El accidente

2326 Words
Enngel Green El sol de primavera me despertó acariciándome el rostro. Tenía un ligero dolor de cabeza, salí con Osle, pero no tomé mucho, era consiente que soy una mala bebedora. Le conté todo a mi amiga, terminé llorando y reflexionado en lo triste que sería para Emerson vivir sus últimos meses deseando algo que no pasaría. Aceptaría quedarme en la mansión, pero no volver con su hijo. Esa era la idea más descabellada que se le pudo haber ocurrido. Me aparté el flequillo del rostro para sobarme los ojos mientras me sentaba en la cama. El alrededor me recordó que estaba en la mansión. Mi vieja habitación seguía casi igual. Después del nightclub acompañé a Osle a tomar el tren y quise irme al hotel, pero era de madrugada e Iker insistió en traerme a casa por órdenes de Emerson. Estaba un poco mareada por lo que no proteste, supongo que me dormí en el camino embriagada por alcohol y tristeza. Salí de la cama y noté mis maletas junto al tocador. —¡Oh, que bueno encontrarte despierta! —Aslie apareció en la puerta con una sonrisa. Nada a la chica que lloraba mares anoche. —Buenos días, Aslie —saludé. —Enngel, ya casi es medio día —dijo con gracia. Abrí los ojos sorprendida, ¿cuánto dormí?—. He venido dos veces a ver si te encontrabas despierta, la tercera es la vencida… No dije nada. —Te traje esto. Supongo que tienes dolor de cabeza, llegaste un poco tarde. —Ella se acercó a tomar un vaso de la cómoda —Que vergüenza… supongo que todos estarán pensando que soy una alcohólica. —Tomé el vaso. —Papá dice que no te importa lo que otros piensen. —No, pero esta no es mi casa y debo comportarme. —También es tu casa. No me atrevería a juzgarte, cada uno tiene su forma de enfrentar el dolor… —Aslie habló con nostalgia—. Papá dijo que fuiste tú quien lo animó a decirnos la verdad. Duele, pero es mejor saberlo, así aprovechamos los seis meses que nos quedan. Solo tres… —Veo que te sientes mejor —dije —He llorado toda la noche. Entendí que eso no ayudara a papá, por eso pondré mi mejor ánimo y sonrisa para esta nueva etapa de nuestras vidas… Como decía Emerson, Aslie es como un rayo de luz. Después de tomarme el contenido del vaso, agradecí a Aslie por ello. Era bastante modesta, me llevaría mejor con ella de seguro. —¿Aceptas quedarte aquí? —preguntó Aslie. Afirmé con la cabeza—. Sé que tienes una vida en otra parte, por eso, aprecio que te quedes con papá este tiempo. Él te quiere mucho. —Yo, aprecio que seas tan amable conmigo, Aslie. —En esta casa eres más especial de lo que imaginas. —ella sonrió—. Supongo que tú estuviste más dispuesta para papá, nosotros nos concentramos en nuestras propias cosas. Yo, entré al colegio, mi esposo y nuestro hijo… —¿Hijo? No sabía que tenías un hijo… —Así es. Adopté un hermoso niño. Te lo presentaré… De verdad que me sorprendía cada vez más y al tiempo me preguntaba cómo es que Osle no se dedicaba a predecir. Adivinó que estaría en la herencia, que Emerson pretendía hacerme volver con Ediel y qué ya era abuelo. —Creo que tampoco estuve tan pendiente de Emerson últimamente. Por eso, espero contribuir en la convivencia familiar… —¿No aceptarás la segunda parte? —preguntó con una mirada esperanzada —No. No me quiero casar por ahora, y menos con tu hermano. Quedarme es lo más que puedo hacer por Emerson. —Te entiendo, Enngel —aceptó ella—. Baja a almorzar, por favor. —¿Emerson no ha preguntado por mí? —Mi padre no ha llegado, almorzaremos sin él. Sin Emerson será un poco incómodo. —Bajaré después… —Si te preocupa Ediel, salió muy temprano a la inmobiliaria, casi nunca viene a almorzar. Supongo que solo seremos tú y yo. Eso está bien por ahora. Después de la plática de anoche no quería que mi exesposo tuviera oportunidad para pensar que pretendía estar cerca de él. Aslie salió de la habitación y yo me di una ducha, un poco larga. Todavía me sorprendía que mi habitación estuviera casi igual a como la dejé, era obvio que le habían pintado de nuevo, pero con los mismos tonos lilas que yo escogí hace mucho: definición de calidez y dulzura. Esa habitación