Capítulo 7: Me descubrió

1557 Words
Narra Gabriela La señora Lorna se encargó de mostrarnos cada rincón de esa mansión, era muy clara con lo que se esperaba de nuestro trabajo, pero de todo lo que dijo, solo un par de cosas era lo que iba grabando en mi cabeza; no podía poner toda mi atención en ella después de descubrir que el hombre con el que pasé una noche lujuriosa, vive en la casa donde trabajaré. —Dentro de la mansión somos un equipo, uno está para apoyar al otro; si en algún momento Gabriela deja pasar algo por alto, pero Lorena puede ayudar, lo hace ¿de acuerdo? Si hay una visita, un evento o cualquier situación que sea y en el momento no está la persona que solicitan, si usted está disponible, por favor ayude a su compañero ¿estamos? —Si señora. La mujer nos mostró la cocina y nos presentó a la señora Dina, la encargada de preparar las comidas, al parecer en esa área solo está esta mujer. Por otro lado, nos mostró el resto de áreas importantes; el salón, comedor, cuartos principales, baños principales, gimnasio, lavandería, hasta un cuarto de audio visuales. —En las áreas libres está el jardín, aquí verán al señor Gerardo, él también tiene conocimientos sobre mantenimiento así que pueden preguntarle a él cualquier cosa que necesiten, por acá atrás tenemos la piscina, ya tenemos a Oscar, él viene cada tanto tiempo para hacer mantenimiento a la alberca; si pueden notar, esa puerta corrediza de cristal que ven al fondo, da a la cocina, es un atajo para que no rodeen toda la casa para venir a esta parte; oh, por la parte trasera de la mansión están los estacionamientos, pero en esa área no tendrán que hacer muchas cosas, así que luego les presentaré a Alejandro que es el conductor, quien por cierto llegó hoy también. Asentía a todo lo que la ama de llaves nos decía. —¿Alguna pregunta? —Sí —dice Lorena—. ¿Cuáles son nuestras funciones específicamente? Me gustaría conocer los horarios y todas esas cosas. —Les daré un cronograma diario de sus funciones, no se preocupen. Por ahora, les mostraré cuáles serán sus habitaciones. En la planta baja están nuestras habitaciones, en uno de los últimos pasillos de la mansión. —Tienen todo lo que necesitan, un baño interno, closet, elementos de aseo que mensualmente se estarán reponiendo. Mi habitación es la última puerta del pasillo siguiente, si en algún momento ocurre algo, ahí pueden encontrarme en mis horas de receso. Ahora, desempaquen sus cosas, las veo en treinta minutos en el recibidor. —Sí, señora Lorna. Las habitaciones son pequeñas, pero muy acogedoras, estaban una al lado de la otra. —Aquí todo es demasiado formal, ¿de has dado cuenta? —Eh… Tenía la mente en otra parte, lo único que ahora me preocupa es James, pienso en cómo hacer para que no me vea o me reconozca ¿será posible evadirlo dentro de su propia casa? ¿será que se acordará de mí? —Aish, soy una tonta —pensé en voz alta. —Lo sé, también me dije lo mismo cuando entré a esta casa, te entiendo. Lorena me da dos palmaditas en el hombro y entra a su habitación. Lo único bueno que hasta ahora puedo ver, es que tendré mi propio espacio, del resto, todo es una mierd*. Media hora después, la señora Lorna nos entrega nuestro primer cronograma, según esto me encargaré por esta semana de las habitaciones principales, recibidor, sala de estar, etc. Es decir, del área principal de la mansión; lo que no me parecía la mejor idea, prefiero estar la primera semana en otra área, aquí debo cruzarme con todos los habitantes de la casa y obviamente no quiero. Tuve la tentación de pedir un cambio, pero es mi primer día, no puedo arrancar con exigencias. —¿Estás preparada? —me pregunta Lorena. —No lo sé, creo que sí. Esa sensación de nervios combinada con miedo, no salían de mi pecho, no me hace falta que nadie me juzgue o me diga “te lo dije” porque yo sola me doy palo. —Bien, supongo que nos veremos más tarde; debo ir al otro lado de la mansión. —Suerte —le dije sabiendo que soy yo quien la necesita. Caminé hasta las escaleras que están en la sala de estar, pues las habitaciones principales están en el segundo piso. Al llegar al inicio de las escaleras, me di cuenta que el señor Darío estaba en la sala de estar