El calor la invadió, su pulso seguía acelerado mientras recuperaba el aliento, resoplando con las manos apoyadas en las llaves del agua. El alivio que sintió cuando ese pene salió de su cuerpo era sólo físico, ella no lo veía pero los pliegues de su esfínter se contraían y dilataban, no querían que los abandonaran. Él le había dicho que no la iba a dejar terminar hasta que él quisiera y no podía creer que había aguantado todo ese tiempo sin llevarse las manos a su clítoris y conseguir su tan ansiado orgasmo. ¡Dios! ¡Cómo algo tan frustrante podía ser tan placentero! Su intimidad, su “tesorito”, al igual que su culo deseaban con ganas ser atendidos, haciendo que sus piernas temblaran levemente mientras intentaba enderezarse. Sin embargo, al mismo tiempo, una descarga eléctrica le recorría l

