El procedimiento se repitió y los gemidos de ambas sólo iban incrementándose. Tere había soltado mi v***a hacía un tiempo y se afianzó a mi cadera mientras continuaba con ese vaivén lento. Ya faltaba poco para poder meterla entera y la sensación era una maravilla indescriptible, pero el morbo de todo lo que estaba ocurriendo afuera de esa estrecha cuevita era lo que me tenía al filo de venirme. Dejé de sentir una de esas manos, había ido en busca de la cara que estaba justo debajo de mi v***a y le dio la indicación de separarse de Raquel. Desde su posición, alzó la mirada y sin esperar alguna indicación, mamá se escabulló para llevarse mis huevos a la boca. —Mami sabe lo que su nene necesita —me dijo Tere a la oreja— y no va a dejar que se le salga la leche antes de tiempo. Fue el turno

