Sebastián era el opuesto de su hermana. Pragmático, analítico y con una mente enfocada en los números, había encontrado su lugar en la empresa de seguridad que Enrique, su padre, había construido. Sin embargo, su juventud a menudo lo hacía dudar de sí mismo, especialmente cuando debía liderar equipos más experimentados. Laura recordaba una conversación que había tenido con él durante uno de sus momentos de inseguridad. —Mami, siento que nunca estaré a la altura de papá. Él tiene tanta experiencia, y yo apenas estoy comenzando. Laura lo miró con ternura y puso una mano en su hombro. —Sebastián, tu padre comenzó igual que tú, enfrentando retos y aprendiendo de ellos. No necesitas ser perfecto, solo necesitas ser tú mismo y dar lo mejor de ti. Esas palabras parecieron darle fue