la tuve desde mi adolescencia, aun en mi primer año de casada la usé; luego me mudé a la de Ediel, pero esa siempre fue mi recámara. Para mi sorpresa, estaban los peluches que dejé, algunas de mis joyas; de la ropa solo quedaban los vestidos elegantes, lo demás no estaba. Supuse que lo tiraron o tal vez Emerson lo donó, él no desperdiciaba nada. Me puse unos vaqueros y una blusa de hombros descubiertos. Salí de la habitación y me dirigí al comedor. En la primera sala estaba Aslie con un hermoso niño de unos siete años. Él tenía una abundante cabellera de rizos como la de ella, pero los suyos eran castaños. Me acerqué más y noté una peculiaridad evidente y bonita: sus ojos eran de colores diferentes, el derecho era azul y el izquierdo n***o. —Enngel, te presento a mi tesorito llamado Irving Scott —dijo Aslie. —¡Hola, Irving! Soy Enngel —me presenté cuando estuve a su altura. Él sostenía la mano de su madre. —Irving es demasiado tímido, no habla con casi nadie —explicó ella. Era un niño realmente hermoso. —También soy un poco tímida, Irving. Si quieres ser mi amigo, búscame —le dije con una sonrisa. —Estoy segura de que él tendrá en cuenta una oferta tan maravillosa… —aseguró Aslie. Ella sonreía, de verdad se estaba esforzado en mantener la calma con lo de su padre. Me puse de pie. Íbamos al comedor cuando Olga, nos pasó por delante. Llevaba el vestido de la noche anterior, su cabello era un desastre y su maquilla también. Con todo eso, su belleza natural envidiable no estaba opacada. A mi parecer, ella era la mujer más hermosa que había visto. —¿Olga, qué te pasó? —le preguntó Aslie. Ella pasó la mirada de su hermana a mí un par de veces —¡Nada! ¡Nada que te importe, Aslie! —respondió ella casi alterada. Olga siempre tuvo un carácter fuerte, pero en definitiva esa no era la chica que yo recordaba. —No has llegado a dormir… —Sí, no, no. Eso no importa, no te debo explicaciones —después de eso Olga se fue. —Tal vez se peleó con el chico con el que sale —supuso Aslie. Almorzamos solas. Me contó sobre la carrera musical de Owen, un productor y compositor muy talentoso ante los ojos de su esposa; no conocía su trabajo, por lo que no pude opinar. Aslie era maestra en un colegio de clase media, al parecer amaba su trabajo porque hablaba con pasión. Después del almuerzo llamé a Emerson porque teníamos la cita con el doctor Jonhson, él no me respondió. Alfred había salido hace unas horas y solo él podría saber donde está su patrón, quien no había llegado en todo el día. ... Le di un recorrido a la casa, habían cambiado algunas cosas y resultaba agradable. Llamé a Osle a pedirle que me enviara ropa para mi estadía, ella ya estaba en casa porque el viaje duraba dos horas en tren. Ya iba a su trabajó, el que su tía fuera la dueña de la empresa publicitaria en la que trabajaba, no era tan bueno para ella, porque siempre le exigía mucho más para que los demás no pensaran que le tenía favoritismo por ser su sobrina. La tarde pasó. Olga no salió de su cuarto, Aslie debía salir con su hijo y me invitó, pero yo tenía que esperar a Emerson, quien no regresó. Alfred no llegaba y Ediel tampoco se apareció. Se hizo de noche. Aslie volvió y le pidió a Odette que prepara la cena. Mientras esperábamos en la sala. —Me sorprende que algunas de mis cosas sigan en la habitación —dije —Al principio Ediel quiso deshacerse de ellas, pero papá prohibió que se tocaran tus pertenencias. —Aslie soltó el lápiz rosa que tenía—. Yo no considero que Ediel te odie. Tal vez solo está herido. —Para tu tranquilidad, Aslie, yo tampoco lo odio. No lo odiaba, pero era cierto que ya no era de mis personas favoritas. —Tal vez solo necesites un poco más de práctica —comenté cuando Aslie me mostró su dibujo —Tengo que tomar unas lesiones contigo, así impresionaré a mis alumnos. Olga apareció frente a nosotras, usaba una camiseta y unos jeans holgados. —¿Ya estás bien, Olga? —le preguntó Aslie, ella rodó los ojos. —Ediel, ¿hablaste con el tío Ulises? —dijo Olga. Giré hacia atrás y ahí está él, serio, con un traje azul de dos piezas y un