La tomé del cuello y volví a forzar mi m*****o lentamente hasta llegar a un tope, la mantuve un rato hasta que ella manoteó para respirar. Retrocedí también despacio, ella tosió un poco, recuperó el aliento, me miró fijamente con esos ojos llorosos y de inmediato recuperó su postura anterior, era mi señal para repetir. Cada vez, creí que lograba llegar más profundo, aunque seguro era por apenas milímetros y ella fue logrando controlar sus espasmos. Intenté hacerlo con más ritmo, pero definitivamente tendríamos que practicar más para lograrlo. En uno de sus descansos para respirar, decidí que si iba a pintarle la cara, iba a terminar con mi propia mano. El primer chorro alcanzó a cubrir desde su labio superior hasta donde se le formaba el fleco, el segundo le cayó sobre el párpado cerrado

