CAPITULO 5 (¿MI PADRE) (NO EDITADO)

3740 Words
LOS ÁNGELES, CALIFORNIA. La alarma acababa de sonar, frote mis ojos, con la esperanza de que el sueño desapareciera. Tenía dos días que había regresado a Estados Unidos, pero estaba demasiado distraída, así que todos creyeron pertinente que me fuera a descansar a casa. ¿Quien coño quería descansar? Mi cabeza solo podía pensar en aquel hombre y en sus intensos ojos. No daba, estaba agotada, pero mi mente no parecía tener intenciones de hacerlo y yo solo quería sacarlo de mi cabeza de una vez por todas. Nadie sabía lo que habia pasado allí, excepto Alfred, pero él solo sabía lo necesario. Maxon Ivancok era esa clase de hombre de aspecto tentador y voz cargada de un tono autoritario. Ese hombre con solo dar una orden podría paralizar Rusia de la misma forma que había paralizado mi cabeza. Los recuerdos eran el mayor enemigo de una mujer y de un hombre y podían convertirse en la mayor arma de tortura si es que eran pensamientos indeseados y mi mente me estaba traicionando y los recuerdos llegando a mi como si se trataran de la mayor arma en mi contra. FLASHBACK Estaba perdida. Sentía la respiración irregular y los labios de Maxon se acercaban cada vez más a mi cuello, su respiración causaba leves escalofríos en mi cuerpo y mis manos estaban paralizadas. La atracción era notoria y mi cuerpo hacía lo posible por resistirse a lo que deseaba aunque por dentro gritara que lo necesitaba. Me sentía perdida, mi cuerpo no obedecía nada de lo que ordenaba, pero por si esto fuera poco, las llamas del deseo carnal explotaron en mi cuerpo como presión liberada. —Se lo que piensas Savannah—murmuró mientras sus manos bajaban más por mis piernas y sus dedos entraron en la fina tela del vestido. El calor de sus manos y el tacto innato de sus dedos en mi piel era una sensación única y extraordinaria para mi cuerpo. Dios, ¿qué estaba pasando?—Puedo hacer muchas cosas contigo. Sus labios bajaron por mi oreja y se deslizaban como vapor caliente por mi clavícula. Me estaba quemando lentamente y eso no se podía evitar. Lentamente esos carnosos labios se deslizaron por mi hombro mientras dejaba una ligera capa de besos calientes por mi cuello. Lo único de lo que estaba segura en ese momento era que Maxon era un hombre de muchas mujeres y que cuando quería algo lo obtenía como un simple objeto. Yo no quería ser un objeto, ni tampoco presa de su deseo. Con todas las fuerzas necesarias, logre articular palabra. —¿Co...como sabes mi nombre?—pregunte con un jadeo provocando que sonriera contra mi piel. Sabía cómo funcionaban estos eventos. Si un hombre de su calaña se acercaba a ti más valía ceder porque todo lo que acaparaban sus ojos le pertenecía y si no querías ceder entonces Moscú no era lugar para ti. Tal vez había sido el vestido o tal vez mi cabello, pensé pasar desapercibida pero había acaparado su atención sin siquiera esperarlo. —Desde que tropezaste conmigo hace un rato lo averigüé, hermosa Savannah. Mi nombre en sus labios me hizo tragar saliva. ¡Detente! ¡No puedes dejarte como una puta! ¡Acaba con esto! Tal vez esto era Moscú pero yo no era una zorra de su propiedad y tampoco la clase de mujer que se podía llevar a la cama con solo pedirlo. No podía ir más lejos, tal vez era mi trabajo pero todo tenía un límite y este era el mío. No necesitaba más, necesitaba hacer lo que yo quería, cumplir con mi misión y no ceder ante los caprichos de un ruso. Una lucha interna se desató dentro de mí, quería parar pero no podía, mi cuerpo estaba dominado por él. Sus ojos eran tan hipnotizantes que pensé en dejarme caer y en arrepentirme mañana pero no podía, no debí. —Basta—exclamé en voz baja y fueron las unicas palabras ligeramente contudentes que pude pronunciar en aquellos momentos. Rápidamente me di la vuelta e intenté tomar aire. Sus ojos me observaron burlones y entonces me vi en la obligación de continuar.—No soy una más en su lista Maxon Ivancok. Él me miró penetrantemente, y luego de un rato sonrio. Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza. Pude haberme hecho un ovillo allí mismo para despues desaparecer, pero me mantuve firme, de pie, sintiendo que me rodeaba alguna fiera que no tardaría en devorarme. —Me gustan los retos Savannah y ahora me he propuesto uno contigo. Eres la mujer más preciosa que he visto en esta cena y me temo que me agradas mas de lo que puedes imaginar. Me gustan las mujeres con carácter y tu pareces tener mucho de esto.—Puso un mechón de cabello detrás de mí oreja y recorrió mis labios con sus dedos mientras acariciaba mi piel y parecía grabar en su cabeza una imagen de mi rostro. —Déjame. Intenté alejarme pero me tomó por la barbilla y levantó mi mentón. No había sido un buen tono para decirle que me dejara en paz y que continuará su camino. —Dentro de unos días, estarás en mi cama—aseguró e hizo que mi cuerpo se tensara ante su cercanía, se inclinó y se acercó a mi oído—, gritaras mi nombre mientras tus uñas arañan mi espalda. FIN DEL FLASHBACK Despues de aquello se había marchado, me había dejado allí, como si me tratara de alguna de sus mujeres. Debía tener muchas, pero ninguna parecía tener dignidad o eso era lo que yo pensaba. No queria volver a revivir esos momentos tan, tan insanos, no habia palabra que lo describiera, el no podría cumplir lo que queria yo estaba del otro lado del mundo y viajar para él no era una opción. Ivancok podía joderse, ya estaba en Estados Unidos lejos de su poder y donde solo importaba el trabajo, el dinero y mi vida, la vida que llevaba aquí y que me hacía bajar y subir, como una montaña rusa. Malditas montañas y para variar rusas. Tal vez habían pensando en él para nombrarlas, aunque era el pensamiento más estupido que había tenido en mi vida. Mi hogar era un pequeño departamento. George me había pedido muchas veces mudarnos, pero yo era una mujer independiente. Me gustaba la soledad lo cual a su vez me ayudaba a pensar. George, se tenía que ser de sangre liviana para poder dormir pensando en si estaba bien, durante la misión en Moscú. Me sentí sucía de alguna forma pensando en que mis pensamientos pudieron haber sido una especie de traición e infidelidad. Lo fue pero intenté no castigarme con ello. Mi padre jamás había estado de acuerdo con que trabajara para el FBI. Él quería que fuera doctora o tal vez abogada. Así que después de dos años trabajando para el FBI decidí integrarme a la escuela de Leyes en California solo para que él se sintiera orgulloso aunque ya no pudiera verme. Así podría cumplir mi sueño y su sueño a la vez. Papá era un hombre que era inteligente, pero tenía miedos, temía por mí y yo lo sabía, era mi padre, pero una vida con miedos, lo hace una vida aburrida y yo no quería eso para mí. Lo lamentaba por papá, pero esta era la vida que había deseado vivir y me sentía plena en ella, viviendo, disfrutando cada detalle. Podia estudiar y trabajar al mismo tiempo, así que hoy era día de ir a la universidad, trabajaba tres días a la semana y cuatro iba a la universidad puesto que mi trabajo no era muy habitual. Eso era lo divertido, podía hacer con mi vida una especie de planeación y cubrir cada detalle y cada rubro se acoplabla a lo que yo deseaba. Bendito fuera el gobierno de America. Cumplir la ley, atrapar a los malos y tal, no podía ser algo aburrido. Mi trabajo iba a la par con mi carrera y mi avida juventud era solo una oportunidad para ir más alla. Había moral y tantas cosas ocultas dentro de las páginas de los libros que me agradaban de tal forma que lo hacía divertido. Hubo una vez un compañero del instituto que yo creía que estaba loco, solía decir que las matematicas eran lo más excitante del mundo, yo pensé que no tardaría en salir una segunda cabeza, pero allí estaba yo, cinco años despues, considerando que leer la constitución y todo el proceso penal era lo más divertido del mundo. ¿Quién diría que la escuela de leyes fuera tan divertida? Llevaba aproximadamente dos horas de clases y ni siquiera había bostezado tal vez era porque el profesor era caliente, muy caliente. Era esa clase de abogado con suma elegancia y con modos firmes y seguros. Se había arremangado la camisa y estaba anotando algunas cosas en latín dejando ver su imponente estampa y la forma en cómo esos