Había llegado el sábado y tanto mamá como Raquel y yo estábamos ansiosos en la mañana, Julia sólo se limitó a comentar que le alegraba vernos de tan buen humor a todos y se fue a trabajar sin imaginar nada de lo que estábamos por hacer en su ausencia. Ni siquiera hablamos de que ese día iba a tener una nueva cita de masaje, por lo que ella se fue sin tener pista alguna. Ya había tenido tiempo para acostumbrarse a verme desnudo y mi m*****o ya había aprendido a mantenerse en paz cuando no era requerido por mi hermanita. Mandé mi foto en pelotas a nuestra querida invitada tan pronto me quedé solo, era la última que iba a tener que enviarle de manera religiosa, aunque ya estaba acostumbrándome a hacerlo. Mensajes y fotos de ella y su vulva empapada me fueron llegando durante la mañana. Mien

