Aquella tarde cuando llegó Raquel, mi tranca estaba lista para el asalto pero no saltamos directo al sexo. Ella se desvistió y nos besamos como si nada, ella vio mi erección pero parecía estar realmente agotada de su día y pasó de largo. Estaba acostumbrándome a la sensación de caminar desnudo y con la riata a punto, podía aguantar un poco más. Tras beber agua y comer un poco de fruta, sólo nos acurrucamos en la sala y pusimos una película. Ocasionalmente, las manos de uno acariciaban al otro, mi erección iba y venía, pero se fue calmando paulatinamente. Terminamos de ver la película, comimos lo que había preparado para nosotros y fuimos a tumbarnos sobre su cama. El teatro había dejado de ser motivo de preocupación para mi hermanita y al platicarme al respecto, la notaba emocionada. —Hac

