El comedor de la mansión Vernay relucía bajo los candelabros, la luz danzando sobre la mantelería de lino blanco y las copas de cristal, un escenario de opulencia. La cena, un festín de faisán, trufas y vinos de Burdeos, había concluido, y los invitados, reunidos en torno a la mesa, aguardaban el siguiente acto de la velada. La duquesa Honorine de Valmont, en un vestido n***o de encaje, presidía con una elegancia regia, sus ojos oscuros escudriñando a cada rostro: Silas, en frac n***o, rígido junto a Bernadette; Camille, en muselina azul noche, radiante al lado de Adrien Dorléac; Philippe y Clarisse de Vernay, anfitriones perfectos, sus sonrisas cargadas de intención. Bernadette, en muselina marfil, mantenía la mirada baja, el corsé apretándole más que las expectativas de Silas. Clarisse

