Amenazas

3453 Words
           Esperando en la entrada del parque, Ryan miraba a su alrededor cada cinco minutos. Sabía qué hace cuatro vistazos faltaban veinte minutos, y que al que le siguió a ese le faltaban quince, luego diez y ahora cinco. En trecientos segundos la mujer mayor de los Savelli llegaría con la amenaza en la lengua. Su sola presencia era una pistola apuntándole al pecho. Un arma con el seguro descolocado. Ahora faltaban doscientos segundos. Ciento cincuenta. Cien.              Como si de un fantasma se tratase, Ryan la vio acercarse entre la multitud.             Vestía de n***o, con su elegante cabello amarrado sobre su espalda, con sus hombros protegidos por un chaleco de oficina, con unos lentes oscuros cubriéndole los ojos. Caminaba despacio. En cincuenta segundos llegaría. Ryan pensó en dar un paso adelante, pero se detuvo. Detrás de esos cristales opacos, ella lo estaría observando, aunque en su semblante de piedra no se viese señales de reconocimiento. Treinta segundos más y la tendría a su lado. Raquel Savelli, probamente la mujer más peligrosa de aquella familia. No exageraría decir que podría serlo también de toda la ciudad. La influencia mediática es lo que crea poder en el mundo moderno. Mientras más controles, mientras más redes puedas tejer a tu alrededor, mayor será tu poderío en los temas que te incumben. Y los Savelli, para nada escasos de recursos, tenían su cuerda bien amarrada allá donde les interesase, gracias a la mezcla de dinero y negocios. Una familia que bien podría corromper toda una ciudad cualquier día de la semana. Y en veinte segundos tendría a la mano derecha de los Savelli, aunque no era difícil de adivinar como, detrás de su marido, era quien manejaba los hilos. Ya estaba muy cerca. A unos diez segundos. Ahora eran cinco. Eran tres. Dos. Uno.             Raquel Savelli le pasó por al lado sin siquiera mirarlo. Con un leve gesto de su dedo índice bastó para indicarle que la siguiera. Ryan no dudó en obedecer.             Había llegado la hora cero.             Es increíble lo mucho que puede intimidar una mujer. Con su porte, con sus curvas. Pero no por nada han sido los grandes detonantes en conflictos importantes a lo largo de la humanidad. Quien lo dude, que cierre los ojos y le dé una oración a los Troyanos.             Ryan la siguió al interior del parque. No había cambiado en comparación a como estaba aquel día cuándo sorprendió a uno de los ayudantes de Samuel. Las parejas, las familias, los niños jugando. Y los recuerdos, sobre todo los recuerdos. Cuadros pintados y colgados en las paredes mentales de la infancia. Vio a un vigilante obligando a un hombre a apagar su cigarrillo. Trató de olvidarse de eso y concentrarse en el presente. Si antes estuvo ahí con su antiguo amigo, ahora lo estaba con la madre de este, lo cual le confería a todo el sitio un aspecto más tétrico. Los árboles, más que crear sombras reconfortantes, obstruían la labor del sol creando superficies oscuras y deformes ahí donde viera. Las familias, más que contribuir al ambiente, eran un recordatorio de todo lo que podía perder y lo que había perdido Hernán, y tal vez, incluso, un recordatorio de quien se lo había quitado.             Familia, esa es una palabra peligrosa.             Familia: grupo de gente, posiblemente distintas entre ellas, llevadas a convivir bajo un mismo techo sin elección aparente.             Todo lo que es al azar en la vida, puede convertirse en un infortunio. Y nada es más aleatorio que la familia.             Raquel Savelli mantuvo su paso hasta llegar a las orillas del lago. Lo observó por segundos y se giró hacia la derecha, caminando hasta sentarse en un banco verde que daba directo hacia el agua. Ryan se alojó a su lado. Las nubes se reflejaban perfectamente en el agua, solo perturbada por el calmante nadar de un grupo de tortugas que giraban entre ellas. Un poco más allá, un chico le lanzaba piedras al lago, viéndola rebotar un par de veces antes de desaparecer. Una chica lo admiraba en silencio. La señora Savelli los contemplaba a ambos.             