Escuchó su voz gruñir en voz baja una vez más, aquello fue como si le cayera un balde de agua fría, pero la llave de la regadera seguía cerrada. Era una advertencia clara de que debía seguir obedeciendo, es más, sonaba amenazante; y sin embargo, aquella frase consiguió hacer que le temblaran las piernas y le hormigueara el bajo vientre. Le gustaba, quería no sólo sentirse mujer… quería ser usada así. Era subdirectora hacía poco, el mayor cargo por debajo del dueño del lugar en donde trabajaba, y para llegar allí había estado antes en varios cargos de gerencia. Había estado a cargo de tantas cosas en su vida, siendo la jefa de varias personas, lidiando con responsabilidades en muchas ocasiones la superaban… era desgastante. Sandra no lo iba admitir en voz alta, pero su cuerpo y sus entraña