pantalones de franela se adaptaban perfectamente a su redondo y perfecto trasero. Muchas de las alumnas estaban pensando en abandonar la materia, pues le ponían mucha más atención al atractivo del profesor que a la materia misma. Yo tal vez no tardaría en pensar lo mismo. Tomé mi lápiz y comenze a dibujar perdida en mis pensamientos, pensaba en George y en nuestra próxima boda, en los elocuentes preparativos. Antes de que me diera cuenta había dibujado un par de ojos, pero no eran cualquier tipo de ojos, siempre había sido muy buena en dibujo. Mis artes gráficas eran destacables y mi mente una cámara fotografica que recordaba detalles, gestos y toda clase de cosas que nadie notaría pero que yo sí y que me empeñaba en no olvidar. Mis ojos, mi mente y mis dedos me habían traicionado de nuevo pues justo ahora me había dado cuenta de que había dibujado los ojos de Maxon Ivancok. —¿Puede decirnos lo que opina del caso, Williams? Joder. Cerré la libreta y dejé el lapiz sobre la mesa cuando escuché que mencionaron mi apellido. Sentí la mirada de todos sobre mí y entonces sonreí nerviosamente. Maldita sea. El profesor jamás me había preguntado algo hasta hoy, tal vez era porque me veía demasiado distraída. Me aclaré la garganta sientiendome culpable y entonces asentí para ver a la pizarra y despues mis apuntes. ¿Debiamos estar con el mismo caso de la vez pasada no? El profesor podía ser un tanto guapo pero predecible, así que use esa poca virtud en mi beneficio. Solía enfrascarse en un solo caso hasta deshebrar cada detalle, porque decía que un buen abogado debía ser minucioso. —Si, el acusado tiene los delitos de tráfico de armas, tráfico de drogas y estafas en casinos. Opino que tal vez se le pueda aminorar su condena. Ya que todas las pruebas lo inculpan y será imposible ganar el caso en su favor. Cuando no hay posibilidad de obtener un veredicto forable debemos trabajar en otros campos. El profesor me limitó a mirarme y lanzarme un gesto molesto. Se había dado cuenta de que no estaba en la clase y tal vez estaba pensando en alguien, el cual no merecia la pena pensar. Maldito Ivancok. Cuando vi a Maxon por primera y única vez, no pensé que fuera tan atractivo, tenía unos ojos profundos, azules, exactamente iguales a los de Aleksey, su padre. Su atractivo era lo que más me impactaba, pero el tipo estaba destinado a hacer así, su madre fue modelo una de las más hermosas y su padre, no lo dudaba, era uno de los hombres más atractivos de Rusia. Los genes siempre triunfan. No había manera de que fuera feo. Sin darme cuenta estaba pensando cosas que yo no debería pensar, está comprometida y tenía que respetar a mi futuro marido, pero me encontré vagando en mis pensamientos, y di con que si no ubiera tenido a George probablemente estuviera acostándome con Maxon y lo único que lo impediría era mi trabajo. A la mierda el trabajo, de todos modos él iría a prisión tarde o temprano. Tenía que atraparlo a como diera lugar, tenía que perseguirlo hasta dar con él, pero no sabía lo que ocurriría después. Podía tener una relación de cazador cazado con el. Él era el cazador y yo su presa, pero podíamos intercambiar papeles, aunque dudaba que con los ojos cargados de astucia que parecía tener yo lograra obtener lo que deseaba. Los planes podrían girar en mi contra y quitarme la posibilidad de obtener lo que había ido a buscar y darme cosas completamente inrequeridas. Pero algo en mi se negaba a aceptar cambiar de papel. Quería tenerlo bajo mis sábanas y eso que solo lo había visto una vez. Pero eso fue lo único que bastó para hacerlo entrar en los lugares más profundos de mi mente y de mi cuerpo. ¿Qué estaba pasandome? ¡Estaba perdiendo la puta cabeza! Debía recordar la verdad, mi presente y mi futuro que se resumían al hombre que amaba y que se llamaba George. Mire nuevamente mi cuaderno, tenía que olvidar sus ojos, tenía que dejar de pensar en él. Tenía que alejar mis pensamientos y concentrarme en mi realidad. No siempre lo que se desea es lo correcto. Miré hacia la pizarra intentando distraerme. Pero para qué mentir fue imposible. La cabeza me había traicionado y dudaba