Y eso fue todo. Fuerte y claro, su voz resonó por todo lo alto, fue agudo y largo. Raquel volvió a masturbarse ahí, de pie frente a esa melena corta que permaneció ocultándonos la cara de Tere. Las embestidas fuertes volvieron, una a una, eran recibidas con un gemido o un chillido. Creí volverme loco cuando mis caderas empezaron a actuar como si tuviera resortes o algo, impactaba con la misma intensidad pero los choques sonaba en sincronía con un segundero. Cada grito era un deleite, a veces agudos, a veces, guturales. —¡SÍ! ¡SÍ! ¡DA-A-ME ASÍ! ¡UF! Voy a… voy… ¡AH! ¡SÍ! Las piernas le temblaron como si convulsionara, mis huevos se empaparon de un chorro cálido y le di una última vez antes de que su cuerpo cediera ante su propio peso. Me incliné con ella para que mi v***a no saliera por c

