Cuando las habitaciones estuvieron listas, Charlotte fue avisada para comenzar a organizar a cada uno dentro de las mismas. Primero le asignaron una a los padres de Gustavo, después a Harry y Amanda, por última solo quedó Hannah.
- Bien, linda - abrió la puerta Charlotte dejando a la vista la preciosa habitación asignada a la joven - Aquí tienes todo lo necesario para tí, allí tienes toallas limpias, cobijas extra y está el control para cerrar las persianas y ajustar la luz - informó mostrando todo el lugar - También te dejé una pijama y pantuflas para que estés cómoda - sonrió.
- Muchas gracias, Lotty - asíntio a modo de agradecimiento - Eres muy amable.
- No es nada - aseguró - ¿Algo más que necesites?
- ¡Oh, no! por ahora nada - negó - Tengo ubicado cada lugar - bromeó haciéndola reír.
- Bueno, perfecto - suspiró - Entonces yo me retiro, quedas en tu casa - caminó hasta la puerta - En caso de que necesites algo sabes donde encontrarme... Buenas noches - se despidió.
- Buenas noches - despidió con la mano y quiso comenzar a arreglarse para dormir pero, antes tenía que hacer algo. Sentándose sobre la cama soltó un suspiro sacando su teléfono y sin querer despertar a su madre que seguramente estaba dormida, envío un mensaje.
MENSAJE:
DE: Hannah
PARA: Mamá
“Hola, los D'León me pidieron que me quedara a dormir para evitar que saliera sola a esta hora. Llegó mañana temprano... Te quiero"
Y sin esperar respuesta, se soltó el cabello y procedió a asearse para empijamarse. Entró a el baño y se dió una relajante ducha, después salió y con toda la cama del mundo se secó el cuerpo y el cabello para ponerse la pijama y cepillarse los largos mechones rojizos y sus dientes. Cuando estuvo terminado su trabajo vió el teléfono otra vez y encontró un mensaje de su madre.
MENSAJE
DE: Mamá
PARA: Hannah
“De acuerdo, que tengas linda noche. Cuídate mucho... También te quiero"
Aquella respuesta, le pareció bastante extraña pero como supuestamente esa noche iba a salir con una amiga, de seguro estaba de buen humor y había entendido sus razones. Dejando el móvil a un lado, abrió las cobijas y se metió entre ellas para envolverse en ellas y caer en un profundo sueño. Había sido un día muy divertido y bastante largo.
Alrededor de las 3:30 AM un repentino insomnio atacó a Hannah evitando que pudiera volver a dormir. Con los ojos bien abiertos, daba vueltas sobre la cama tratando de conciliar el sueño sin éxito alguno. Molesta consigo misma, sin poder creer que aquello le pasaba, se puso de pie y caminó en dirección a la puerta para bajar a la cocina y tomar un poco de agua.
Pasando por las habitaciones se dió cuenta de que todo estaba en absoluto silencio, al parecer todos dormían plácidamente mientras ella era la única que despierta como un búho, rondaba toda la casa. Al llegar a la cocina se sentó en una de las sillas en la isla y paso las manos entre las hebras de su cabello, desesperada por no poder dormir con tranquilidad, ese horrible insomnio la iba a matar un día de esos.
Tan estresada estaba que no pudo notar que alguien entraba a la cocina hasta que escuchó una voz tras ella, provocandole un severo sobresalto.
- Hannah - la llamó Harry, que no tenía ni idea de qué hacía ella durmiendo en la cocina.
- ¡Ay, por Dios Santo! - se quejó poniendo una mano sobre su pecho espantada. Al reconocer la voz, dió media vuelta y lo miró con cara de pocos amigos - Tú planeas matarme un día de estos - susurró.
- Lo siento - contestó de la misma manera, con una sonrisa - No era mi intención asustarte, pero, ¿qué haces durmiendo en la cocina? - preguntó confundido.
- ¡Ojalá, estuviera durmiendo en la cocina! - exclamó causándole gracia - Así por lo menos dormiría.
- ¿Otra vez tu insomnio? - preguntó con una mirada comprensiva recordando su padecimiento.