Pasaron varios minutos en silencio. A Ryan empezaban a sudarle las manos, no sabía si por causa del calor o de algo más. No quería tener la primera palabra. Quería escuchar lo que ella tuviese que decir y escoger el mejor modo de refutarle. Sea lo que sea que dijese, sus palabras tendrían alguna g****a y él la hallaría. Era cuestión de prestar atención             Ella finalmente cedió.             ⸻Son hermanos.             ⸻¿Disculpe?             ⸻Los dos de allá. El chico que lanza la piedra y la chica que lo espera. Son dos hermanos             Detallándolos, el parecido físico era mínimo, prácticamente nulo. El joven tenía una tez oscura mientras que la muchacha llegaba a ser pálida. Él parecía menor que ella por algunos años; su rostro era más tierno y redondeado. La chica no decía nada, solo lo observaba, aburrida.             ⸻Podrían ser primos ⸻acotó⸻ o pareja. Podrían ser amigos o algo así, no tienen por qué ser precisamente hermanos.             ⸻Oh, pero lo son.             ⸻¿Cómo lo sabe?             ⸻Es por el silencio que hay entre ellos. Si fuesen primos o amigos, el silencio les incomodaría; tratarían de llenarlo a toda costa con alguna conversación, un chiste o una anécdota. Tratarían de encontrar el modo de seguir hablando de lo que sea con tal de no tener que callarse en silencio por un rato prolongado. Si fuesen pareja, ella trataría de abstraer su atención, o él se la entregaría sin que ella lo pidiese. Claro, eso sería diferente si han discutido, pero ella no se ve molesta, ni él tampoco; solo están aburridos. Así que son hermanos. Han pasado tanto tiempo juntos a lo largo de sus vidas, que están acostumbrados a no tener nada que decirse. El acto de pasar uno al lado del otro por el pasillo sin intercambiar palabras les ha cobrado la factura. Ya es algo natural, por eso no están incómodos. Tampoco sienten la necesidad de ganarse el afecto del otro, saben que ya lo tienen, que es intrínseco, y que será difícil de hacerlo desaparecer; es por ello que no les importa quien se aburra. No se dan demostraciones de afecto, ¿para qué? Son hermanos, ya todo el mundo debe saber que se aman. No hay razón para presumirlo.             Ryan se fingió mudo, observando al chico y a la chica. Raquel continuó.             ⸻Si fueran un poco mayores, unos quince años tal vez, podría pensar que son un matrimonio. Las relaciones entre hermanos y casados no son tan distintas. En ambos casos la relación se extiende casi toda la vida, o así debería serlo, y hay un momento en que pasa de ser elección a obligación. Te acostumbras a esa persona, con lo bueno y lo malo, y ya no existe ninguna pizca de gracia. Estás con esa persona y punto. Con los matrimonios prolongados también hay silencios. ¿De qué tanto pueden hablar dos personas que llevan años conociéndose, compartiendo cama y vidas? No hay secretos, y si los hay, es perjurio. No debería haberlos. Pueden conversar sobre trivialidades y hechos modernos. Alguna que otra curiosidad que haya salido en la noticia o una cuenta por pagar. Pero lo importante, lo necesario, ya lo saben. Pueden andar de la mano por la calle, el parque o en el auto, pero sin conversar. No hace falta. Hay quien vería en esto algo poético y hermoso: dos personas que se conectan por completo. Pero en su mayoría son jóvenes o adolescentes a los que no les ha tocado vivirlo. Fantasiosos y novelitas. Soñadores. De esos se nutren las historias de hoy en realidad. Pero la realidad es diferente. La realidad es mucho más aburrida, y el aburrimiento lleva a la locura. O al menos eso creo.             >>Supongo que eso tiene sentido: el aburrimiento lleva a la locura. Al desespero de querer hacer más, de querer vivir más; a pesar de que eso pueda significar perder cualquier pizca de cordura. Tal vez sea el estar aburrido lo que le ha provocado a tantos hombres cometer actos atroces. Necesitan despertar una emoción que nunca antes han sentido y encuentran el cobijo del fetiche donde menos se lo esperaban. ¿Eso tiene sentido para ti, Ryan Mayz?             ⸻¿Por qué me está diciendo todo esto?             ⸻Porque llevo mucho tiempo tratando de entender.             ⸻¿Entender qué?             