leyendo un libro. Este hombre se veía todo refinado con su pierna cruzada y su taza de té, hasta ahora me doy cuenta que tiene mucho parecido con James. Traté de pensar en alguna de las cosas que él mencionó aquella noche y fue poco lo que dijo de su vida privada, ahí está mi primer error; me acosté con él sin saber por lo menos su apellido, ¡carajo! hablamos mucho, pero de cosas cotidianas. Aunque, de lo poco que mencionó de él, recuerdo que dijo que estaba en un hotel porque su casa la estaban remodelando, parece que hablaba de esta casa, solo que olvidó mencionar que era una lujosa mansión. Algo más, él dijo algo sobre… sobre su padre, abrí mis ojos y miré de nuevo al señor Darío, por la forma en que le habló a su papá en frente de nosotras, parece que no tienen una relación tan cercana como creía. Llegué al segundo piso y miré un largo pasillo, así que iré desde el ultimo, hasta el primero. Fui al fondo del pasillo y doblé a la izquierda, en esa puerta me topé con un armario; en la siguiente encontré un baño, uno que parece no estar en uso. Me iba familiarizando con cada área de la mansión Hankman, me topé con una oficina o cuarto de estudio, no estoy segura, con tres habitaciones principales y una biblioteca. De las habitaciones principales, una de ellas estaba intacta, el closet estaba vacío, las camas estaban hechas. En la siguiente, había un rico aroma a lavanda, todo estaba organizado al punto de preguntarme ¿Qué tengo que hacer aquí? La cama estaba tendida, el closet perfecto, lo único que hice fue tomar el canasto de la ropa sucia y sacarlo para llevarlo al área de lavandería. La siguiente habitación, pensé que sería igual que la anterior, pero no, era un completo desastre; de solo abrir la puerta me topé con una enorme cama que estaba desordenada, había ropa en el piso, aun las cortinas estaban cerradas, algunos cajones abiertos y que decir del closet, era como si un remolino hubiese entrado y descolgado las camisas. Aquí si hay mucho por hacer. Empecé a recoger la ropa que estaba en el piso, mientras pensaba en como enmendar esta situación, no quiero que mi trabajo se vea afectado; es mi primera asignación, no puedo tener tan mala suerte que pidan un cambio en mi primer día o que en el peor de los casos me despidan de la agencia. ¿Debo hablar con él? ¿Debería esperar a que regrese para aclarar esta situación? No, no, no, no quiero hacer eso; me moriré de vergüenza, ¿Qué pensará de mí? ¿Qué lo engañé? —Mierd* ¿Qué hago? Llevé mis manos a mi cabeza y traté de tranquilizarme, tomé aire y lo retuve por unos segundos, lo fui soltando lentamente y traté de pensar en positivo; todo estará bien, las cosas se van a resolver de buena manera, todo estará bien. Volví a tomar el canasto de la ropa sucia y saqué las cobijas para poner unas nuevas, las que estaban se veían sucias, me enfocaré en hacer un buen trabajo, ¡Vamos Gabriela! Luego de abrir las cortinas y de ordenar todo, le di un vistazo a la habitación, todo parece estar impecable, en el momento que me incliné para tomar el canasto de ropa sucia, me di cuenta que debajo de la cama había quedado algo, fruncí mi ceño y caminé hasta el borde de la cama, me puse en cuclillas y metí mi mano para tratar de alcanzarlo, por más que estiré mis dedos no podía; terminé arrodillada en el piso para sacar un calcetín que al abrirlo frente a mí lo pude reconocer, es… es… el otro calcetín de… ¡Carajo! Esta es su habitación. —¿Ya terminó? —pregunta alguien detrás de mí. Cerré mis ojos y apreté mi puño al reconocer su voz, esto no me puede estar pasando a mí. —Le hice una pregunta —repite el hombre. Aclaré mi garganta y respondí con voz engolada. —Sí. No me atrevía a poner de pie, no quería que me viera, ¿por qué no se mueve? —¿No piensa salir? Mordí mis labios y tragué sonoramente, me puse de pie y bajé mi cabeza, empecé a rascar entre mis cejas para tratar de cubrir un poco mi rostro. El hombre se hace a un lado para que salga, así que mis pies se preparan para correr tan pronto cruce la puerta. —Espera —dice él haciendo que me detenga y con eso mi corazón. Hasta aquí me trajo el río, me ha descubierto —pensé.
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