- Si - suspiró - No sé qué hacer, Harry. Estoy desesperada, vuelta loca - se sinceró como siempre con su mejor amigo - Unos días duermo bien, al siguiente no duermo de noche y me muero de sueño durante el día, pero me toca ir al trabajo, entonces pasa que los días que puedo dormir durante el día me da sueño de noche en el día que trabajo. No logro consiliar el sueño y creo que voy a morir - exageró. El joven solo la miraba con una tierna sonrisa, sabía las penurias que ella padecía con aquel horrible trastorno.
- Deja de ser tan exagerada - pidió - No vas a morir, solo debes adaptar tu cuerpo.
- ¡Harry, por amor a Dios! - dejó caer su cabeza hacia atrás - Soy una enfermera, ¿cómo voy a adaptarme a esos horarios rotativos?
- ¿Amas tú trabajo, no es así? - ella asíntio.
- Esa es la peor parte de este asunto - paso la mano nuevamente por su rostro.
- Entonces hay que buscar una solución - ella frunció los labios en un gesto burlón.
- ¿En serio? - arqueó una ceja - No me había dado cuenta - rodó los ojos. Harry repitió su gesto y sonrió.
- Eres muy malhumorada, ahora casi que entiendo a mi hermano cuando lidia con mi cuñada enojada - comentó con sarcasmo.
- Te aseguro que Charlotte también lidia con él cuando está de mal genio - la defendió - Además, existe una gran diferencia.
- Mi hermano nunca se pone de mal humor, menos con ella - alegó - Pero, a ver, ¿cuál es la diferencia?
- Ella es su mujer, están casados - expuso lo evidente - Y por agregado la ama tanto que eso no le importa.
- Bueno, en eso tienes razón - asíntio sintiéndose extraño ante tal aclaración, solo se quedó estático viendo sus ojos. Al caer en cuenta de esto, parpadeó en repetidas ocasiones y decidió hablar - Ahora, dejando de lado el gran amor de mi hermano y su esposo, dime, ¿qué haces para entretenerte durante las largas noches de insomnio?
- Pues eso depende - movió los hombros - Puedo pasar horas mirando el techo, ver la televisión, leer algo, participar en juegos de mesa para una persona... Dependiendo de lo que se me ocurra ese día, ¿por qué?
- ¿Qué te parece si jugamos al ajedrez? - propuso.
- ¿Qué? no, no, no - se negó - Tú debes ir a dormir, ni siquiera sé porque viniste pero es obvio que tú si dormías plácidamente.
- Venía por algo para comer, en realidad - confesó - Pero me encontré contigo, me desvelé y ahora debes entretenerme - guiñó un ojo - ¿Vamos?
- ¿Juegas aquí en la cocina? - inquirió.
- Sería mejor en el despacho de Gustavo, pero si, juguemos aquí - aceptó - Así aprovecho y también cumplo mi objetivo.
- Perfecto - chocó sus manos con las de él a modo de palmadas - Muchas gracias - susurró mirándolo fijamente a sus impresionantes ojos azul zafiro tan profundos como el mar.
- Por nada, Estrellita - respondió.
Casi una hora después, en la planta de arriba unos suaves quejidos hicieron levantar a una adormilada Charlotte de la cama, quién poniéndose la sobrebata de la pijama con cuidado de no despertar a su esposo, se encaminó a la habitación de su hija para calmarla.
Al entrar en la habitación, vió hacia la cuna y notó que estaba despierta paraleando al aire mientras balbuceaba y trataba de comerse sus manos.
- Hola, mi niña - dijo con ternura sacándola de su acolchada y bella cuna - ¿Cómo estás, princesa mía? - besó su frente - ¿Tienes hambre? - preguntó viendo sus ojitos tan increíbles que siempre le recordaban a su amado esposo.
- Lotty - escuchó la voz de su marido entrando a la habitación - Aquí estás - sonrió al verla mecer a la bebé entre sus brazos.
- Si, aquí estamos - respondió a Gustavo mientras éste le daba un dulce beso sobre sus labios - La bebé se despertó, creo que tiene hambre.
