Narra Gabriela
—Te voy a extrañar, ya me empezaba a acostumbrar a tu compañía, ¡ay, no quiero que te vayas!
Alicia me sostiene con más fuerza, al punto de sentir que se me cortaba la respiración.
—Tendré algunos días libres, vendré a verte, igual puedes escribirme.
Ella seguía aferrada a mí como si no fuera a verme más.
—Tan pronto te instales, me avisas, necesito que por favor me mantengas al tanto de todo; si alguien te trata mal, solo dime que yo me encargo con llegar con la policía, por favor, nunca me ocultes nada.
—Ali, creo que estás viendo demasiadas novelas, estaré bien.
No tenía muchas cosas que empacar, lo bueno, es que la agencia me ha dado uniformes cómodos para mis labores.
—¿Puedo ir a visitarte? —pregunta ella mirándome guardar mis cosas.
—Quita esa cara de ternero a medio morir, me estás haciendo sentir triste; deberías estar feliz porque también lo estoy, esto es gracias a ti.
—Lo estoy, pero no pensé que fueras a irte tan pronto.
En la agencia solicitaron a dos jóvenes, parece que fue algo de urgencias porque todo el resto del proceso fue acelerado, lo que es bueno para mí. Nos instalarán en una mansión para oficios generales, según la coordinadora estoy apta para distintos oficios; realmente, sé hacer de todo, el tiempo que estuve con mi madre e incluso los dos años en casa de mi abuela, le ayudaba con todo lo relacionado a la granja, eso es un trabajo aún más duro.
En la agencia fueron muy claros con algunos aspectos, como el saber responder de manera formal a los miembros de la familia con la cual estaremos, el recibir las ordenes de buena manera, cumplir con las reglas internas de la vivienda, tener cuidado con lo que vemos o escuchamos y demás asuntos que puedo manejar, no he visto el lado complicado de esto, será pan comido.
—Lo sé, tampoco pensé que fuera tan pronto, pero mira el lado positivo, tendrás el apartamento solo cada que David quiera venir a visitarte.
—Oh, no me acordaba de David, iré a revisar el móvil.
La coordinadora de la a agencia fue la encargada de llevarnos a nuestro nuevo lugar de trabajo, estaba entre nerviosa y feliz, tenía mucha ansiedad por llegar y conocer el lugar en que viviré por seis meses.
—Espero que no hayan olvidado la preparación que tuvieron, ambas son chicas muy buenas y se desempeñarán bien en sus labores, recuerden que el tiempo de duración en esta casa, dependerá de ustedes.
—¿Cómo? —cuestioné al no comprender esa parte.
—Si la persona que solicita el servicio decide pedir un reemplazo, está en todo su derecho, así que de ustedes depende el tiempo que duren en estos lugares; la meta es que estén aquí por un periodo largo, confío en ustedes y en que dejarán el nombre de la compañía en alto. Recuerden, dentro de estas casas deben estar…
—Ciegas, sordas y mudas; la prudencia es lo más importante —terminamos al unísono mi compañera y yo.
Nos bajamos del auto con una maleta de mano, mi compañera y yo estábamos impecables, ambas portábamos un vestido de color azul claro que nos quedaba a la altura de las rodillas, tenía cuello blanco y botones del mismo color, acompañado con zapatillas blancas muy cómodas. En mi cabello castaño claro hice una trenza larga que al final sujeté con una liga.
—Bienvenidas a la mansión Hankman, chicas, por favor síganme.
Miré a Lorena, la chica que camina a mi lado, ella suelta un suspira y me sonríe con nerviosismo.
Al ingresar a esta enorme mansión, nos recibe una mujer de unos cincuenta años, quien vestía de manera formal.
—Chicas, les presento a la señora Lorna, ella es la ama de llaves de la mansión Hankman; será quien supervise su trabajo y les asigne las labores específicas de cada una de ustedes.
—Un gusto, señoritas.
Mientras seguíamos en el recibidor, llega un hombre también de avanzada edad, ya tenía cabellos blancos en su cabeza.
—Oh, Darío, es un gusto verte —dice la coordinadora de manera espontánea—. Es un gusto verte después de tanto tiempo, ¿Cómo está Leticia?
—Ella está de maravilla, se pondrá feliz cuando le diga que hoy nos has visitado.
—Sí, he venido con dos personas, respondiendo a tu solicitud.
—Oh, ellas son las chicas de la agencia ¿verdad?
—Sí, ella es Gabriela y ella es Lorena, de nuestras mejores chicas.
—No sabes lo agradecido que estoy con que me hayas ayudado, es que mi hijo volvió hace poco a la ciudad y esto es un completo desastre; como ves estaban haciendo arreglos en la antigua mansión de mi padre que ahora será su nuevo hogar, yo solo estaré por un tiempo dejando todo funcionando antes de irme, de verdad, muchas gracias.
—No tienes que agradecer, verás que no te arrepentirás de confiar en nuestra agencia.
La señora se despide del hombre y por último se dirige a nosotras.
—Señoritas, quedan en su nuevo hogar, estaremos en contacto.
La coordinadora sale de la mansión y desde este momento, oficialmente, iniciamos con nuestro primer día de trabajo.
—Señora Lorna, por favor, dígale a mi hijo que baje.
—Como ordene, señor Hankman.
El señor Darío, quien parece ser nuestro jefe porque fue quien solicitó nuestro servicio, nos pide que lo acompañemos hasta una gigantesca sala de estar. Lorena y yo caminamos detrás de él mirando todo a nuestro alrededor.
—Papá, te dije que no contrataras a más personas, de verdad, puedo manejarlo —se escucha una voz que viene desde el segundo piso.
Miré a Lorena y esta levanta sus hombros, desde donde estamos no logramos ver con claridad.
—¿Esta es tu manera de recibir a las personas que de ahora en adelante te ayudarán con el funcionamiento de tu casa?
—Esta no es mi casa, mi casa está en Los Ángeles.
—Pues aquí vivirás y eso está decidido, ahora baja, tienes que presentarte —dice el señor con tono serio.
Se escuchan unos pasos cada vez más cerca, miramos hacia las escaleras y de apoco se fue dibujando la silueta de un hombre.
—James, ellas son Gabriela y Lorena, se encargarán de la limpieza general de la mansión.
Esto no podía ser posible, era James, el mismo James que conocí hace unas noches. Abrí mis ojos ante el asombro y bajé mi cabeza rápidamente para no ser reconocida, mi corazón se sobresaltó y mis nervios se apoderaron de mí.
—¿A quién más contratarás? —pregunta James.
¿Cómo no reconocí su voz? Mordí mis labios mientras trataba de ocultarme detrás del señor Darío.
—Al personal necesario para que no dejes caer este lugar en pedazos.
—Parece que siempre será lo que digas, está bien, resuélvelo; no creo que me necesites, así que saldré un rato —responde él caminando en dirección a la puerta.
Mantuve mi cabeza abajo y disimuladamente rasqué mi frente para ocultar mi rostro, al pasar por mi lado sentí el olor de su perfume y me maldije por lo que hice esa noche, esto no puede ser posible.