La luz fluorescente de las oficinas Warren & Asociados era fría y cansada, tintineando de vez en cuando como para recordar a sus empleados que seguían atrapados allí dentro. Jacob estaba sentado frente a su escritorio, rodeado de papeles amontonados, hojas de cálculo abiertas en la pantalla y una taza de café ya frío olvidada a un lado. Sus hombros estaban encorvados, su respiración era lenta y pesada, y sus ojos fijos en la pantalla vacía parecían ver a través de ella, como si la realidad se hubiera difuminado. Un leve temblor en sus dedos revelaba que su mente no estaba allí, sino atrapada en un rincón oscuro y sombrío de su memoria, uno del que parecía no poder escapar. —Jacob, ¿pudiste revisar el informe que te envié? —preguntó un compañero de escritorio, rompiendo brevemente la b

