Fui por el ungüento al botiquín, haciendo caso omiso al color rojo tomate en la cara de Raquel, entonces recordé que lo había dejado en el cuarto de mamá. Llegué lo tomé del tocador y al ver el reflejo en el espejo, algo llamó mi atención. Era un objeto rosa chicle que se asomaba de uno de los cajones del clóset, había visto suficientes películas y videos en Internet para saber lo que era y me fui corriendo escaleras abajo. Apliqué el gel donde mi hermana me dijo que estaba localizado el dolor y fui masajeando lentamente hasta llegar a los hombros y mientras lo hacía, me convencí de que el cuerpo de mamá no había presentado ninguna rigidez el día anterior. Todas se despidieron y Raquel lo hizo con un pico en la boca, con la confianza que le dio escuchar las burlas de mamá y Julia por los

