-10- MAYA

1376 Words
Mientras levanto el pie para subir las escaleras a mi apartamento, la puerta de Larry se abre a mi derecha. —Vaya, vaya, vaya, mira a quien ha traído el viento— dice, apoyándose en el umbral. Lleva una vieja camiseta de tirantes, unos pantalones cortos de boxeo de satén azul y chanclas con calcetines blancos y altos. Si, ha conseguido modelar las correas de las chanclas alrededor de los dedos de los pies con los calcetines puestos. Es un look bastante feo. No uno bueno. No en ningún hombre, en ninguna situación, en ningún país. —Ahora no, Larry, no estoy de humor— En serio podría abofetearlo y no me importaría en absoluto. Tengo mucha negatividad acumulada dentro de mí. Me estoy convirtiendo en un monstruo. —¿Quieres entrar y ver la pelea conmigo?— Su respuesta no es la que esperaba. Tiene el efecto de hacerme decidir no abofetearlo. Al menos no en este segundo. Agarro la barandilla y la uso con ambas manos para subir mi cuerpo cansado por las escaleras, un escalón a la vez. —No, no quiero entrar y ver la pelea contigo— —¿Quieres entrar y hacer otra cosa conmigo?— Pongo los ojos en blanco, pero esta vez no me enojo. Larry me recuerda a Nick, uno de los marginados de la sociedad. Alguien que tal vez sea un poco incomprendido. Mi corazón se acelera y mis pies se niegan a subir más escalones. Me doy la vuelta y lo miro desde arriba. —¿Qué tienes en mente, Larry?— Se queda allí parado unos segundos en estado de shock. Luego se encoge de hombros. —No sé. Comer un tazón de helado o algo así— Inclino la cabeza hacia un lado. Helado, en realidad no suena tan mal. —¿Qué sabores tienes?— —Chocolate, vainilla, rocky road…— —Tráeme un tazón de rocky road. Bajo en cinco minutos— —¿En serio?— Parece que no me cree. Me doy la vuelta y sigo subiendo las escaleras. —Si, en serio— —¿Es una trampa?— grita de tras de mí. —No, pero si me acosas por el alquiler mientras estoy ahí contigo, te voy a restregar el helado en la cara— Lo haré. Justo. En. Su. Cara. Gorda. —De acuerdo. Trato hecho. No lo mencionaré. ¡También podríamos ver una película si quieres!— —No te pases— digo, abriendo la puerta. —Si, de acuerdo. Te prepararé ese tazón de helado— Como no estoy de humor para ninguna payasada de Larry, me pongo mi pijama más feo y que más me cubre el cuerpo y mis pantuflas desgastada, antes suave pero ahora enmarañadas antes de volver a bajar las escaleras. —Te ves bien— dice, abriendo la puerta de par en par para que pueda entrar. —Cállate— Nunca he estado dentro de su apartamento, siempre aparto la mirada cuando tiene la puerta abierta. Antes tenía miedo de lo que vería allí dentro, pero ahora tengo algo de curiosidad. Puedo decir que es un católico devoto de inmediato. Hay cuatro pinturas de diferentes de Jesús del Sagrado Corazón colgadas en las paredes y un par de rosarios envueltos en las esquinas de dos de ellas. Tapetes de encaje cubren prácticamente todas las superficies. Hay una cruz colgando sobre la entrada a la cocina, y el papel tapiz es tan recargado que siento que necesito ir a correr después de mirarlo durante diez segundos. Larry se apresura a la sala y enciende el televisor. —Siéntate. te traeré tu helado en un segundo— Camino sobre una alfombra realmente fea que tiene una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos y me siento en el sofá de cuadros desgastado. Mi trasero se hunde casi hasta el suelo. —Aquí vamos— dice Larry, saliendo de la cocina con dos platos gigantes llenos de helado. —Sundae Rocky Road, solo para ti— Parpadeo varias veces, asimilando todo el azúcar. —No