El hombre de la casa 38-3

706 Words

Mientras decía esto, la mano de Raquel se posó sobre la rodilla de nuestra madre y empezó a deslizar lentamente la braga que aún no terminaba de bajarle por las piernas. Tenían sus rostros a escasos centímetros, una tragaba saliva sin saber qué más hacer y la otra, ahora parecía un gato jugando con su presa. —Yo sé que es mucho pedir que te nos unas, así, de la nada —continuó diciendo—. Pero si quieres, podemos ir despacio. La panti terminó por caer a sus tobillos, mi hermana se relamió la boca, pero no hizo más que estudiar la expresión de nuestra madre. —R-Raqui… —titubeó— Yo n-no creo que yo… —¡Ah, no… sí! —estalló la hija, harta—. Ya basta de estar ocultándolo. Tú tienes ganas de ver… yo también… —Hija, por favor —suplicó—. Entiéndeme… No es algo que deba hacer, soy su madre. —¿Q

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