*Narra Lila*
Cuando acabaron las clases salimos. Papá estaba apoyado en el coche. Me acerqué.
── ¿ya no estás enojada conmigo? -sonreí.-
── no, lo siento papá, tienes razón, Mónica puede hacer lo que quiera con su vida.
── hasta que al fin lo entiendes.
Nos abrazamos.
── aunque no lo creas te he echado de menos, eres pesada y te encanta discutir, pero sobre todo eres mi hija.
── gracias por el halago, eh -dije sonriendo.- yo también te eché de menos papá.
── ¡hola señor Julio! -gritó Madison, sonreí.-
── ¡hola Madison! -la madre de Madison saludó a papá con la mano desde lejos.-
── ¡hasta mañana Lila!
── ¡hasta mañana Army! -le grité. Me hizo un corazón con las manos. Sonreí.-
── ¿Army? ¿qué es eso?
── a Madison le gusta el Kpop, que es un estilo de música coreano, lo del army no lo entendí muy bien, pero creo que es como su grupo favorito le dice a las fans.
── ah, interesante.
── a ver, ¿qué vamos a comer? -le dió la vuelta al coche. Entré y me puse el cinturón.-
── vamos a comer pasta.
── vale.
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Al día siguiente Madison y yo estábamos sentadas en nuestras mesas, aún no había entrado el profesor, así que estábamos hablando.
── hagan silencio por favor -dijo el profesor cuando entró. A su lado había un chico.- él es Matthew y estará con nosotros lo que queda de curso. Siéntate en la única silla que hay libre.
Matthew empezó a caminar por el pasillo con la vista de todos puesta en él. Se sentó al final.
Miré a Madison.
── es guapo -susurré.-
── estás mal de la cabeza -dijo sonriendo.-
Sonreí y mordí mi lápiz.
En el descanso salimos. Fuimos a la cafetería y compramos la merienda.
── pobre, está solo, vamos con él -cogí la mano de Madison y fuimos hacia él.- hola -dije sonriendo.-
── hola.
Matthew nos miró. Sus ojos eran marrones, con un poco de barba y tenía el pelo castaño. Era alto y delgado.
── soy Lila y ella mi amiga Madison -le extendí la mano. La aceptó sonriendo.-
── encantado chicas -le extendió la mano a Madison.- soy Matthew.
── ¿de dónde vienes? -le preguntó Madison.-
── de Barcelona. Hemos tenido que mudarnos aquí por el nuevo trabajo de mi padre.
── ¿y te gusta Madrid? -le pregunté.-
── no está mal.
El resto del descanso estuvimos con él. Nos contó que tiene dieciocho años, que vive con su madre, con su padre, y con sus dos hermanas gemelas que tienen doce años.
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A la salida de clases fuí a casa de Madison a comer, ayer le pedí permiso a papá.
Estuve en su casa toda la tarde, papá vino luego a buscarme.
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El resto de la semana Madison y yo estuvimos hablando mucho con Matthew.
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El sábado al mediodía cogí la mochila y bajé. Esta vez me monté en el coche de papá sin quejarme.
── da gusto que vayas así de tranquila.
── ya -rodé los ojos.-
Al llegar a casa de Mónica me desabroché el cinturón.
── dile a Mónica que salga un momento, necesito hablar con ella.
── vale. Nos vemos el lunes papá.
── hasta el lunes cariño.
Bajé del coche y cogí la mochila.
Toqué la puerta y esperé.
── dice papá que quiere hablar contigo -dije cuando abrió.-
── vale.
Yo entré y ella se acercó al coche de papá.
── vaya -dije cuando ví a Alex salir de la cocina.-
── hola.
── hola -dije sonriendo.- ¿qué tal?
Me miró raro pero respondió.
── bien, ¿y tú?
── bien.
── emmm... ¿qué pasa? ¿ya te caigo bien?
── tú no me has hecho nada, mi problema es con Mónica.
── ¿no piensas perdonarla nunca?
── eso es asunto suyo y mío, por favor no te metas, porque si lo haces, sí que me caerás mal.
── no me meteré.
── gracias.
Miramos hacia la puerta cuando escuchamos que la cerraron.
── ¿todo bien? -preguntó Mónica. Rodé los ojos.-
── sí -dijo él.-
Fuí hacia las escaleras.
── ¿comerás con nosotros? -preguntó Mónica.-
── sí -respondí mientras subía.-
A la hora de la comida me llamó. Bajé y me senté.
Alex estaba sentado en frente de mí. Mientras comíamos acerqué mi pié a Alex por debajo de la mesa, rocé una de sus piernas. En seguida se puso tenso. Me miró unos segundos y luego aclaró su garganta.
── ¿qué pasa?
── nada -dijo mirando a Mónica. Cogió su vaso de agua y bebió.-
Sonreí cuando apartó sus piernas.
La verdad es que Alex es guapo, mucho más que Matthew. Tiene los ojos marrones oscuro, el pelo oscuro, es alto y delgado, y lo mejor, se nota que hace ejercicio.
Tiene un precioso lunar debajo del labio que le queda muy sexi. Sus labios son rosaditos y carnosos.
Una maravilla, vamos.
Al terminar de comer empezamos a recoger la mesa. El móvil de Mónica empezó a sonar, así que se fué al salón y nos dejó solos.
Seguí a Alex hasta la cocina, me paré justo detrás suyo, cuando se giró chocó conmigo.
── perdón -dije yo.-
── ¿a qué estás jugando?
── ¿de qué hablas?
── primero lo del pié cuando estábamos en la mesa, y sé que te has parado detrás de mí a posta.
── ha sido sin querer, eres un paranoico -llevó su mano al pelo y lo echó hacia atrás.-
── tal vez tengas razón, lo siento.
── está bien, ¿terminamos de recoger?
── sí.
Mientras seguíamos recogiendo la mesa, lo miré.
── ¿con quién vives?
── ¿y eso a qué viene?
── es para conocernos mejor, vamos a tener que vernos todos los fines de semana si vienes -dije yo.-
── vivo con mi madre.
── ¿y qué opina de la relación que tienes con Mónica?
── no lo sabe.
── ¿por?
── porque no le gustará saber que estoy saliendo con una persona mayor. Cree que mi novia tiene 18 años, me ha pedido muchas veces que la lleve a casa, pero siempre le pongo excusas.
── un día se te acabarán las excusas.
── espero que no.
── ¿de qué hablan? -preguntó Mónica.-
── de nada importante -se apresuró a decir él.-
── Lila, vamos a ir al súper, ¿quieres que te traiga algo?
── palomitas.
── vale.
Metí la jarra del agua a la nevera y salí de la cocina. Fuí a mi habitación y cerré la puerta.
── sería interesante que Mónica se enterase de que tu madre no sabe que sales con una mujer mayor -dije sonriendo y me lancé a la cama.- pero a Mónica no le afectaría tanto eso, le afectará más cuando se entere de que la has engañado conmigo, ya verás.
Mordí mi labio sonriendo.