—Te vas a lastimar si haces eso, es mejor que lo hagas así. Me acerqué a ella y le tomé los dedos, la guie para que hiciera los movimientos de abajo hacia arriba, lentamente, para disipar el dolor. —Estás apretando mucho la mandíbula —le dije mientras deslizaba mis yemas hacia sus mejillas—. A ver, relájala. —Lo hizo—. Bien, ahora respira lentamente. Me estaba haciendo caso, seguí masajeando usando sus propios dedos hasta que sentí que el entumecimiento había desaparecido. La toalla se me había desajustado y había caído al suelo al acercarme a mi hermana, pero ella no reaccionó a ello, estaba como en shock. Me aparté y me agaché para tomar la prenda de nuevo, pero ella sólo hizo un ruido y agitó la palma extendida, en señal de que no era necesario. —Este… ¿ya te sientes mejor? —le preg