Raquel Savelli no respondió, ahora miraba a la laguna, en silencio. Cuando Ryan iba a hablar, ella se volteó a mirarlo. Su mirada fue tan dura que Ryan cerró la boca de inmediato. Vio en sus ojos una frialdad pétrea e inquebrantable. Un macizo y robusto muro que no dejar entrar nada que la mente detrás de esos ojos no quiera. Un candado cerrado y con una llave escondida al nivel de la aguja en el pajar. Raquel no sentiría nada que no quisiera sentir, no diría nada que no quisiera decir y no haría nada que no quisiera hacer. Hermética de sentimientos; difunta de emociones. Esa mirada podría contener una choza o un palacio, su contenido no marcaba diferencia; lo verdaderamente resaltante era el sentir impuesto. Nada ni nadie abriría esa bóveda, madre de tres hijos, uno de ellos muerto, y esposa de un solo hombre.             ⸻Sé que usted entró en mi casa, señor Mayz. Si se le ocurre negarlo, me pondré de pie y usted lamentará el resto de su vida tan estúpida equivocación. Sé que lo hizo y tengo pruebas. ¿Cuáles? Eso a usted no le interesa. Las tengo y quédese eso en la mente. También sé que entró a mi habitación y a la de mis hijos. Sé cuánto tiempo estuvo adentro, sé dónde puso sus dedos, sé cuánto de mi oxigeno respiró. Estoy al corriente de lo que vio y créame cuando le digo que también sé lo que piensa. Sé lo que estaba cavilando como un tarado en el centro comercial. Lo sé todo, señor Mayz.             Él contuvo la respiración sin atreverse a contestarle. ¿Realmente sabría todo? Los interrogatorios, sus ideas, sus deducciones, Samuel.  ¿Todo?             ⸻No creo que pueda decir algo para defenderse. Sería muy fácil enviarlo a prisión por allanamiento de una propiedad privada, ¿sabe por qué no lo hago? Precisamente porque sería muy fácil. Sería en cambio más satisfactorio para mí arruinar su prometedora carrera como arquitecto. Un par de movimientos con las inmobiliarias y constructoras correctas, y le aseguro que lo único que podría diseñar y construir sería un castillo de arena en la playa donde viviría acampando.             Ryan no se inmutó.             ⸻Y, si subo el nivel un poco más, en vez de atentar contra su profesión, podría atentar contra usted. Su vida, señor Mayz, no sería difícil de erradicar. No lo haría yo misma, desde luego; pero le aseguro que el precio de un asesino a sueldo no estaría lejos de mi capacidad económica. Sería relativamente sencillo. Usted en esta ciudad no tiene familiares vivos, ni amigos, ni nada que pueda ayudarle. Está solo, señor Mayz. Está hospedado en el Flamenco Suite, donde la persona correcta podría asesinarle mientras sube por el ascensor. Ya lo habrá notado, pero es una cucaracha caminando entre gigantes, y si no se retira, tarde o temprano lo van a pisar.             Ryan no parpadeó, no habló, no dijo nada.             ⸻Yo le ofrezco la opción de irse adonde usted quiera. En cuanto salga de la ciudad, cualquiera de estas amenazas dejará de ser su problema y podrá enfocarse en vivir su vida. Claro, también puede quedarse, yo no se lo impediré. Pero elija muy bien las calles por las que transita y los lugares que visita. Una mala elección podría generarme una duda sobre sus intenciones y estas dudas podrían llevarme a desatar algunos de los perros que estarían dispuestos a morderlo. Usted es un hombre libre y yo no me interpondré en ello. Pero libre de vivir y libre de morir. A fin de cuentas, muchas veces nuestra libertad es lo que nos condena.             Él respiró profundo, flexionó los dedos, contó hasta diez.             ⸻¿Tiene algo que decir? Si quiere puede levantarse e irse, no hacen falta palabras. Sus próximas acciones serán su respuesta.             ⸻Ocho. Nueve. Diez.             ⸻¿Cómo?             ⸻Perdón, estaba contando.             ⸻¿Contando qué?             ⸻Nada, solo los números.             ⸻Si piensa que es un juego…             ⸻No, no pienso eso. Estoy muy consciente de lo mucho que está en juego aquí. Y estoy bastante seguro de que usted podría cumplir cualquiera de esas amenazas que nombra. Créame, no me cabe duda alguna.             ⸻Entonces espero que ya esté tomando una decisión.             ⸻Esa es una parte más difícil.             ⸻No, no lo es.             ⸻Sí, sí lo es. Porque usted sabe muchas cosas, y yo también sé muchas cosas. Pero lo que me molesta, lo que incomoda, es lo que no sé. Son los detalles que se me escapan. Es por eso que estoy aquí, ¿no? Y es por eso que me metí en todo este lio, por las cosas que desconozco. Eso es lo que me molesta, señora Savelli.             ⸻Mire la ignorancia como una virtud, muchacho. No hay nada aquí que debas aprender.             ⸻Yo creo que no es así.             ⸻Yo creo que ni siquiera tú sabes si de verdad estás detrás de algo que valga la pena⸻ con mucha parsimonia se sacó un cigarrillo del bolsillo junto con un encendedor. El humo no tardó en salir. Habló tras dos bocanadas⸻. Aún te recuerdo de cuando estudiabas con mi hijo. Todo el mundo creía que eras el seguro y Hernán el inseguro. Extrovertido e introvertido. Normal y tímido. Pero eso era una gran mentira. Yo te vi bien, Mayz. Eras casi tan débil y dudoso de todo como Hernán; no llegaste a su nivel, pero no te faltaba mucho. Probablemente de no haber conocido a mi hijo, hubieses caído en un limbo. Pero conocer a Hernán te dio fuerza. Debió de ser maravilloso encontrarte con alguien aún más endeble que tú, así pudiste quedar como el fuerte y el decidido. Te aprovechabas de las debilidades de Hernán para crear un contraste y resaltar tus virtudes. Pero en el fondo, también eres una mosca dándose cabezazos contra el cristal.             ⸻Nunca me aproveché de Hernán.             ⸻Conscientemente no, claro. Pero los adolescentes solo están al tanto de la mitad de las cosas que hacen. El hecho es que no eres alguien extraordinario. No tienes nada de especial. Eres un cualquiera. Pero yo no lo soy. Ningún Savelli lo es.             ⸻¿Ni siquiera Hernán?             ⸻Él era un caso extraordinario. Extraordinariamente depresivo, extraordinariamente débil, extraordinariamente llorón. Pero extraordinario, al fin y al cabo.             ⸻A su familia le gusta llevarlo todo a los extremos.             ⸻No nos gustan las medias tintas.             ⸻No entiendo cómo puede hablar así de su hijo.             Raquel soltó una carcajada.             Algo estaba haciendo ruido y escándalo en la mente de Ryan, pero no lograba entender qué.             ⸻¿Y por qué no? ¿Se supone que debo decir que es un pobre chico incomprendido por el hecho de ser mi hijo? A Hernán le faltaba de valentía lo mismo que a ti la inteligencia. No era un hombre. No sé cómo pude engendrar semejante decepción. Tuvo todas las comodidades que pudo desear. A pesar de eso era melancólico y debilucho.             ⸻Se sentía vacío.             ⸻Todos nos sentimos vacíos. Preséntame a la primera persona que esté del todo plena y yo te prometo darle toda mi fortuna.             ⸻Pero Hernán tenía problemas.             ⸻Él era su principal problema.             ⸻¡No! ⸻Ryan se golpeó la pierna con el puño⸻. Su principal problema era ustedes. Una madre que lo odia y un padre que lo trata con indiferencia, ¿cómo espera que reaccione alguien ante semejante situación? Cuando ha vivido rodeado de desprecio, de asco. ¿Y así esperaba que fuera feliz?             ⸻Si esa era la situación, tendría que haberlo afrontado y ya. Vivir con ello. Si no le gustaba su vida, que la cambiara por otra o la aceptara. En cambio, prefería hundirse en su miseria emocional como una basura.             Ryan se puso de pie, aunque no recordaba haberlo hecho. Le zumbaba la cabeza y le palpitaban los oídos. Tenía los puños apretados y la sangre hirviéndole. Nunca creyó que tendría tantos deseos de golpear a una mujer, de herirla mortalmente. Ella estaba ahí, sentada, tan tranquila e indiferente, hablando de su mejor amigo como si no fuese nada. Con una madre así, ¿quién puede vivir?             Y seguía el ruido en su cabeza, martillándole, advirtiéndole. Un detalle se le estaba escapando.             ⸻Siéntese             ⸻Usted…             ⸻Siéntese             ⸻Hablando así de Hernán, de su hijo.             ⸻Es una falta de respeto hacia mí que te hayas puesto de pie. Siéntese             En esa última palabra hubo un tono de amenaza muy marcado, casi sepulcral.             