Las veces que había realizado el acto s****l con su esposo tras hacer nacido su hijo, eran contadas, pero además comprobaba que la dejaba insatisfecha. ¡Ella necesitaba más! Por otro lado, recordaba la daga del padre de su marido, y eso la excitaba hasta el punto de acabar masturbándose. Poco tiempo después, Esther, la mujer de Genaro, tuvo que ser internada por problemas derivados de su enfermedad, lo que motivo que en las tardes el mismo se viera obligado acudir a visitarla al hospital. En las mañanas se quedaba en casa como siempre, y sin rehusaba a ver como su nuera amamantaba al menor. Sin embargo, Eloísa le noto bastante apesadumbrado, desganado y cara de circunstancias. Es más, había notada que había dejado de masturbarse en sus bragas. Por ello una mañana le preguntó: Genaro, ¿Por