- ¿Y por qué no me despertaste? - preguntó sonriéndole a su hija y acomodando el cabello de su esposa para evitar que se lo comiera la niña.
- Porque mami puede atenderme, papi - dijo simulando que era su hija la que hablaba - No hacía falta que te molestara por eso, necesitas descansar - volvió a hablar.
- Ustedes no me molestan, ya lo sabes - peinó el liso cabello de su hija - Voy a preparar el biberón.
- No, no - lo detuvo - Vé tú con la niña a nuestra habitación y yo voy a preparar la leche, ¿si? - propuso - lo que pasa es que debo ver si la mamila es la que le colocó la pediatra, sabes que con los dientes es más cómodo para ella.
- Bueno, ve entonces - cargó a Gaby entre sus brazos - Luego me la enseñas para saber cuál es.
- Claro - asíntio. Minutos más tarde, ella bajó a la cocina y antes de entrar escuchó unas suaves risas que salían del lugar. Entrando se encontró con unos divertidos Harry y Hannah jugando al ajedrez - Hola - saludó con una sonrisa.
- Hola, cuñada - saludó Harry.
- Hola, Lotty - contestó también la otra.
- Lamento interrumpir, vine a buscar el biberón de Gabriela - avisó - No me tardo - prometió empezando a hacer la leche para su bebé.
- No hay problema, no interrumpes nada - aseguró Harry a la esposa de su hermano mientras movía la pieza - Solo intento convencer a Hannah de que me acompañe a una fiesta este fin de semana en lo que le gano el partido - bromeó.
- ¡Ah, ya lo veo! - suspiró - Bueno, te deseo suerte con eso y tú Hanny, hazle la pelea, si gana que no sea fácil - dijo haciéndolos reír - Ahora yo me voy, mi hija me espera.
- Eso es traición - murmuró Harry viéndola salir de la cocina.
- También te quiero, cuñadito - se asomó con una sonrisita de malvada y después se fue. Subiendo las escaleras rápidamente llegó a su recámara emocionada. Entrando a la estancia ubicó a su esposo jugando con su hija y llegó hasta él con una sonrisa.
- Amor, amor, amor - lo llamó subiéndose a la cama, sentada de rodillas frente a él con el biberón en la mano.
- ¿Qué pasó, mi cielo? - preguntó al verla tan efusiva, sentado a la niña sobre sus piernas.
- ¡A qué no adivinas quienes estaban en la cocina jugando ajedrez! - exclamó.
- ¿A esta hora? - ella asíntio - ¿quiénes? - interrogó en lo que pasaba a Gaby a los brazos de su madre para que le diera el biberón.
- A Harry y Hannah - sonrió emocionada - ¿Sabes lo que significa eso?
- Que ninguno podía dormir y estaban aburridos - sugirió a propósito y ella negando rodó los ojos.
- No, mi amor - suspiró - Para mí, sinceramente esa amistad va más allá.
- ¿Dices que se gustan? - ella asíntio.
- Tanto como tú y yo cuando nos vimos por primera vez - contestó haciendo sonreír a su esposo - Es más, si tú hoy día no me gustaras tanto, quizás me atrevería a asegurar que tanto como tú a mí - ante esa comparación su marido rió encantado y tomando su rostro la besó.
- Tú a mí también me encantas - susurró contra sus labios viendo que la bebé se volvía a quedar dormida - Pero con respecto a lo que me estás contando esperemos a ver qué pasa - propuso - No aceleremos el proceso, ¿de acuerdo?
- Esta bien - asíntio con sus ojos fijos en los ojos de su esposo - Llevaré a la bebé a su...
- No, no - negó poniéndose de pie tomando a la niña en brazos para llevarla él - Yo la llevo, tú espérame ahí quietecita - dijo mirándola con aquella intensidad que sabía que la derretía. Sabiendo que quería decir asíntio y aguardó a que volviera. Estaba feliz y quería más que nadie que su cuñado, aquel maravilloso y gracioso joven tan agradable, se pudiera enamorar y ser feliz. Y Hannah igual, además qué mejor manera si era del otro - Ahora, muñeca mía - dijo Gustavo entrando a la habitación sacándola de sus pensamientos - Ven con tú esposo - la llamó. Ella con una sonrisa se puso de pie sobre la cama y lo abrazó por el cuello colgándose de él, permitiendo que la cargara.
