Narra Gabriela Aquella mentirita piadosa que según yo duraría una noche, se extendió más de lo que creí y me alcanzó hasta este punto, era obvio, no podía ocultarme para siempre; ya mis piernas dolían por correr de un lado a otro tratando de evitar al señor James, tenía que pasar, así que tengo que ponerle el pecho a lo hecho y pedir disculpas por lo ocurrido en la noche más loca y candente de mi vida. —No pretendía nada, señor James, de verdad. —¿Cómo llegó aquí entonces? Esto no tiene sentido, no pudo ser una casualidad, usted me mintió y luego… bueno, ya sabe lo que pasó, ¿Qué hará hora? ¿Cuál era su plan? ¿quiere dinero? ¿o acaso tomó algo que me pertenece? Puedo llamar a la policía en este momento. El hombre palpa los bolsillos de su pantalón en busca de móvil, lo que me hace al

