaría

