Detrás de las paredes

1977 Words
Richard Duque, ¿qué se podría decir de él? Un hombre común en una ciudad común con una vida común. Parentesco con la monotonía. Cuestión curiosa que plantea una pregunta: ¿cómo reacciona un hombre común ante una situación extraordinaria? Historias narradas desde tiempos inmemoriales nos hablan de hombres y mujeres de maravillosas cualidades enfrentándose con realidades excéntricas; valiéndose de virtudes humanas pero magnificadas para poder hacerles frentes a esos monstruos ⸻en ocasiones simbólicos⸻ que les amenazan la vida y los aleja del mañana. Personas extraordinarias para sucesos extraordinarios. Pero cuando le toca el turno a un hombre corriente, se rompen las letras de las fantasías y conminan a la ficción para que se alejen. Se ralentizan las reacciones, se vuelven aburridos los discursos. No hay prosa que romantice el día a día. El hombre común se ve superado por su presente. Y, siendo Richard Duque de esta categoría, ¿cómo habrá reaccionado ante al s******o de su mejor amigo? Los sentimientos se vuelven complejos cuando no están resumidos en un arte. Son árboles de muchas y muchas ramas, con hojas cayéndose de a poco sin saber si volverán a crecer. ¿Habrá sentido ira? ¿Tristeza, desamparo, soledad? ¿Cómo explicar la indiferencia de su aceptación ante lo ocurrido? Tal vez sea un hombre que huye, corre, se espanta ante esa lanza que le persigue con la intención de lastimarlo. Hércules le hubiese hecho frente. Aquiles la hubiese detenido. Pero un hombre común corre y corre, hasta que esta le alcanza.             Ryan cavilaba al respecto mientras conducía.             El sol del mediodía atravesaba las ventanas del auto y trataban de transmitir su calor siendo detenidas por el aire acondicionado del vehículo. El cielo estaba exento de nubes. Solo una estrella allá arriba, en lo más alto, indicándonos la hora.             Manejaba más rápido que de costumbre. Ryan había decidido optar por otro modo de enfrentar esas tareas desagradables que poseía. Si con la casa Savelli fue lento y descuidado, ahora sería rápido y preciso. O al menos lo intentaría. Y siempre manteniendo el control, por supuesto.             Su conversación con Richard Duque lo había dejado en un mar salado y sin saber nadar. No podía por nada del mundo desconsiderar la idea de estar cometiendo un error en el rumbo que había tomado, tratando de darle paz a un recuerdo y a su propia conciencia; aunque las pruebas encontradas en la antigua casa pudieran servirse como fundamento, la explicación de estas, tan desconocidas como América antes de la llegada de Colón, podrían ser sustanciales o insustanciales sin que él pudiese advertirlo antes de que fuera demasiado tarde. Richard le había dicho que se alejara, que terminara con sus deberes autoimpuestos, ¿pero con qué intención lo había exigido? Podría estar intentando ayudar. Podría estar intentando ocultar. Ocultar un secreto suyo. Ocultar un secreto de Hernán. Ryan estaba harto de lo oculto. Ojalá los pensamientos fueran cristalinos como el agua, pero incluso esta se oscurecía cuando llegaba la noche. La muerte de Hernán estaba llena de oscuridad, ¿acaso lograría ser la luz? Lo dudaba, pero debía intentarlo. Por Hernán. Por él.             Si él no te dijo nada, será por algo.             Ojalá se lo hubiese dicho. Ojalá se lo hubiese contado todo, fuera lo que fuera.             ¿Por qué no le contó nada? Eso era pregunta para otro día.             La pregunta de hoy era: ¿qué debía contarle?             Necesitaba averiguarlo.             El guardia de seguridad de la urbanización donde Hernán residía lo reconoció al primer vistazo. Se alegró de que no lo acompañara el “policía imbécil” del otro día y lo dejó pasar sin más preocupaciones. El portero del edificio le dio un recibimiento más o menos igual. Ninguno de los dos parecía muy interesado en él. Ryan se preguntó cómo habrá sido la reacción general de ambos oficiales, y del edificio en sí, el día en que se descubrió un c*****r en uno de sus apartamentos.             