Intercambiaron las miradas; Ryan pudo ver consecuencias en sus pupilas.             Tragándose el orgullo y odiándose por ello, volvió a sentarse.             ⸻¿Crees que algo de lo que dije es mentira?             ⸻Todo             ⸻Estás en negación.             ⸻Hernán era sensible, e inestable emocionalmente, con problemas de depresión.             La bofetada no la vio venir, pero la sintió por completo en la mejilla. Rápida y precisa             ⸻¿¡Qué le pasa!?             ⸻Me faltas el respeto al llamarme mentirosa. Nadie conocía a mi hijo más que yo. Nadie conoce a un chico más que su propia madre.             ⸻”Madre” es un título que usted no debería corresponderle.             La Savelli levantó la mano. Ryan no apartó la mirada. Ella volvió a bajarla.             ⸻No sé qué es lo que habrá hecho usted, señora, de verdad no sé cómo, pero una madre que asesina a su hijo es imperdonable.             ⸻Yo no asesiné a mi hijo.             ⸻¡Yo sé que lo hizo! No puedo decir porqué; aunque conociéndola, pudo haberlo hecho solo por pura decepción. Pero yo sé que lo hizo. Por eso tiene miedo, ¿verdad? Miedo a que yo la descubra y la ponga tras las rejas, que es donde debería estar.             ⸻Yo no asesiné a mi hijo.             ⸻¡Tranquila! No tengo ningún micrófono ni grabador de voz en encima. De nada me serviría en esta ciudad donde usted debe de tener la mano metida en la policía. Así que dígalo de una maldita vez. Admítalo. Asesinó a Hernán. Dígame porqué lo hizo             ⸻Yo no asesiné a mi hijo.             ⸻¡Deje de repetir eso! Vale, no lo hizo con sus propias manos, pero a alguien le habrá pagado y lo que quiero saber es porqué. Dígamelo y me iré de esta asquerosa ciudad. Este cáncer de edificios. Yo vi lo que tiene en su casa. Las cadenas, las pistolas, ¿cómo se atreve a permitir que su hijo pequeño duerma con un arma debajo de la cama? Tal vez es la que usó para matar a su otro hijo. Algo irónico, al parecer. Esconde el arma con el que asesinó a su hijo, donde duerme el otro. ¿O es que acaso es Rick el siguiente en la lista? ¿Javiera? ¿Su esposo? ¡Javiera! Ella no debe saberlo, no debe conocer cómo es su madre.             Si hay algo que exasperó horriblemente a Ryan, fue ver a Raquel Savelli sonreír en ese momento. No decía nada, tan solo sonreía. Una sonrisa sincera pero forzada, como si sus labios estuvieran a punto de quebrarse por ejecutar un acto al que no están acostumbrados.             ⸻¿Por qué sonríe?             ⸻Eres un chiste, Ryan Mayz.             ⸻¿Qué está diciendo?             ⸻Escucha: las siguiente tres cosas que te voy a decir, son absolutas verdades. Para un chico dudoso como tú, saber que lo que estas por escuchar es completamente verdad, debe ser refrescante.             No respondió.             ⸻En primer lugar: alguna de las amenazas que hoy te dije se cumplirán si no cesas en tus acciones y dejas de investigar a mi familia.             Se giró a verlo para asegurarse de que le prestará atención y continuó.             ⸻En segundo lugar: yo no asesiné a mi hijo.             Ryan bufó.             ⸻Y en tercer lugar: no se puede fumar en este parque.             ⸻¿Qué?             ⸻Tal como escuchaste, no se puede fumar aquí.             Raquel Savelli se puso de pie en todo su esplendor, sosteniendo el cigarrillo ya consumido entre sus dedos.             ⸻Mira a tu alrededor.             Ryan entendió que era lo que le hacía ruido.             Miró hacia los lados.             Desde varios ángulos del parque había vigilantes de la zona observándolos. Todos veían a Raquel Savelli; algunos la saludaban y ella hacía lo propio.             ⸻Son los guardias del parque.             ⸻Lo sé.             ⸻Bien, ahora pregúntate: ¿si aquí no se puede fumar, por qué no me dicen nada?             Ryan comprendió al instante.             Dicho esto, arrojó el cigarrillo al suelo, lo pisó y con su habitual elegancia se marchó del parque. Él la observó alejándose hasta que se perdió entre los árboles.
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