Vi cómo se llevaba la mano a la entrepierna y así, sin más, uno de sus dedos se perdió de vista para entrar en ella. Uno pensaría que era para ejemplificar lo que trataba de decirme, pero aquello continuó y no fue sutil en lo absoluto. Más pronto que tarde, el ruido de chapoteo sonaba fuerte y claro y aunque los huevos se me fueron a la garganta, estaba completamente seguro de que aquello no nos traería problemas con mamá. Milagrosamente, mi hermanita acabó pronto y, como si nada, fue y regresó de la cocina con la esponja del para los trastes, limpió y tras regresarla a su lugar, volvió a ocupar su lugar junto a mí. —Estás loca. —Pero eso te encanta, ¿o no? —dijo con la mirada fija en la pantalla y se llevó un puñado de palomitas a la boca—. Yo acabé y mamá aún no sale del baño, ¿aún cre

