Como si estuviera viendo una especie de documental de vida salvaje sin narrador, vi cómo la morena se acercaba sigilosamente, los ojos le brillaban y su sonrisa iba de oreja a oreja. Estaba a escasos centímetros de aquella criatura que comía ávidamente mientras poco a poco iba deshaciéndose de sus prendas sin siquiera reparar en su acercamiento. Paciente, sentada sobre sus piernas como hacen en Asia, esperó alguna indicación por parte de mi hermana antes de hacer algún movimiento y meterse en problemas. Sin embargo, desde su llegada, empezó la dinámica de dominancia. Raquel no quiso voltearnos a ver hasta que le hice saber que iba a correrme, a lo cual ella se metió aún más al fondo mi v***a y logró hacer que me viniera dentro de ella. Con tanto tiempo estando al borde, aquella corrida fu

