Lucrecia no dijo nada, solo se recreó en lo que el joven le estaba haciendo. Cuando pensó aquel iba a continuar, observó que aquel retiró la esponja, y tomando la regadera comenzó a echarle agua por todo el cuerpo, haciendo lo propio con el suyo. Luego colocó la manguera en vertical dejando que callera el agua y la atrajo hacia él tomándola por la cintura mientras el agua caía sobre ambos cuerpos. Así con el agua cayendo, la comenzó a acariciar, pasando sus manos por sus pequeños pechos, apretándola contra él, a fin de que la mujer pudiera sentir la pujanza del nabo del joven que al momento chocó con parte de su monte de venus. No se decían nada. Solo comenzaron a abrazarse, y tocarse uno al otro. Ella no dejaba de manosear la tranca del joven, que la tenía embobada, mientras éste le metí

