Narra Gabriela
James es todo lo que está bien en la vida, es un hombre divertido, atento, caballeroso y muy guapo. Esa noche me llevó a un hotel, me dijo que su casa la estaban remodelando por lo que debía quedarse en ese lugar hasta que su casa fuera entregada; cada que me comentaba algo sobre él, se notaba lo inteligente y disciplinado, de esos hombres que atienden negocios importantes, de los usan traje y corbata, de los que no tienen mucho tiempo para muchas cosas porque deben estar en la oficina detrás del escritorio que lleva la marquilla de CEO de algún tipo de compañía importante.
—Amo el vino —menciona sirviendo una copa—. Aprendí algunas cosas de mi padre, también es fanático.
Mis ojos brillaron aún más al escuchar esa parte, un hombre guapo, inteligente, trabajador y muy cercano a su familia ¿Qué más necesita?
—Oh, creo que sobre eso no puedo dar mi opinión, realmente hay muchas cosas que no sé.
—Es algo que se aprende con el tiempo, digamos que vas preparando tu paladar para eso, pero hay cositas que puedes aprender en cualquier momento y la puedes aplicar en el restaurante que quieras; quien esté a tu lado dirá que eras una experta catadora de vinos.
—¿De verdad? Eso si que me causa curiosidad.
James me pide que me acerque a él, así que me levanto de su sillón y camino a pies descalzos por su alfombra, él me entrega una copa y vierte en ella un poco de vino tinto.
—Bien, lo primero que debes saber; es que una copa de vino no se toma del cáliz, es decir donde se vierte el vino —dice haciendo la primera corrección, no hemos empezado y ya tenía la copa sostenida de donde no era—. Si lo sostienes de allí, lo que harás es calentar el vino con el calor de tu cuerpo, no vas a poder disfrutarlo en la temperatura correcta de su consumo.
Él mismo toma mi mano y la lleva al tallo de la copa, miraba sus manos tocando mis dedos y contenía una sonrisita nerviosa.
—Lo segundo será levantar la copa y mirar el contenido a contraluz, el líquido debe ser brillante, no turbio; lo que sigue será abrirlo, hay que menear con sutileza la copa para oxigenarlo, esto abre los olores a madera, fruta, tierra, especias e incluso; así mismo, puedes apreciar en las paredes de la copa las piernas o lágrimas del vino que son las que te dicen la calidad, entre más veas deslizarse por las paredes, es un vino de mejor calidad; después, el paso más importante, probarlo, aquí debes tomar un primer sorbo con el que delicadamente puedes “enjuagar” tu boca, es decir, que debes pasar todo el líquido para que los sabores que tengas en tu paladar desaparezcan y así puedas apreciar mejor el sabor del vino, y eso es todo.
Fruncí mi boca y lo observé con ojo achinados.
—Hasta donde hemos llegado, todo un protocolo para darle un trago a una copa de vino —mencioné llevando la copa a mis labios y dándole un sorbo sin tanto rodeo—. Aplicaré lo que aprendí en mi próximo evento formal.
El hombre se ríe de lo que hago y muerde sus labios.
—Me encanta tu sentido del humor, me caes muy bien, Nicol, debo admitirlo; empiezo a creer que fue buena idea ir a ese club esta noche.
—También creo lo mismo.
El hombre corta la distancia entre nosotros y me quita la copa de vino de las manos, luego sostiene mi cintura con sus dos manos y me pega a él; podía sentir en su aliento el olor del alcohol combinado con su perfume.
—Creo que puedes quedarte más de una hora conmigo ¿eso es posible? —pregunta en voz baja mientras roza su nariz con la mía.
En ese momento, lo que saliera de mi boca era crucial, de mí dependía si por primera vez en mi vida, podía pasar una noche con un hombre guapísimo.
—Sí, es posible —respondí dándole pie a que pase todo lo que tenga pasar.
Me repetí internamente, soy una mujer joven, estoy soltera, esta es una de las tantas maneras de disfrutar la vida; ¿por qué no? Por una noche que me permita todo y que no me cohíba nada, no perjudico a nadie; Alicia tiene razón cuando dice que algunas veces nos hace falta estos momentos de intimidad, también estoy en mi derecho de disfrutar de mi sexualidad.
—¿En qué piensas? —susurra él casi que tocando mis labios con los suyos.
—En lo mucho que quiero que me beses —respondí.
Los ojos del hombre se iluminan y sostiene mi rostro con sus dos manos, abre su boca sutilmente y captura mis labios, cerré mis ojos sintiendo como un hilito frio me recorre el pecho, que bien se sentían sus carnosos labios. Nuestros rostros iban de lado a lado en movimientos muy coordinados, sus manos volvieron a bajar a mi cintura y las mías a la altura de su cuello.
Lo que había empezado como una agradable conversación de dos extraños, se ha convertido en lo que puedo decir será la noche más candente de toda mi vida, no creo que algo así me suceda de nuevo, no volveré a ver a este hombre así que puedo soltarme sin que me importe lo que luego pueda pensar.
