Era el vigésimo día del séptimo mes del año. La luna llena, encendió el cielo con un brillo intenso y rojizo. Los habitantes de la villa se encerraron en sus casas. Las puertas y cualquier abertura, quedó bloqueada para que ningún intruso se le ocurriera aparecerse. La neblina descendió de las montañas y se coló entre las callejuelas. Era tan espesa, que los animales se arrinconaron entre sí para protegerse. Los perros ladraban y ningún insecto se atrevió a emitir sonido. El ambiente era denso. La oscuridad casi absoluta. Aunque todos tomaron medidas para protegerse del peligro sobrenatural, un joven hizo caso omiso a las advertencias. Salió de su hogar cálido para caminar por ahí, por mera rebeldía. Quería demostrarle a la gente que los cuentos de vampiros y hombres lobo eran eso, cuent

