Cuando tuvo más de la mitad de su tranca en el coñito, la comenzó a subir y bajar sobre su nabo, lanzando sus nalguitas hacia arriba, comprobando que cada vez que ésta descendía, entraba otro pedazo de su pija en su coño. El hombre estaba en la gloria, y su cipote más. ¡Aquello era un regalo de los dioses! -oh papi me estas abriendo mucho. No creo que pueda con toda… es demasiado grande. Exclama ella con cierto temor. -tranquila, hazlo solo hasta donde puedas. Le decía mientras sus acciones era la de pretender clavársela completa. ¡Dios nena que buena que estas!. Que coñito más estrecho. Que gustazo me estás dando pequeña. A la chica le dolía mucho, aunque hacia nada por volverse atrás. En cuanto su padrastro volvió a chupar sus pezones metiéndolos en su boca, la chica se relajó tota