- ¿Me vas a consentir? - preguntó con un puchero, dispuesta a dejar el tema de su cuñado fluir y concentrarse en el único hombre importante en su vida que la admiraba con adoración en sus ojos.
- Por supuesto que sí - besó sus labios - Todo lo que quieras - caminó con ella en brazos hasta el otro lado de la cama.
- Te amo, Gustavo - dijo encantada.
- Yo te amo más, Mi Lotty - acarició su mejilla y volvió a besarla.
Mientras tanto, luego de terminar el partido, los jóvenes guardaron todo y entonces decidieron regresar a sus habitaciones para intentar dormir. Juntos, subieron los escalones y se detuvieron frente a la puerta de la recámara de ella.
- Gracias por entretenerme está noche, Tontín - dijo ella con comicidad - Fue divertido ganarte.
- Si, pero no esperes que la próxima vez ocurra lo mismo - advirtió - La proxima pienso ganarte.
- De acuerdo - sonrió sin poder evitarlo - Esperaré la revancha.
- Te la daré - aseguró - Ahora sí, feliz resto de la noche - se despidió.
- Igualmente - movió la mano viéndolo caminar. Luego entró a su recámara con una sonrisa y se recostó sobre la cama, envolviendose nuevamente en las sábanas para caer en un profundo sueño otra vez.
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Unas horas más tarde, casi a las 8:00 AM, Hannah abrió los ojos mucho más descansada y con los ánimos repuestos pese a la noche de mal sueño. Charlar con Harry la noche anterior la había entretenido en gran manera y la había ayudado a relajarse para poder descansar unas cuantas horas más, no entendía porque, pero él tenía ese efecto sobre ella y a pesar de los malos momentos en su vida y experiencias que en ocasiones deseaba no recordar, su familia y él en especial, le hacían notar que aun quedaban personas buenas en el mundo. Muy diferente a aquella parte mala que en algún momento había visto.
Poniéndose de pie, se encaminó al baño y se preparó rápidamente para poder irse a su casa. Debía ir y hablar con su madre, luego alistar todo y prepararse también psicológicamente para su turno de esa noche, entraba a las siete de la noche y salía a la misma hora del otro día. Y no era por quejarse, amaba su trabajo, pero esa última semana habían tenido un paciente que no era nada fácil de lidiar; ya lista, se terminó de recoger su cabello rojo en el acostumbrado moño alto y tomando su bolso, salió en dirección a las escaleras llegando al living. Al ver que allí no había nadie, se fue a la cocina y los encontró reunidos charlando.
- Buenos días - saludó con una sonrisa. Amaba ver a esa familia reunida, no solo por ser tan raros de tener un comedor para veinte personas y querer comer todos en la cocina, sino por su manera de llevarse. Eran unidos, empáticos y muy cariñosos. En una casa donde ellos estaban reinaba el calor de hogar y cualquier persona que los visitaba podía sentirlo. Siempre había deseado algo parecido para si misma, no podía negarlo.
- Buenos días - saludaron todos con una hilera de brillantes sonrisa para regalar. Los padres de los jóvenes estaban sentados en una mesa lateral que quedaba con una impresionante ventana dejando a la vista el maravilloso jardín, en la isla sentados también los hermanos D'León y la pequeña Gabriela sentada en su sillita para bebé, del otro lado Amanda y Charlotte preparando el desayuno.
- ¿Cómo amaneciste, linda? - preguntó una amable Alicia.
- Muy bien, muchas gracias - sonrió - encantada también de verlos a todos bien - saludó uno a uno de beso en la mejilla.
- ¿Ya te vas? - preguntó Harry al verle las intenciones al despedirse.
- Si - se despidió de Lotty - Debo irme a casa.
- ¿Y no te quedas a desayunar? - preguntó Charlotte.
- No, Lotty - negó despidiéndose de Amanda - Ese desayuno huele increíble, pero debo reportarme con mi mamá y prepararme para trabajar, está noche me toca turno en el hospital - informó acercándose a Gaby.