que cambiara de parecer. Afuera estaba lloviendo y yo me encontraba en la pequeña cafetería del campus mirando los pocos apuntes que había hecho el día de hoy. Escuche la silla de al lado ser arrastrada pero no le tome importancia sabia de quien se trataba. —Savannah deberías dejar de esforzarte tanto—dijo una voz masculina para despues darle un mordisco a su manzana—. Moriras pronto a este paso. Un trabajo consumidor y una carrera, una combinación un tanto demandante a decir verdad. —No soy como tu Sam, mi madre no me da dinero cuando le pido tengo que solventar mis gastos sola—repliqué—, tengo ambiciones, deseos y muchas facturas que pagar. No todos gozamos de un estilo de vida liberal y solventado como tu comprenderas. Él parecio verse ofendido, pero sabía que solo era un juego, Samuel jamás se ofendia y menos con realidades, porque si, Sam era un mantenido, pero yo estaba feliz de que lo fuera, cada uno tenía sus propios problemas, el mío eran las facturas, los suyos que mujer se iba a tirar durante el fin de semana. Problemas diferentes pero problemas al final. —Eso fue un golpe bajo pero permiteme mostrarte lo bueno de mi privilegio y salgamos esta noche a divertirnos, hay una disco cerca. Habra mujeres, chicos, ricos, adinerados… —¡Son lo mismo! —Mejor un rico que un adinerado. —Tengo prometido, Samuel. —¿Y crees que eso a él le importa? Fruncí el ceño. —¿Qué estás insinuando? —Nada, nada. Solo que creo que todo hombre comprometido siente la necesidad de disfrutar de su vida antes de amarrarse al jodido matrimonio. Es la realidad. —No, George no es así. —Así son todos. Era mejor zanjar ese tema. Confiaba en George y las insinuaciones no eran algo que me robaran el sueño. Lo mire de reojo no tenía ganas de nada, solo quería ir a mi casa, tirarme en el sofá y mirar algo para nada importante en la televisión, tal vez una película. Sin duda hoy mi gran compañera sería la almoada y el tarron de helado. Necesitaba ese jodido helado. —Gracias Sam, pero estaré ocupada toda la noche, tal vez luego. Antes de casarme, una buena noche, con unos mojitos y tal. Pasar un buen rato, porque la realidad es que los bares no son mi lugar favorito. —Está bien. Lo intenté, quería que fueras conmigo. Al parecer encontré una compañera para salir en estos días pero hoy está ocupada. Ahora tendre que encontrar a alguien más para hoy. Nos vemos Savannah aburrida. Se levantó de la silla, y se alejó del lugar dejandome ofendida y deseando lanzar lo primero que tuviera en la mano, tal vez mi libreta quedaría bien en su cabeza. Samuel era un chico de ligues de una noche, se acostaba con una chica hoy y no se acordaba, hasta la mañana siguiente que despertaba a su lado en la habitación de algún hotel o simplemente se daba cuenta porque, su paquete de condones estaba incompleto. Era un idiota como la mayoría de los hombres. Hoy saldría con Cassie, teníamos algunos asuntos de chicas que hablar, además me acompañaría a ver a la organizadora de bodas. La boda me consumía por igual pero había un vacío en mi estomago que no me agradaba. Tal vez una conversación con mi amiga me ayudaría a solucionarlo. Deje unos billetes en la mesa y tomé mis libros. Coloque mi bolso en mi hombro y me marché dejando la tranquilidad del lugar. Tal vez mañana regresaría allí. Camine hacia mi apartamento, pero en todo momento me sentía observada, me sentía como si un par de ojos estuviera sobre mi. Maldito ambiente. Caminé y no me sentí a salvo hasta haber llegado a la seguridad de mi apartamento. Dejé mi maleta en el sofá y fue justamente cuando mi teléfono sonó. Rapidamente lo tome en mis manos y deslice el dedo sobre la pantalla. —Williams, el general Clayton ha regresado y desea hablar lo más rápido posible con usted. Se le espera en las oficinas en una hora. El general tendrá cosas importantes más tarde y será mejor que se apresure. Los planes se habían arruinado. No hay reunión de amigas si no trabajo. ¡Excelente! ¡¿No podía regresar en otra otra o fecha?! ¡Joder! —Ire lo mas rápido que pueda—respondí para despues tapar el microfono y bufar. Excelente, mi tarde arruinada. —Dese prisa