maletín en la mano. —No —respondió sin más —¿Insististe? —Tengo trabajo, Olga. No puedo estar pegado al teléfono para comprobar las locuras de Emerson. —Ediel caminó hasta Olga quedando frente a mí. Cuando Aslie aseguraba a sus hermanos que su padre hablaba enserió, escuchamos varios pasos, Alfred entró y tras él dos hombres que cargaban algo grande y cuadrado. Se detuvo delante de nosotros. —¿Qué es eso, Alfred. —Pertenecía de su padre, señorita Aslie —respondió el educado Alfred Olga se acercó a ver el objeto después que los hombres lo dejaran en el suelo arrimado a un muro. Ella empezó a romper el papel cartón que lo envolvía y Aslie protestó, pero a su hermana no le importó y continuó… —Es un cuadro —aclaró Olga—. Creo que de la famili… Cuando Olga terminó de rasgar el papel quedó expuesto el cuadro familiar que pinté hace tres años. Solo era Emerson, sus hijos y yo. Me pidió que hiciera un cuadro de toda la familia, era difícil pintar uno porque cuando estaba la señora Amelia faltaba mi madre y viceversa, ese cuadro fue sacado de mi imaginación. —¡Está divino! —exclamó Aslie—. Estoy segura que lo has hecho tú, Enngel. —Hace algunos años —afirmé. —He aquí la promotora de las locuras de mi padre —Olga se refirió a mí—. De verdad te crees una Harper. —Para papá lo es y debemos aceptarlo —refutó Aslie. Ediel no decía nada y yo preferí no contestar. No era una Harper de sangre y no era algo que pudiera cambiar. —¿Sabes donde está Emerson? —pregunté a Alfred. —No, señorita, no he hablado con él desde anoche. Me dijo que ocupará mi día en la lista de mandados que me dio ayer. —Wow, ¿Desde cuándo das explicaciones, Alfred? Pensé que solo sabias responder con “No, señorita, y sí, señorita” —dijo Olga. Alfred no respondió —¿Te dijo a dónde iba a estar en todo el día? —continúe preguntando —No, señorita. —No responde su celular, ¿te dijo a dónde iba anoche? Alfred mira a los hermanos. —Recibió una llamada y dijo que debía irse. No dio detalles. —¡Esto es increíble! —exclamó Olga. Se retiró de la sala. Pasó un rato y Emerson no aparecía, cenamos sin él y resultó incómodo, aunque Aslie trató de relajar el ambiente. Preguntaba sobre mi trabajo artístico y respondí cada una de sus preguntas, aunque mi cabeza se preguntaba dónde estaba Emerson. La cena terminó, Aslie se sentó en la sala con su hijo y Olga frente a ella con una copa de vino. Salí al jardín para insistir al celular de Emerson y no hubo respuesta. Olse me aviso que había enviado mis cosas, además de unas cartas que habían llegado a mi estudio. —Enngel… Levante la mirada y frete a mí estaba Ediel, se había quitado la corbata y el saco. —¿Qué pasa? —pregunté seria —Decidiste quedarte, pero supongo que te negarás a la segunda parte… —dijo —Estás en lo cierto. —¿Has aceptado por Emerson? —Puso las manos en sus bolsillos, afirmé ante su pregunta —¿Eras feliz en tu nueva vida? —Desde luego que sí. —¿Y renuncias a ella para apoyar las tonterías de mi padre? —Yo quiero a Emerson, aunque sea una locura, quiero cumplir sus últimos deseos. —También por la herencia… Iba a responder, pero la voz de Aslie me interrumpió, venía llorando. Algo malo había pasado. —Ediel, Ediel… —lloraba —¿Qué ha pasado, Aslie? —preguntó él preocupado. Podría ser lo que quisiera, pero como hermano siempre fue bueno. —Es papá, Ediel… —tartamudeó Aslie —¿Qué pasó? —pregunté preocupada —Papá está en el hospital —terminó ella Emerson no… Aslie no dijo mucho, entramos a la casa y Alfred nos notificó que llamaron del hospital avisado que Emerson estaba allá. Olga ya se había adelantado; de prisa salimos los demás. Alfred se quedó con Odette para cuidar a Irving. Después de un largo camino llegamos al hospital y Olga parecía estática en la sala de espera —¿Qué pasó? —le preguntó Ediel —Nuestro padre… él… —Las palabras de Olga eran entrecortadas. —¿Qué pasó con Emerson, Olga? —insistió Ediel alzando la voz —Él está… —ella no terminó la frase y se echó a llorar en su hombro… Cuando prosiguió mis ojos se inundaron a lágrimas.
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