James mientras me besaba levantaba mi vestido lentamente, él daba las primeras señales de lo que pasaría por lo que también imité sus movimientos; así que desbroché los primeros botones de su camisa.
En el momento que el aire nos faltó, ambos nos soltamos y nos miramos, mientras me recuperaba lo miré de pies a cabeza, él hizo lo mismo, de un salto nos volvemos a juntar y nos volvimos a besar como si no hubiera un mañana; en ese segundo beso lleno de más calor, James subió aún más mi vestido hasta llevarlo a mi cintura, en ese punto ya ni pensaba, la excitación la tenía en la cabeza. levanté mis brazos y este deslizó aquel vestido que mi amiga me prestó hasta hacerlo volar por la habitación de hotel. Como si necesitara de mis labios, vuelve a tomarme entre sus enormes brazos y era mi turno de continuar desbrochando esos botones, él me ayuda un poco hasta que su camisa también sale volando hasta caer sabe Dios donde.
—Eres jodidamente sexy, Nicol —susurra en mi boca mientras sus manos aprietan mis glúteos.
James me levanta para que rodee su cuerpo con mis piernas, es tan fuerte que me hace sentir la más liviana del mundo.
Sus brazos grandes y musculosos me presionan contra él, para que su rostro se hundiera entre mis pechos, él podía caminar en dirección a la cama mientras me acariciaba.
En el instante que llega al borde de la cama, me recuesta sobre ella con una delicadeza que me excita aún más, sobre todo, porque desde donde estaba podía tener un mejor ángulo de su cuerpo. Su pecho era como uno de sus escaparates, un verdadero macho alfa, pecho de acero, lomo plateado, fuerza de toro, caballero de la noche; en resumen, un caballo que cualquier mujer quisiera cabalgar una y otra vez.
James desbrocha su pantalón frente a mí, la mejor imagen de él fue cuando quedó solo en ropa interior, sus piernas eran gruesas y varoniles.
Este hombre de cuerpo de ensueño, sube su gigantesco cuerpo sobre el mío, volvió a llenarme de besos y esta vez no en mi boca, había bajado las copas de mi sostén hasta dejar mis pezones al descubierto. Estuve a punto de arrancarme los labios por morderlos ante lo que sentía, mi piel se hacía de gallina por como sentía que mi pezón era absorbido. Hundí mis dedos entre sus cabellos y lo presioné en mi pecho. Lo que no vi venir, es que una de sus manos traviesas, bajarían hasta mi entrepierna para volverme loca, James hace mi hilo de encajes a un lado y sin rodeos sumerge sus dedos entre mis labios vag*nales, ya sentía lo mojada que estaba por las caricias de este desconocido.
Arqueaba mi espalda por su manera de frotar mi cl*toris, sus dedos se deslizaban fácilmente por la humedad, mis piernas sentían espasmos que eran las primeras señales de que estaba por terminar, pero parece que él no quería que terminara así; por lo cual, soltó mi pezón y saltó rápidamente a mi entrepierna, cuando sentí que su rostro había bajado a esa parte, supe que ahora estaba más perdida que antes. James con sus dedos despejó la zona por donde pasaría su lengua, blanqueaba mis ojos por lo mucho que me hacía sentir, por más que quise resistir, aguantar, sostenerme de las cobijas, no pude; con unas lamidas, un par de chupetazos, me hizo terminar. Como si fuera poco y para aumentar en gran medida lo que había experimentado, se vuelve a subir sobre para esta vez acomodar su m*****o en mi centro.
Mientras tenía mi boca prisionera de la suya, fue entrando lentamente en mí, era la primera vez que sentía algo igual; era más satisfactorio de esta manera, sin mencionar que en el instante que empezó a moverse tuve que aferrarme en su cuerpo y seguir soltando gemidos que resonaban por todos lados.
El hombre se arrodilla y sostiene mis piernas en el aire, lo miraba con su ceño fruncido y su frente con gotas de sudor, sentirlo dentro de mí mientras podía apreciar su cuerpo, era increíble; esta sería una noche que jamás olvidaría. Sus movimientos se hicieron más violentos, esta vez sus manos estaban en mi cintura, me sostenía con demasiada fuerza, hasta mis pechos revotaban con mayor ritmo. Sentí mis pies entumecerse, justo en ese ritmo lo disfruto el doble que antes, abrí mi boca y saqué su nombre desde lo más profundo de mí.
—¡Oh, James!
Él se mueve con más fuerza y espera a que vuelva terminar, en sus gestos sabía que estaba aguantando, después que me vio acabar, saca su m*****o para terminar sobre mi abdomen. Sus gestos de placer eran increíbles, como su cuerpo y cada uno de sus músculos se contraían por su orgasmo, eran todo un placer de mirar.
James cae a un lado de mí, toma mi cuerpo y hace que me apoye en él, podía escuchar los latidos de su corazón acelerados, en ese instante no tuvimos más que decir, el agotamiento de una larga y apasionada noche, nos llevó a quedarnos rendidos.