Narra James La mañana siguiente debí tragar mi orgullo y baja a desayunar, de lo contrario moriría de hambre, tener que compartir una mesa con mi padre y tragarme mi orgullo, es la peor parte; pero no tengo de otra, dependo al cien por ciento de él. Desde que volví a casa he tratado de reconfirmar lo que vi, me preocupa tener razón, he deseado con todo mi corazón equivocarme y haber confundido a la chica del servicio, pero se me ha hecho imposible cruzarme con ella; sonará extraño, pero no he logrado verla dentro de mi propia casa. Sin importar las veces que me levanté en la noche, en la madrugada y las veces que merodeé por la casa antes de que saliera el sol, pero simplemente no la veo. —Espero que haya degustado su café de la mañana, señor Darío ¿puedo retirar la taza? —Si por f