- ¡Oh, bueno! - se lamentó ella - Será para la próxima.
- Claro que sí, uno de estos días que no tenga mucho trabajo vengo por acá a visitarte - sonrió a la bebé que comía con su padre - ¿Cierto, preciosa? - preguntó a la chiquitina dejando un beso sobre su frente - ¡Si! - aplaudió - Nos vemos, Gustavo - se despidió también de él.
- Hasta luego - asíntio dando otra cucharada a la pequeña.
- Hasta luego - respondió - Nos vemos luego - dijo al resto.
- Adiós, sabes que por acá te esperamos - avisó Charlotte.
- Por supuesto - asíntio y salió en camino a la puerta. Harry viendola irse, tomó un sorbo de su café y recordó entonces lo de la fiesta. Poniéndose de pie quiso ir tras ella cuando su madre preguntó:
- ¿A dónde vas, cariño? - lo miró con atención comiendo uno de los waffles que le había pasado su nuera.
- Voy por Hannah un momento - anunció - Olvide confirmar un nuevo plan para este fin de semana - guiñó un ojo a su madre - Ya regreso - ella se echó a reír y negó viendo a su hijo salir de la cocina también.
- ¿Es a mi parecer o Harry se siente atraído por Hannah? - preguntó Francisco. Gustavo lanzando una mirada cómplice a su sonriente esposa, acotó después:
- Puede que sí - contestó el mayor de los D'León quién observaba todo pero prefería callar, su hermano se daría cuenta en algún momento de lo que le pasaba con su joven amiga. No había que apresurar nada, todo era al debido tiempo.
En el parqueadero, ya para subir a su auto, Hannah sintió que alguien la llamaba por su nombre, al darse la vuelta reconoció de inmediato a un agitado Harry.
- Caminas rápido, mujer - se quejó tomando aire haciéndola sonreír - Tuve que correr para alcanzarte - confesó con drama.
- Para ser un hombre que se ejercita eres muy flojo - rió con ganas apartando un pequeño mechón de cabello de su cara atraído por el viento.
- Acabo de desayunar, es lógico que me cueste correr - rodó los ojos.
- Supongo que si, no lo pensé - dijo con sarcasmo que él entendió - Fue mi error, lo siento - continúo.
- No lo sientas tanto - bromeó él - Solo no me hagas correr tras de tí.
- Está bien, no lo siento - aceptó - Dime, ¿para que me persigues?
- Para confesarte mi amor - dijo y ella soltó una carcajada.
- ¡Es en serio! - dijo. Sus ocurrencias absurdas la hacían reír muchísimo todo el tiempo.
- Bueno, ya está bien - suspiró dejando a un lado sus juegos - Quería confirmar lo de el sábado, ¿no me dejas embarcado?
- No, sabes que no - aseguró - Pasa por mí el sábado a eso de las 7:00, si es tan formal como tú dices te acompaño para que no te aburras.
- ¡Eres increíble! - la abrazó - La mejor amiga que he tenido nunca en la vida, no cambies - ella correspondió y luego se separaron mirándose a los ojos.
- De acuerdo, ya lo sé - alardeó divertida - ¿eso era todo?
- Si, Estrellita - asíntio abriendo la puerta del auto - Muchas gracias, ahora te dejo ir o me voy a quedar sin amiga.
- Como si fuera tan difícil para tí reemplazarme - suspiró profundamente de forma melodramatica.
- Te aseguro que sería imposible - dijo con sinceridad viendo esos bonitos ojos verdes fijamente.
- Supongo - rodó los ojos con diversión para menguar la tensión que le provocó escuchar esas palabras y encendió el auto - Nos vemos el sábado.
- Por supuesto que sí - asíntio - Nos vemos, Estrellita.
- Nos vemos, Tontín - dijo meneando la mano de un lado a otro a modo de despedida, saliendo posteriormente del parqueadero y también de la propiedad. Harry observó el portón cerrándose con las manos en los bolsillos y una sonrisa en los labios, jamás se había esperado tener una amiga así.