Vamos a ver, pensó Ryan mientras subía el ascensor, salía y atravesaba el pasillo.             Caminó lentamente sin quitarle la vista de encima a la puerta del final, esa que le abría el portal al hogar de Hernán. Tuvo el impulso de atravesarla de nuevo y ver otra vez las ultimas paredes que observó su amigo, pero ya tendría que guardarse eso para otro día. Había trabajo que hacer.             Se detuvo antes del apartamento de Hernán, en la puerta de la izquierda que daba la entrada a uno de sus vecinos. Tras ella se escuchaba una canción de vallenato.   “Los caminos de la vidaaaaa, no son como yo pensaba No son como los imaginaba, no son como yo creía.”               Se preguntó si el residente apagaría la música alguna vez. Tocó el timbre dudando seriamente que pudieran escucharlo con tanto ruido. Esperó unos segundos y cuando estaba por tocar de nuevo, la puerta se abrió.             Un adolescente de entre los quince o dieciséis años lo veía a medias. Giraba la cabeza hacía él y hacia el interior del apartamento gritando: “¡Mamá! ¡Bájale al volumen que hay visitas!”. Un grito le respondió desde adentro diciendo que no le bajaría. Era un chico alto y delgado con unos goggles sobre una cabellera castaña, larga y oscura que le caía con una coleta sobre la espalda. Su piel pálida era más bien lechosa y su acné no le había tenido piedad alguna. Observaba a Ryan desde arriba mientras le seguía gritando a su madre que redujera el volumen, pero esta no le respondía. Finalmente, el chico cedió, salió del apartamento y cerró la puerta tras de sí. El sonido se redujo drásticamente.             ⸻Perdóneme eso, es que… ⸻no debió encontrar explicación, porque cerró los labios y se quedó viendo a Ryan con curiosidad.             ⸻Hola, yo quisiera... ⸻¿Interrogarte?⸻ hacerte unas preguntas.             ‒ ¿Sobre qué?             ⸻Sobre un vecino que tuviste: Hernán Savelli.             ⸻Oh…             El chico giró la mirada hacia el apartamento de Hernán, observándolo como si en cualquier momento esperara verlo salir. Su semblante era serio en un inicio, pero segundos después se ruborizó como quien recuerda una vieja travesura. A Ryan no se le escapó el detalle.             ⸻¿Te molestaría si pasáramos a hablar?             ⸻No creo que podamos hablar mucho en el interior.             Ryan estuvo de acuerdo con él; la canción seguía sonando y, de ser posible, con más fuerza.             ⸻Está bien, de todas formas, no es mucho lo que preguntaré.             ⸻No sé si haya algo que le pueda responder.             ⸻Quisiera saber si estabas aquí el día que sucedió el s******o.             ⸻No, yo… pero, ¿quién es usted? ⸻preguntó receloso. Ryan pensó que estaba siendo demasiado directo, o tal vez no; quizá debía presionarlo. No tenía ninguna experiencia en el campo de los interrogatorios.             ⸻Soy un viejo amigo de Hernán ⸻decidió no mentir.             ⸻No lo había visto antes por aquí.             “Si fuera su amigo, lo hubiese visitado” leyó Ryan entrelíneas.             ⸻Estuve lejos mucho tiempo, pero fuimos amigos durante muchos años. Más o menos cuando teníamos tu edad.             ⸻Ah, entiendo.             ⸻Hace poco regresé por el motivo de su muerte y quisiera saber más al respecto. ¿Fuiste su vecino durante mucho tiempo?             ⸻Sí, durante años. Él era un buen compañero. No se molestaba por la música y siempre saludaba cuando nos veíamos. Muchas personas del edificio ni siquiera cruzan la mirada conmigo. Me ven como un bicho raro. Pero Hernán era agradable. No decía gran cosa, pero escuchaba mucho. Siempre dispuesto a ayudar.             ⸻¿Te ayudó alguna vez?             ⸻Bueno, yo lo digo porqué… ⸻el joven se apegó más a su puerta. Esquivaba la mirada de Ryan como si este pudiera torturarle con ella. ⸻un par de veces.             ⸻¿En qué?             ⸻Tonterías.             ⸻¿Tonterías?             ⸻Sí             Ryan dudó.             ⸻¿Cómo te llamas?             ⸻Mis amigos me llaman Legend             ⸻Legend, cualquier cosa que me puedas decir, hasta la más minina, podría ayudarme. Aunque solo sea un detalle de tu vida con él. No solo quiero saber cómo sucedió, también quiero entender cómo estaba, cómo era, cómo vivía su vida.             ⸻Pero no es importante.             ⸻Eso déjame decidirlo yo.             ⸻Vale, vale. Hernán a veces me dejaba saltar de su balcón al mío.             Unos segundos de incrédulo silencio en lo que Ryan se recuperaba de la impresión                      ⸻¿Cómo así?             ⸻La distancia entre el balcón y el mío no es muy grande             ⸻Pero no dan el uno con el otro.             ⸻El de mi cuarto sí, ese queda muy cerca del balcón de la sala de Hernán. Este edificio tiene una estructura muy extraña.             ⸻¿Y saltabas de uno a otro?             ⸻Sí, señor.             ⸻¿Por qué?             El chico se reburizo tan rápidamente que Ryan temió que le diera algo.             ⸻La primera vez fue porque me perdí en la ciudad. Regresaba de una comic com; que estuvo muy divertida, por cierto; pero me había perdido en la ciudad y llegué muy tarde a mi casa. No tengo llave de la entrada y mamá andaba dormida; yo no quería despertarla. Pero Hernán estaba despierto, vi la luz por debajo de su puerta. Le expliqué lo sucedido y me dejó entrar. Cuando me asomé por su balcón, estaba el mío justo al lado. Si mamá despertaba y no me veía en mi cuarto enloquecería y su salud es muy delicada. Así que mientras Hernán estaba en el baño… salté.             ⸻Pudiste haber llamado a tu madre del teléfono de Hernán, dejarle un mensaje, esperar en el pasillo, ¿y se te ocurrió saltar?             ⸻No fue mi mejor idea. ⸻Estaba tan apenado que casi parecía querer fundirse con la pared. Seguía mirando al suelo. Tenía un aire inocente parecido a Rick Savelli, con esa timidez en la mirada. Puede que Hernán también lo hubiese percibido⸻. Es que tenía ganas de una emoción, ¿entiende? Perderme en la ciudad fue aterrador pero divertido de un modo muy peligroso. Creí que un día así debía tener un final épico. La vida a veces es muy aburrida, ¿no cree? Hace falta algo que dispare los dardos             ⸻Y ese “algo” fue saltar             Se volvió a ruborizar.             ⸻Me gustó mucho hacerlo y comencé a pedirle a Hernán que me dejará hacerlo más seguido. Por un tiempo se negó y muy rotundamente, pero luego de la nada cambió de parecer.             ⸻¿Te dejo hacerlo? ⸻Algo atípico en Hernán.             ⸻Sí, era como si ya no le importara. De hecho, durante un tiempo, era como si absolutamente nada le importaba             Ni su vida             ⸻Por eso le agarraste cariño.             ⸻Sí, era muy amable…             ⸻¿Estuviste aquí el día de su…?                  El muchacho volvió a mirar el apartamento, melancólico.             ⸻No. Mamá y yo estábamos de viaje.             Detalle interesante             ⸻Entiendo. Bueno, muchas gracias por recibirme.             ⸻¿No quiere hablar con mi madre?             ⸻No hace falta.             ⸻Entonces ya se va.             ⸻Sí, tengo algunas cosas que hacer. De todas formas, muchas gracias, de verdad. Hernán debió de quererte también.             ⸻Mamá dice que los hombres que se suicidan, es porque no quieren a nadie             Tal vez tenga razón.             Con un gesto de la mano Ryan se despidió.             ⸻Salude a su hermana de mi parte ⸻agregó el muchacho.             ⸻¿Conociste a su hermana? ⸻Apretó el botón del ascensor.             ⸻No, pero a veces venía y…             Ryan entendió el por qué se ruborizaba tanto. Claro, Javiera cumple todos los requisitos de ser la linda vecina que espías por la ventana.             ⸻La última vez que la vi, vino ella con su papá. Bueno, el papá de ambos. Estaban los tres ahí. Fue raro. Me pareció escuchar que discutían. A los pocos minutos ella y su padre salieron sobresaltados.             Ryan entró en el ascensor.             ⸻¿Tienes idea de por qué?             ⸻Creo que tiene que ver con la pareja de alguien. Del otro lado se escuchó algo como “Lo que hagan en la cama…”             La puerta del ascensor se cerró
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