Nadie quiso hablar con Conrado después de que Gladiola se fue. Con ese silencio, parecía que todos los presentes dejaban claro su descontento con él. —¿Qué harán? —preguntó Azael, buscando alguna señal de consenso. —Nos iremos —respondió David con firmeza—. Preferimos estar lejos de esta casa, y sobre todo, de Angelica. Azael asintió, comprendiendo la decisión. —Mañana intentaré hablar de nuevo con el abuelo, pero si su actitud no cambia, también nos marcharemos —añadió Azael, tomando la mano de Zahara, buscando un respiro lejos del caos que los rodeaba. Cuando regresaron a la villa, los niños ya estaban dormidos. Zahara los observó desde la puerta de su habitación. No quiso despertarlos, pero su mirada protectora no se apartaba de ellos. Azael se acercó por detrás y la abrazó suavem

