Katrina estaba absorta en su atril, sus pinceladas precisas,no era una pose casual, sino una inmersión total en la que el mundo exterior apenas existía. —¡Guau! Eres realmente buena, chica —dijo una voz a su lado. Era Molly,que se había acercado sin que Katrina se percatara, y ahora observaba el lienzo con una mezcla de admiración. —Gracias, es solo inspiración —respondió sin alzar la mirada, concentrada en su labor. —Es magnífico. Su mano se movía con una fluidez automática, trazando la silueta de una joven frente al mar. —La chica, ¿eres tú? —Sí, soy yo. Mirando el mar por última vez. —¿Eso es en el sureste de Rumania, verdad? —Molly frunció el ceño. —Sí, ¿conoces Rumania? —No, pero leí el Conde Drácula. Pero el Mar n***o no tiene esos colores.—Molly, con su pincel en l

