Capítulo cuarenta. Una desafortunada historia. Alexandre lleva toda la mañana sin salir de la oficina. En la noche apenas pegó un ojo. Desde que recibi ese mensaje dichoso no ha pronunciando una palabra. Me tiene en suspenso debido a que aunque le pregunto al respecto, de su boca no sale absolutamente nada. Es como si su cerebro se hubiera quedado en shock y su lengua paralizada. Me paso la mañana en compañía de los pequeños, disfrutando un poco de la tranquilidad que me brinda estar a su lado. Muchas veces me paro a pensar en cuando crecen y hacen su vida. Amo su compañía, sus travesuras, sus ocurrencias y el día que eso me falte no se que será de mí. Me he vuelto una madre muy sobreprotectora, pero qué le voy a hacer si mis pequeños son mi vida. Llega la hora del almuerzo y decido ac

