«Los tres ya son grandes —continuó, hablaba cada vez más pausadamente, más calmada, más seria—. Siento que el derecho a decirles qué hacer y qué no lo perdí hace mucho tiempo. ¡Con qué cara, me digo! ¿Con qué cara puedo ahora meterme en sus decisiones? Si no estuve ahí para acompañarlos, para apoyarlos y llevarlos de la mano. Me topé con tres jovencitos cuando yo juraba que tenía tres niños. Hipnosis… nudismo… incesto… todo ocurre tan rápido que me da vueltas y me pega en la cara: esos tres niños crecieron… así… sin mí… es mi culpa. «Y para colmo. Está esta otra parte de mi corazón que se acelera por todo esto. ¡Por Dios! ¿Qué me pasa? ¿Qué clase de madre soy? He hecho cosas impensables pensando en ustedes dos, lo que hacen y es peor cuando los escucho. Es como si olvidara que son mis hij