Williams. (...) Clayton tomó una pequeña vara en sus manos y comenzó a hablar, tenía un mapa de Rusia y otro de Moscú. Sus ojos severos analizaron cada detalle y entonces frunció el ceño. Ese era su gesto dominante, no era Clayton si no tenía el rostro amargado. General despues de todo y un hombre poderoso con muchas responsabilidades sobre sus hombros. Si tuviera la mitad de su trabajo yo también estaría amargada. —Bien, señores, según la información de Williams la mansión de los Ivancok está aquí, pero hemos investigado y no tiene dueños aparentes, supongo que eso nos da una pista de que los dueños podrían ser nuestros objetivos—dijo Clayton encerando imaginariamente el lugar donde se ubicaba la residencia con su delgada vara.—La mafia siempre suele usar ciertos prestanombres para ocultar sus propiedades, la persona que sea dueña de esa mansión será un socio o cómplice de los Ivancok y un lazo para llegar a ellos. Clayton era el general mayor del FBI, era uno de los pesos grandes por así decirlo, era conocido por ser un hombre capaz y que jamás se le escapaba nada, para mí era un orgullo ser dirigido por alguien tan poderoso. —Las grabaciones en la reunión rusa ya están en nuestros archivos—informó el general haciendo que las personas que estaban en la sala asintieran.—Lamento decirles que hemos llegado un poco tarde, pero como saben eso no es impedimento para mí. "Tenemos las pruebas necesarias para agregar a Maggie Fisher a la lista de asesinatos de los Ivancok. Aleksey Ivancok tiene un hijo de veintisiete años llamado Maxon Ivancok, nacido en Moscú el veintisiete de diciembre del año 1991, desde hace dos años maneja la mafia rusa y no es para nada inexperto en estos asuntos. Hijo de Aleksey Ivancok y Eloise Johnson, claro además de su melliza Diane Ivancok que no ha sido posible encontrar en ninguna base de datos." Lamento informar, señores, que la mafia se reproduce rapidamente y tiene dos cabezas. Su mirada demostraba el odio que sentía hacia los rusos y la manera en la que decía aquellas palabras parecía veneno, su mirada recayó en mí y después se alejó de la mesa. —Lo peor de todo esto es que hay una conexión bilateral entre la mafia rusa y la italiana, temo decirles que estamos en serios problemas. Si la Cosa Nostra es aliada de la Bratva estaríamos delante de una situación incontenible que pondría en riesgo la seguridad de la nación. —¿Qué haremos con este problema Jeremías?—preguntó uno de los hombres de la sala, quien tenía un uniforme militar y jugueteaba con un lapicero de forma nerviosa—. Acabar a los rusos no es sencillo, especialmente si maneja esta clase de aliados y tiene un poder que nosotros no consideramos. En el lugar se encontraban el director general de FBI y los demás eran personas de alto rango y poder, como el vicepresidente y sus generales, además claro de Clayton, George, Cassidy y yo. —Pretendo que una persona nos lleve a él, y para ser sinceros ¿Qué hombre se resistiría a los encantos de una hermosa mujer?—preguntó sonriendo, pero su sonrisa era tosca y no transmitía seguridad, especialmente cuando se dirigió a mí. ¿Qué estaba pensando? —¿Pretende que le mandemos una mujer para que lo seduzca?—preguntó Donald, el vicepresidente. Debía estar bromeando. ¿No? Jeremías negó. —Pretendo mandarle un anzuelo para que caiga como un maldito pez—él apretó fuertemente el puño, y observó su acción para luego mirar a los presentes—. Pretendo mandar a una de mis agentes más experimentadas a él y ganar confianza para después meterlo en prisión por el resto de su vida. Además ella irá por un buen cobro, no solo pondrá tras las rejas al líder de la mafia rusa sino también al asesino de su padre. Hay deudas que deben saldarse y esta es una magnífica oportunidad para ella. Su mirada recorrió a las únicas dos mujeres de la sala, o sea Cassie y yo. Sabía a lo que se refería, sabía a qué mujer deseaba enviar y el porqué. —Quiero que se vengue la muerte de Ryan Williams, que pereció en aquel operativo donde se planeaba desestabilizar a la Bratva. Esas palabras bastaron para poner mi cuerpo alerta.
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