tenías que hacerme un sundae. Wow. Esto es monstruoso— el plato de helado esta frío, pero mi corazón se calienta un poco. Se sienta en el sofá junto a mí, sonriendo a su helado como un niño pequeño. —Si vas a hacerlo, hazlo a lo grande— Me río al mirar las cinco bolas de helado con capas de chocolate, crema batida y chispas de colores frente a mí. —¿A lo grande? Creo que quieres decir jodidamente enorme— Mira por encima de su hombro, una expresión de pánico cruza su rostro. Miro detrás de su hombro, una expresión de pánico cruza su rostro. Miro detrás de nosotros y veo una foto de la Virgen mirándonos. —¿Te preocupa que nos oiga?— le doy un golpecito con la cuchara a la foto. —Algo si— susurra. —Se enfada mucho cuando me oye decir palabrotas— Me río, pero él no se ríe conmigo. Hago una pausa. —¿Hablas en serio?— Ahora sé que habla con sus pinturas, me preocupa un poco estar sola con él en este momento. —¡Larry!— grita una voz detrás de nosotros. Mi primer bocado de helado se congela en mi garganta. —¿Qué demonios?— Accidentalmente, dejo caer la parte de la cremosa delicia de vuelta en mi taza. Larry deja su helado en la mesa de centro y se levanta de un salto. —No te vayas a ninguna parte. Solo tengo que ver lo que quiere mi Nona— Sale corriendo por el pasillo y me quedo allí en su sala, tratando de decidir si debería seguir o huir. El helado es demasiado tentador. Al empezar a comer, disfruto del perfecta mezcla de sabores de chocolate y crema batida, malvaviscos y nueces. Hablando de sexo en un plato… —Lo siento— dice Larry cuando regresa, agarra su helado y se deja caer en el sofá junto a mí. Toma el control remoto de su mesita auxiliar y lo apunta al televisor. —Se asusta mucho cuando escucha voces. Dice que no puede distinguir si están aquí en la sala o en su cabeza— Está mirando la pantalla del televisor, fingiendo que no acababa de revelar el hecho de que está cuidando a una chiflada llamada Nona. —Gracias por el helado, Larry— Mastico lentamente mis malvaviscos congelados y chispas de chocolate observándolo. No es casi tan desagradable cuando tengo helado en las manos. Eso no quiere decir que sea guapo, pero tiene cierto…encanto. Algo así como los perezosos o snuffleupagus. —Si, claro, no hay problema— Todavía no me mira. aparentemente, el programa de antigüedades es un programa fascinante que no hay que perderse. —Siento haber sido mala contigo— digo, con el peso de mi culpa casi a punto de explotar. Mal karma. Me lo merezco totalmente. No me extraña que pisara ese estúpido anillo. Deja de ver el programa, pero mantiene la cabeza baja mientras elige su próximo bocado. —No eres mala, solo eres peleonera— Sonrió ante eso. No me importa que me llamen peleonera. —Me gustan las mujeres peleoneras— Me estremezco. —Larry no quiero ser mala, pero nunca voy a salir contigo— —Lo sé — —¿En serio?— Se encoge de hombros. —Si. Lo entiendo. Soy demasiado hombre para ti. Prefieres a esos tipos delgados. Los tipos con brazos de espagueti mojado— Me muerdo el interior de las mejillas para no reír. —Si. Eso es lo que me gusta, de acuerdo. Brazos de pasta— Pone las piernas sobre la mesa y las dobla por los tobillos. —Bueno, si alguna vez tienes ganas de salir con un hombre de verdad, solo avísame, ¿de acuerdo?— —Si, de acuerdo. Te buscaré— La chillona vuelve a gritar de la trastienda. —¡Quita los pies de la mesa de café, Larry!— Larry pone cara de pánico y rápidamente baja los pies al suelo. Me echo a reír. Este es el mejor helado que he probado en mi vida.
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